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Versión Completa: TRABAJOS PARTICIPANTES DEL CONCURSO DE FANFICS
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Bueno ire publicando en este tema los fanfics correspondientes a la primera etapa del concurso, el fanfic individual. Los ire poniendo por partes en orden en que quedaron en calificaciones. Por favor si un moderador le puede poner chincheta a este tema se lo agradeceremos mucho

PRIMER LUGAR

Autor: Aioria86

Titulo: Lamento Carmesí.


- NEBULA STORM!!!

Un último grito desesperado, un último estallido del cosmos..la técnica definitiva de Andrómeda arrasa con el santo de Piscis, elevando su cuerpo por los aires mientras el último ken de Afrodita absorbe su vida tiñendo de rojo intenso la rosa en su pecho. El cuerpo del dorado se mueve a merced de la violenta corriente, sin dejar un segundo de pensar en aquel pasado que marcó su existencia.

"El poder es justicia, la belleza es poder" dicta su filosofía, la cual le ha traído hasta aquí, enfrentando su cobardía ante el destino que hace ya mucho eligió, siendo él catalogado como el más bello entre los 88. Un destino inexorable, según sus propias palabras, del cual no quiso ni pudo escapar...
***
El santuario se llena de jóvenes aspirantes a santo, quienes acuden al llamado de Athena y juran lealtad a la Diosa, entregándose a ella en cuerpo, mente y espíritu. Aquellos de un nivel mas alto en la jerarquía Ateniense se encargan de los jóvenes aprendices. Las peleas de entrenamiento siempre causan gran revuelo entre los presentes, quienes asisten a observar como los aprendices de santos de bronce y plata dan muestra de sus avances. Hoy especialmente, se vive una gran tensión en el Coliseo cuando se enfrentan dos prometedores pupilos...

- Tus aspiraciones son grandes, pero te sugiero entrenar mas, no tienes el nivel necesario para enfrentarme - dice uno de los contrincantes haciendo alarde de su fuerza, bien conocida en el refugio y de la cual se sabía incluso entre los 12 mas poderosos.
- Hablas de mas mi pequeño Alphard - escupe el segundo joven unos cinco centímetros mas alto que el primero - Conozco tus técnicas y se enfrentarlas - termina con una sonrisa de superioridad.
- Entonces veremos, mi pequeño Argol - responde Alphard, tomando su postura de defensa.

Un rápido movimiento inicia el combate por parte de Argol, quien lanza múltiples golpes a su adversario, el cual contesta algunos y esquiva otros. El enfrentamiento es corto y a menos de un dos minutos de iniciado, Argol cae de rodillas frente a un agotado Alphard, quien guarda su sobria postura.

- Solo tuviste suerte... - pronuncia Argol con desprecio, levantando la vista hacia Alphard, quien le observa indiferente.
- Admito que has mejorado, pero te falta disciplina - interrumpe Alphard con aires de grandeza. Habiendo lanzado una última mirada a su oponente, da media vuelta y camina en dirección contraria al derrotado Argol, quien se pone en pie con lentitud.
- ...pero esto no termina aqui - dice con ira, mientras usa sus últimas fuerzas para lanzar un rayo de luz contra Alphard, quien no advierte el ataque a tiempo...un destello llena el coliseo.

Poco a poco la visión vuelve a los espectadores, quienes notan como Alphard permanece en pie. Argol, boquiabierto observa ante él, girando en el aire, rosas rojas que bloquean el trayecto de su ataque contra Alphard. La figura de un muchacho de unos 14 años de edad aparece junto a Argol, con largos cabellos del celeste del firmamento despejado de aquella tarde Ateniense y un angelical rostro, del cual muchos habían escuchado, pero pocos visto.

- No deberías mostrar ese comportamiento hacia tu oponente - dice en tono amable - No es una actitud propia de un guerrero de Athena - La multitud calla repentinamente. La expresión de Argol pasa del asombro al terror. Con una rapidez absurda se inclina frente a aquel personaje, haciendo una profunda reverencia sin atreverse a mirar arriba.
- Le ruego que perdone mi atrevimiento, mi señor! - sus palabras son rápidas y con cierto nivel de tensión en su voz - Me dejé llevar, porfavor perdóneme!
- Levántate Argol - ordena sin dejar el tono amable que usó en un principio - Retírate de inmediato - Sin mas decir, camina hacia Alphard notando que el mismo siente cierto interés por las rosas que le han salvado de un golpe que sin duda lo habría dejado mal herido. Cuando intenta tocar una de las rosas, una mano le detiene con firmeza.

