No lo dedico a nadie, porque no hay nadie a quién dedicárselo, quizá solamente a quienes lo lleguen a leer
THE SAD SWORD
Prologo. El llanto de la Espada
“ Que las malas costumbres tradicionales sean abolidas y que nos basemos en los justos principios universales.”
4° Artículo de la Proclama Imperial, Gokajô no Goseimon.Restauración Meiji,
6 de Abril de 1868
-Otosaaan, Otosaaaaaaaannnnn…-
Esas eran las únicas palabras que recordaba Yumi en sus sueños y la cara que veía era la suya, corriendo desnuda en la lluvia, en el frío bosque de Osaka. Persiguiendo a una silueta perdida en sus recuerdos. Ella sabía bien que era la persona más importante de su vida en esos momentos: su padre; era él quien la abandonaba a la intemperie, sin ropas, con la cara acongojada entre los sollozos y corriendo varios hilillos de sangre por entre sus piernas.
-O.. Otosan- Dijo con un tono de voz más bajo y cayendo de rodillas, tapándose los ojos enceguecidos por el agua que caía del cielo a borbotones y por su propio llanto.
-Yumi, Yumi Chan- Se escuchó una voz ronca, provocando la inmediata reacción de la pequeña, que se estremeció y levantándose, intentó correr pero sin éxito; ya que sintió un estirón que le dieron a su brazo, rebotándole contra sí misma y causándole una fractura – Pequeña zorra, tu padre no te quiere. Por eso te vendió conmigo, para poder comprar sake; el muy borrachín- La voz tenía cierto grado de burla, y la niña escuchaba pero no asimilaba debido al dolor de su brazo – Así que debes ser buena niña y obedecerme en todo- Yumi volteó su cabeza casi sin fuerzas, en medio de un gran padecimiento, y pudo contemplar a un sujeto grotesco, de complexión exageradamente robusta, totalmente calvo y con tres pelos en la cara, simulando un intento incipiente de barba. Sonreía de forma cínica mientras miraba a la pequeña de forma maliciosa, dejando ver una hilera dispareja de pocos dientes, casi mohosos. El hombre en cuestión se encontraba vestido únicamente en la parte de arriba de su cuerpo, con una ligera camisa rota y totalmente empapada -Yumi, ahora mismo terminaremos lo que comenzamos en la casa- dijo el sujeto arrastrándola del brazo fracturado.
-No… Por favor- dijo la voz quebradiza de la niña – Me duele mucho- completó suspirante y sin reparar en el brazo; ya que su rostro era de pánico total.
Él la soltó, provocándole un sufrimiento intenso en su pequeña extremidad. Luego se acercó, colocando sus zonas más impúdicas a la altura del rostro de Yumi, que de inmediato volteó a verle el rostro suplicante.
-ESTÚPIDA- Gritó él golpeándola -¿Cómo te atreves? ¿Qué acaso no lo sabes? Ahora yo soy tu Amo y señor- la tomó de su cabello y la arrastró unos cuantos metros más, hacia una cabaña pequeña, llenándola de lodo al andar y arrojándola de manera violenta al interior, a pesar de las lágrimas de Yumi y su brazo inmóvil –Sucia bestia- Se escucho desde adentro- Te has llenado de tierra, ahora verás-
Yumi despertó de su letargo, tomando un sorbo de té en una taza occidental –Entonces, he ahí el porqué de mi falta de familia, Chou-
-Señorita Yumi, pero y ¿Qué pasó después? Es decir, no es que me importe pero… Su padre la abandonó al ser una niña, y el individuo al que fue sometida. Él, acaso....-
-Así es Chou- dejando la taza y con la cabeza recargada en su puño doblado y apoyada con el codo sobre la mesa, con ojos ensombrecidos por el recuerdo – él abusó de mí hasta que quiso. Y yo al final sólo pude vomitar por el asqueroso aroma a tabaco y sake que producía su pestilente boca-.
-Vaya, yo- Dijo Chou bajando la cara.
-No tienes porqué sentirlo. Ya lo he olvidado por completo. Además era un día Kyo. Afortunadamente hoy es un día Kichi- comentó bromeando.
-Oye, se supone que el de Kansai aquí, soy yo- Contestó Chou más repuesto –Yumi, veo que has tenido una vida muy dura; ¿Cierto?... Pero, encontraste la felicidad con el señor Shishio ¿Cómo es que lo conociste? Pero sobre todo ¿Qué le viste?- Inquirió suplicante el rubio.
-Bueno, te contaré qué es lo que me pasó después de eso, para que te des una idea de mi Amor por Makoto, es decir, el Señor Shihio- Yumi tomó un sorbo más de Té y comenzó con su relato en tono ameno -Después de esa noche, pasaron muchas otras más antes de que volviera a tocarme, sobre todo porque mi brazo era un trapo prácticamente destrozado, pero apenas me repuse y siguió abusando de mí. Hasta un día en que se cayó y no pudo moverse más, entonces me convertí en su sirvienta. Esto fue a los 7 años de edad.
Corazones tristes, purgad el eterno castigo de vuestra pureza