- No lo hagas - le previene quien momentos antes le levantara aquella barrera - Así como te protegieron, pueden matarte - completa con una sonrisa apenas perceptible. Extendiendo una mano, toma una de las rosas y el resto de ellas desaparecen al instante. Con la rosa aún en su mano, deja el Coliseo.
***
Esto es verdadera belleza, piensa mientras observa el ocaso con una sonrisa en el rostro. Aún conserva la rosa en su mano, jugueteando con ella entre sus dedos. Sentado en una de las colinas que rodea el refugio, es como siempre termina sus solitarios días desde el instante en que decidió convivir con el veneno de sus rosas. Siempre fue un modelo a seguir para sus semejantes, puesto que a su corta edad se le consideraba un serio merecedor de la armadura dorada de su constelación guardiana. Por otro lado, algo aparte de su fuerza le hizo popular en el refugio: su belleza, descrita por algunos como venida del mismísimo Olimpo a imponerse en el templo ateniense como el mas bello entre los 88. El día de hoy fue algo diferente a todos desde el instante en que sintió una presencia en los alrededores.

- Porque me seguiste? - pregunta en tono grave, sin apartar su mirada del cuadro formado por el astro rey ocultándose tras las montañas Griegas.
- Lo siento...- dice, vacilando un poco en el termino a utilizar -...señor...solo...
- Eres nuevo en el santuario, me equivoco? - pregunta en el mismo tono.
- No señor, no se equivoca. Mi nombre es Alphard, futuro santo de Casiopea - responde con notable orgullo, lo cual sorprende al joven, quien continúa sin mirar atrás.
- Confías mucho en tus habilidades - dice girando el rostro levemente para observar a Alphard. El silencio se apoderó de la escena, mientras Alphard sentía como aquel muchacho le escrutaba con severidad. Nuevamente dirige su mirada al ocaso - Siéntate a mi lado - sugiere luego de unos segundos de incómoda espera, esta vez en tono amable.

Alphard asiente y se dirige a él. Una vez a su lado, nota como aún conserva la rosa que tomó en el coliseo. Al observarle, se contagia con aquella leve pero agradable sonrisa que expone el joven al observar el ocaso.

- No es hermosa? - pregunta el joven notando la curiosidad de su nuevo acompañante.
- Si que lo es, pero...en el coliseo...- vacila nuevamente - usted me dijo que si la tocaba podía morir...es eso cierto?
- Lo es.
- Entonces... - continúa con algo de miedo y fascinación - como es que usted puede sostenerla?

El joven sonríe nuevamente mientras acerca la rosa a su naríz, como quien disfruta solemnemente de su aroma. Cerrando sus ojos, la aleja de su rostro, haciéndola desaparecer.

- Las rosas son mi arma, pero también mi única compañía - responde con un dejo de melancolía. Su mirada se dirige ahora al firmamento, despejado y con su tono rojizo característico de final de día. - Su belleza es mortal, su veneno puede matar a mis adversarios...me he hecho inmune a ese veneno con el pasar del tiempo...
- Es una lástima - corta Alphard para sorpresa de su interlocutor - Son muy hermosas, es una verdadera lástima que no pueda tocarlas u olerlas.
- En eso radica la fatalidad de su hermosura...es su belleza lo que me da poder - añade dirigiendo nuevamente su mirada a Alphard.
- No creo mucho en eso - asegura descomplicadamente fijando de nuevo su mirada en las montañas que ahora se tornan mas oscuras - La belleza va mas allá del poder. La belleza puede despertar nuestras mas oscuras intenciones, pero también puede despertar en nosotros los mas puros sentimientos, esos que nos hacen dar todo en batalla y arriesgar la vida por alguien. El poder es solo una herramienta con la cual se intenta preservar la belleza de este, nuestro mundo. No podría imaginar un mundo sin puestas de sol o sin la gratitud que veo en la mirada de un niño
hambriento cuando recibe algo de comer. Esa es la verdadera belleza.

El joven siente un leve sobresalto al escuchar las palabras de aquel aprendiz de caballero y lo que en un principio fue indignación al sentir que alguien cortaba sus palabras, se convierte en una expresión de calma y satisfacción. Poniéndose en pie, dedica una última mirada al panorama y da media vuelta en dirección de los 12 templos.

- Por cierto, olvidé presentarme - dice mientras continúa su camino girando un poco la cabeza para observar a Alphard - Soy Afrodita, futuro santo de Piscis.

Con un movimiento de la mano, se despide del sorprendido Alphard, quien de inmediato deja el lugar.
***
Su camino es sinuoso entre las montañas Griegas, sin embargo lo recorre con velocidad y agilidad dignas de un santo dorado. Su rostro y cuerpo se ocultan bajo ropajes oscuros y desgastados que se mueven arrebatadamente con la velocidad de quien los porta. Su objetivo es claro: asaltar un campamento a orillas del Egeo, en el cual se entrenan guerreros enemigos del Santuario, y acabar con todos sus ocupantes. Siendo una orden directa de su ilustrísima, no podía negarse a cumplirla a cabalidad. No podía evitar la excitación, pero al mismo tiempo tristeza por sus enemigos. Nunca había quitado una vida, su carácter pacífico se lo impedía. Sin embargo tenía algo claro: debía acabar con todo aquello que se opusiera a su Diosa, y si eso implicaba asesinar a un batallón entero, lo haría. Las luces en la cercanía hacen que detenga su paso con brusquedad. Cerca a la orilla del Mar Egeo, se agolpaba un campamento con una capacidad de alojamiento de 100 personas aproximadamente, según sus cálculos. Ninguna presencia en aquel lugar ameritaba un ataque furtivo, por lo cual decidió arremeter de frente a sus enemigos. Aún así, algo le inquietaba... Al acercarse, sintió una presencia familiar a unos metros de su posición. Una figura le hacia frente, una figura conocida...

- Que demonios haces aquí!? - reclama con ímpetu a quien se planta frente a el.
- Sabía que te enviarían a ti... - contesta con un dejo de tristeza - Supongo que deberás matarme...
- Fuí enviado a aniquilar a aquellos que se oponen al santuario - corta con decisión - Tu eres un santo de Athena, comportate como tal y deja que me encargue de la misión que me fue encomendada. Son los designios de Athena
- No puedes verlo? - pregunta con serenidad el joven - Estos son designios del Patriarca, no de Athena! Es el quien manipula a los santos a su antojo con el unico propósito de conseguir sus macabros fines! - Su voz aumenta de tono mientras se rostro muestra la frustración que siente en ese momento.

Sus palabras resuenan en la mente del joven frente a él, quien con lentitud se despoja de la capucha que impide que su rostro se vea con claridad. Su mente entra en conflicto."Son traidores, enemigos de Athena, debes acabarles Afrodita!"

De pronto, todo es claro. Una lágrima escurre por su mejilla.

- Tenías razón Alphard - pronuncia sin mirar al santo en frente suyo; en la escena aparecen otros guerreros detrás del primero - El poder es solo una herramienta... - un rápido movimiento pone a Afrodita frente a Alphard, ante la sorpresa de los espectadores - una herramienta que no dudaré en usar...ROYAL DEMON ROSES!!!

Alphard no logra reaccionar a tiempo. Una oleada de rosas rojas parecen salir del cuerpo de Afrodita, quien enciende su cosmos para lanzar su ken con gran potencia, a la velocidad de la luz, acabando con la vida de su adversario instantáneamente. El estallido de cosmos llama la atención del campamento entero. Un centenar de personas, entre guerreros, mujeres y algunos niños curiosos acuden al lugar, encontrando el cuerpo sin vida de Alphard en el suelo, frente a un Afrodita que mantiene su rostro ensombrecido clavado en el cadáver del santo de Casiopea. La multitud enardece. Los guerreros presentes, lamentando la muerte de su camarada, arremeten contra su asesino. Con lentitud, eleva su mirada y con una agria determinación, eleva su cosmos. Un estallido a lo lejos visible inunda las costas del Egeo. Cuerpos sin vida caen a diestra y siniestra al paso de su figura, víctimas del violento carmesí del cual es poseedor. Aquel pacífico paisaje se tiñe del rojo de la sangre de quienes osan enfrentarle, confundiéndose con el intenso color de sus letales armas que bajo el oscuro manto de la noche aniquilaron a un ciento de opositores del santuario. Su mirada se posa en el campamento ahora desprovisto de vida. Un grito desgarrador hace eco en las montañas cercanas, proveniente de un alma una vez pura y que ahora se tiñe de tristeza con la sangre de sus primeras víctimas.
***
En el salón del Patriarca, Afrodita se inclina ante su ilustrísima vistiendo el ropaje dorado de Piscis y con su casco en la mano.

- Buen trabajo Afrodita - pronuncia la gruesa voz del Patriarca - Desde ahora serás el Santo de Piscis, protector de la doceava casa. Ahora retírate y ve a tu templo.

Sin pronunciar palabra, el ahora santo de Piscis se levanta, hace una reverencia frente a su Ilustrísima y deja el
recinto. Afuera, en las escaleras que comunican al salón del Patriarca con el doceavo templo, yace una decena de cadáveres, algunos portando armaduras de santo. El dorado baja su mirada. Una lágrima se asoma en su rostro mientras se ajusta el casco de su nueva armadura. Se inclina tocando el cadáver mas cercano encendiendo su cosmos y centenares de rosas rojas empiezan a crecer en todo el camino hasta la doceava casa, absorbiendo los cuerpos muertos a su paso. El santo eleva su mirada de nuevo para observar su creación y adentrarse en un camino que solo el podría recorrer.
***
El cuerpo agonizante de Afrodita cae pesadamente en el suelo del doceavo templo. De su boca, sangre, como prueba de la victoria de Andrómeda en su misión de derrotar al santo de Piscis. Observando al techo de su templo, evoca todos aquellos recuerdos que considera importantes, mientras pétalos rojos, negros y blancos cubren su cuerpo. Su tristeza no puede ser demostrada, todas sus lágrimas se secaron aquella noche en que el poder superó a la belleza. Ahora, observa como sus leales compañeras, letales armas para cualquier otro, rinden tributo ante su inevitable muerte...


FIN.



SEGUNDO LUGAR

Autor: Deeclan

Titulo:El nombre de oriente


-Madre, ¿cuánto tiempo te quedarás? –pregunta una mujer joven y muy bella. Sus rubios cabellos hasta la cintura enmarcan un jovial rostro de ojos rojos como el atardecer.

-No mucho, querida… puedo sentir que no será por mucho.

-¿A qué te refieres?

-Soy una mujer vieja, Ara, ¿no me digas que no lo habías notado?

-Madre… –responde Ara con pesar en la voz

-No pongas esa cara, querida. Es el ciclo natural; nacer, crecer, vivir, amar y… he tenido una buena vida –concluye con convicción– pero ya no puedo seguir reparando armaduras en Jamir. Mi discípulo se encargará de todo a partir de ahora (1). Sólo agradezco a Athena que me permita vivir lo suficiente para conocer a mi nieta.

-Madre, es de eso de lo que quería hablarte.

-Déjame adivinar. No te gusta el nombre que he escogido para ella, ¿verdad?

-Madre, por tradición es tu derecho, como matriarca de la familia el presidir los rituales de presentación, y por ende nombrar a los primogénitos. No pienso negarte ese derecho, pero…

-Ara, mi dulce niña –interrumpe la anciana mujer con una sincera sonrisa– no es necesario que sigas las tradiciones conmigo. He sido excomulgada por nuestra gente de tantas maneras que dudo que en este momento yo aun pueda ser considerada como “la matriarca de la familia”. Pero te lo advierto, si insistes en que sea yo quien presida los rituales, se harán a mi manera.

-Madre, ¿por qué insistes en seguir a esa diosa?, ¿Por qué traicionas a tu gente de esa manera?

-Hija mía –responde la anciana apenas reprimiendo una carcajada– hemos sido nosotros quienes la traicionamos. Ella al contrario, nunca nos ha abandonado.

-¡Pero madre! –responde Ara exaltada, ya sin poder mantener más tiempo el aire de solemnidad y respeto que la etiqueta lemuriana exigía al dirigirse a un mayor– ¿Acaso no es suficiente lo que le has hecho ya a esta familia?, ¿Sabes lo que es vivir aquí? ¿Qué el resto de la aldea nos desprecie y nos señale por que tú estás cómodamente sirviendo a una diosa nefasta? ¿Tienes idea de lo mucho que nos ha costado hacernos de un lugar entre nuestra propia gente? Y no contenta con eso ¿quieres marcar a tu nieta de por vida al ponerle un nombre oriental?

-Lo siento hija –responde la anciana poniéndose de pie, por primera vez la tristeza nubla su rostro que hasta hace pocos minutos estuviese radiante con la alegría de una madre que ve a su hija después de mucho tiempo– nunca pensé que les hubiera causado tanto dolor –se dirige hacia la puerta– sólo vine a conocer a mi nieta, y lo he hecho ya… creo que es hora de regresar a Jamir.

-¡Madre, espera por favor! No nos despidamos de esta manera –Ara se interpone bloqueando la salida– no quise reprocharte nada, madre. Es sólo que… quiero saber por qué. ¿Por qué te marchaste cuando ese hombre vino en busca de un discípulo?

-Ya te lo he dicho muchas veces. Sólo nosotros los descendientes de la isla de Mu podemos dominar el arte de la restauración de armaduras. Fui llamada por Athena, de la misma manera que llamó a mi discípulo y como llamará a su discípulo a la vez, cuando el tiempo llegue.

-¿Por qué seguir sirviéndola? ¿Acaso no fue ella la culpable del hundimiento de nuestra tierra?

-Hija mía, no deberías escuchar todo lo que dicen los predicadores, hay verdades que…

-¡Basta, madre! Llevo décadas escuchando tus rodeos. ¡No más! ¡Quiero respuestas!

-Hay algo que tú no sabes, ¡qué nadie sabe! –dice la anciana volviéndose a sentar– pero yo estuve presente cuando Mu se hundió.

-Pensé que estabas en Europa cuando eso sucedió.

-No fue así, yo presencie todo. Supongo que eso me convierte en la última lemuriana nacida en Mu. Pronto ya no habrá ninguno.

-¿Por qué nunca dijiste nada?

-Los sobrevivientes generaron odio hacia Athena por la devastación de nuestra tierra. Surgieron predicadores que fortalecieron ese odio y para ellos, el descontento de una pequeña huérfana no era importante. Es por eso que preferí callar, y lo hubiera hecho toda mi vida si uno de sus santos no hubiese venido en busca de un discípulo. Ese día supe que mi destino era servir a la diosa.

-¿Por qué? ¿Qué le debes a la diosa?

“Me avergüenza aceptar que no recuerdo mucho como era nuestra tierra natal, pero recuerdo que era hermosa. Altas torres blancas galardonaban majestuosos edificios en perfecta comunión con la naturaleza, tan perfecta que era difícil señalar que partes eran naturales y cuáles habían sido construidas por nosotros”

“No recuerdo nada más sobre la vida en Mu hasta ese fatídico día cuando Typhon llegó. En aquél entonces no sabía yo quién era ese Typhon o por qué quería destruirnos. Después aprendí que Typhon es el dios de los gigantes. Aprendí que en ese entonces se había llevado acabo la primer gigantomachia, la primera lucha entre Athena contra los gigantes”

“Después de una feroz lucha, Athena había salido vencedora. Más Typhon logró escapar antes de ser encerrado como había sido el destino de los demás gigantes. Sabiéndose vencido, quiso darle un último golpe a Athena y es por eso que se dirigió a Mu”

“En la isla se encontraban casi todos aquellos adoctrinados en el arte de la restauración. También se encontraban los santos que habían sido heridos en la feroz batalla y varias armaduras en proceso de reparación. Typhon sabía que destruir todo esto sería un golpe definitivo para Athena quien vería menguadas significativamente sus fuerzas”

“Typhon llegó acompañado de olas tan altas como edificios y de vientos capaces de arrasar montañas. El continente fue devorado por su poder tan rápido que pocos logramos escapar.”

“Los santos heridos, junto a los guerreros de Mu, intentaron detenerlo, pero la furia del Dios era superada tan sólo por su poder. Nada pudieron hacer”

“Fue entonces que llegó Athena, y se enfrasco en titánica lucha con Typhon. Fue gracias a su batalla que el océano se calmó y los pocos sobrevivientes pudimos escapar antes de que Mu fuera completamente devorada por el mar”

“Athena salió victoriosa y logró encerrar a Typhon bajo el monte Etna después de destruir su cuerpo”

“Era yo muy pequeña” –concluyó su relato– y no puedo recordar nada de lo que te he contado. Todo lo que he dicho lo aprendí estudiando los registros del Santuario. Las cosas que yo recuerdo no son dignas de ser escritas en ningún libro.

-Entonces…– pregunta Ara ansiosa por escuchar más del relato– ¿qué es lo que recuerdas?

“Recuerdo el dolor de sostener las manos frías de mis padres quienes murieron protegiéndome del poder del gigante…”

“Recuerdo el frío que calaba los huesos y la lluvia que anunciaba la muerte…”

“Recuerdo el miedo. Pero sobre todo… lo recuerdo a él.”

-¿A él?– pregunta Ara intrigada.

“Ni siquiera puedo recordar su nombre, pero sé que él sabrá perdonarme por ello. Era un santo de Athena, un oriental, quien había perdido uno de sus brazos en la batalla contra los gigantes. Había pasado ya algunos días en Mu, recuperándose de sus heridas. Se dirigía a enfrentarse a Typhon cuando me encontró bañada en la sangre de mis padres.”

“Recuerdo que me llevó al puerto donde me dejó con otros sobrevivientes. Presuroso deseaba volver a la lucha, pero yo me había aferrado a su pierna y me rehusaba a dejarlo ir, así que me dio un regalo. Una espada sagrada que Athena misma le había regalado en agradecimiento por sus servicios. Una espada sagrada que había sido bañada con el cosmos de la diosa misma (2)”

“Me dijo que la espada cuidaría de mi, pero que a cambio yo debía cuidarla para poder regresársela algún día.”

“Entonces lo sentí. Era una sensación tan cálida, tan placentera, que todo nuestro dolor y miedo desapareció. Athena había llegado”

“Podía sentir como Athena se usaba a si misma como escudo para permitirnos escapar. Podía sentir la terrible agonía que esto le causaba, pero mas aún, podía sentir su cosmos irradiándonos paz. ¡Estaba consolándonos en medio de su pelea!”

“Jamás sentí un cosmos tan grande como el de Athena. Completamente plagado de amor por la tierra, por nosotros. En verdad es gloriosa la sensación de haber estado en su presencia y haber contemplado su esplendor”

En ese momento una lágrima rueda tímida por su mejilla

-¿Y que pasó con el caballero que te protegió? –preguntó Ara conmovida

-Mucho tiempo esperé en la costa a que él regresara para que pudiera devolverle su espada. Años después comprendí que desde el momento en el que me había entregado su más poderosa arma, él nunca había esperado regresar con vida de la batalla. Él era japonés, es por eso que quiero honrar su memoria al nombrar a mi nieta con un nombre originario de su país.

-Madre, podrías repetirme el nombre que has elegido para mi hija

-Yuzuriha

-Es… hermoso.


Notas del Autor.

(1) El discípulo de la anciana no es otro si no el lemuriano que aparece en “Saint Seiya The Lost Canvas” y que sólo se conoce como “Maestro”
(2) Esta espada no es otra si no la que en “Saint Seiya The Lost Canvas” el Maestro le entrega a Yato para que pueda rescatar a Tenma del Hades

FIN

TERCER LUGAR

Autor: Elhazardmx

Tiitulo:El despertar del Lobo Vikingo



-“Penril”- escuché una voz que me despertó del sueño profundo de la muerte, la cual me llamó por mi nombre, abrí los ojos y alcancé a ver una silueta femenina, era alta y de hermoso semblante, parecía un ángel, por un momento pensé que había llegado al Valhala del que tanto hablaban mis padres cuando yo era pequeño. Pero cuál fue mi sorpresa que al ver el resto de su cuerpo, la mitad era cadavérico y despedía un olor fétido, me llenó de asombro mas no de temor, me sentía seguro.
Le pregunté como se llamaba, ella solo movió sus labios y pude leer el nombre de “Hela”, ella es la diosa de la muerte en nuestra cultura nórdica. Nunca pensé en verla personalmente, emanaba un cosmos enorme, aun más grande que el de la señorita Hilda de Asgard. Miré mi cuerpo desnudo y vì como los gusanos que estaban comiendo mi carne desaparecían lentamente, cada partícula de mi cuerpo comenzó a ser restaurado a su perfecta forma. Ella me tomó de la mano y me levantó, instintivamente la abrece, mis brazos rodearon su cintura, noté que el lugar en donde estaban sus huesos ya estaba cubierto de carne, sentí su calor, su cuello olía a rosas, esas flores que nunca crecieron en donde yo me crie. Mi corazón comenzó a latir rápidamente como tambores anunciando la llegada de un rey, acaricié su cabello suavemente, pude ver que era tan largo que tocaba el suelo oscuro del lugar en donde nos encontrábamos. La empecé acariciar cual si ella fuese mi pareja, cual si ella fuera mi prometida, la que nunca tuve, nos besamos apasionadamente y sentí en mi cuerpo cosas que nunca antes había experimentado, me sentí feliz, sentí un éxtasis enorme, deseaba quedarme así para siempre a lado de ella.
La muerte fue mi maestra, me enseñó como un hombre ama a una mujer, el tiempo pasaba muy rápido, puedo asegurar que eso duró como seis horas, me sentía exhausto, muy cansado. Inevitablemente cerré mis ojos y sentí como iba perdiendo el conocimiento, mi cuerpo cayó pesadamente. No recuerdo cuanto tiempo pase inconsciente, entre ojos vi a mi hermosa mujer a lado mío, por más que quería levantarme, había algo que me lo impedía, solo pude ver que su vientre estaba creciendo. Pasado un tiempo, pesadamente volví abrir mis ojos y la vi embarazada, a punto ya de dar a luz. Era yo padre, un ser mortal está a punto de procrear con una diosa, no sabía que sentir, emoción…temor…Los dolores de parto no se hicieron esperar, ella gritaba mucho, el sudor cubría su frente, la tomé de sus manos y me apretó fuertemente conforme pujaba para que el bebe saliera.
No podía creer lo que estaba viendo, una hermosa criatura había nacido, su piel rosada, manos pequeñitas ¡Era un niño! ¡Yo era padre! Pero la emoción no tardó mucho ya que fui testigo de un evento horroroso, ese pequeño comenzó a transformarse en un lobo de gran tamaño, una terrible bestia estaba ante mis ojos, su enormes fauces parecían que podían tragar al cielo entero, el color de su pelaje era un azul oscuro con vivos morados, tal cual como la armadura que vestía cuando yo vivía en Asgard, tenía unas afiladas garras y una larga cola. Me miró directamente con sus ojos rojos como la sangre y caminando lentamente hacia mí me dijo: - “Hace muchos años, tu padre me sello en su corazón de tal modo que no pude nacer, pero muerto esta él y es su hijo ahora el que me dará vida”- La gran bestia me estaba hablando, no podía creer lo que me estaba diciendo con esa voz áspera. No sabía a qué se refería con lo de mi padre, Hela se adelantó y me dijo que la Profecía tenía que cumplirse, que el lobo Penril tenía que salir a tierra, de las profundidades de la tierra, el nacimiento de él tenía que ser a través de la familia favorecida por el lobo, es decir, desde hace a muchas generaciones, él y Hela, habían fijado su vista en mis antepasados. Ella me dijo que yo era el más apto, que permitiera que la bestia habitara en mí hasta que llegara a la tierra nuevamente. Comenzó nuevamente a besarme apasionadamente venciendo toda resistencia que yo pudiera haber puesto, nuevamente me sentía feliz con ella, repentinamente sentí como una presencia se introducía en mi alma y en mi corazón, era el lobo Penril que se había apoderado de mi alma, desde mi interior me dijo que Hela me resucitaría y que buscara imperiosamente el cloth de Epsylon para que el regreso de la bestia se consumara totalmente.
Presté atención a sus palabras, me sentía pleno, con mucha fuerza, capaz de hacer frente a miles de soldados, pero lo que más me hacía sentir bien, era la compañía de Hela, ella era mía y de nadie más, su belleza superaba con creces a la Fler. Sin duda alguna haría lo que fuera posible por tenerla para siempre. Pareciera que ella leyó las intenciones de mi corazón y me juro que si yo permitía que la bestia naciera y ayudará a la quitarle la vida a Odín, ella se quedaría conmigo para siempre. Cuando ella mencionó el nombre de nuestro máximo dios, mi alma tembló en gran manera, mi familia me había enseñado a venerar y ser fiel a nuestro dios, me enseñaron a ser amable y bueno con la gente que me rodeaba. Y así lo había hecho con la sola excepción que empecé a odiar a mis semejantes porque ellos no fueron capaces de brindarme su ayuda cuando mis padres los habían apoyado tanto.
Renegué muchísimas veces de mi destino, pero en los lobos encontré ese compañerismo que hasta ese entonces no había tenido después de la muerte de mis padres. Pese a eso, seguí sirviendo a Odín, muestra de ello fue que acepté pelear para defender su causa. Ahora me encontraba en un dilema, entre el amor de una bella mujer o la fidelidad hacía Odín. A mi mente me venían los recuerdos de haber escuchado que antes de que el Ragnarok surgiera, lo que lo iba a anteceder era el nacimiento de la bestia mítica Penril, la que daría muerte a nuestro valeroso Odín.
Esa es mi lucha interna que he estado viviendo desde hace dos años a partir que resucité, ando errante entre los fríos bosques, no tengo amigos ni a donde ir, hace ya un día que tomé mi cloth de dios guerrero, la cosmo energía de Hilda estuvo a punto de quitarme la vida, pero aproveché un momento de duda en ella para así poder escapar. La siento un tanto pesada, ya no es aquella armadura ligera que use alguna vez, pareciera como si me rechazara.
A lo lejos veo una pequeña villa, ya es el atardecer pero todavía hay personas fuera de sus casas realizando algunas labores. Algo dentro de mí me incita a devorarlas, tengo hambre, quiero devorar carne humana. ¡No puedo hacerlo! Una vez más, me doy la media vuelta y me limito a cazar ciervos que rondan por estos lugares. Esta lucha que llevo dentro debilita cada vez más mi humanidad. No quiero hacer daño a nadie, soy un guerrero de Odín, si tan solo pudiera controlar este poder que llevo dentro pero no he podido, la señorita Hilda me está buscando para quitarme la vida, he escuchado que un sujeto llamado Bud de Alcor anda detrás de mi rastro, aun no lo he visto. Me siento, solo, muy solo. Si el Ragnarok no ha comenzado es porque mi causa, Hilda debería protegerme en vez de atacarme, Odín no responde a mis plegarias.
“Una primavera y un invierno como si fuera uno solo, se añade mas frio al invierno que ya existía. Vendrá el invierno que trae el viento del norte, el viento que anuncia la desgracia y que impide el nacimiento de los frutos de la tierra, después los lobos saldrán de sus escondites de los oscuros bosques para morar en el desierto blanquecino de la tierra del vikingo, pasado el tiempo de las fieras, se levantaran las espadas de hielo para cortar la carne y desfallecer a los habitantes de Asgard y después del último invierno…el fin”


-“¡Maldito invierno! “- Decía Penril de Arioto, hacia unas horas cuando el solo devastó con los habitantes de una villa, uno a uno fue matando utilizando su velocidad luz, solo basto unos minutos para cegar las vida de los desafortunados humanos. No respeto a niños, ancianos, mujeres, todos fueron igual para él. Su cara está llena de las sangre de sus víctimas.
El remordimiento no dejaba de perseguir a Penril, ya la paz no podía acompañarlo nunca más, su dios en quien el trataba de confiar nunca escuchó sus ruegos. Una débil chispa es la que lo mantenía aferrado a no ceder, pero no era suficiente, para detener a la bestia que lo inducia a cometer mas asesinatos.
-“Auxilio”- gritaba una pequeña niña de escasos ocho años, sus padres habían muerto a manos del devorador de hombres. Sus ojos inocentes y llenos de pureza suplicaban que la dejara ir con vida. Penril estaba al borde de la locura, se tomó los cabellos y se fue corriendo del lugar. Ya no podía más. Alguien de entre las sombras estuvo observando fríamente lo que sucedía. Alguien quien parecía entender un poco los sentimientos de Penril.
Finalmente se detuvo en la orilla de un pequeño lago congelado, lagrimas de dolor escurrían por las mejillas del joven, quien comenzó a maldecir su vida por la pesada carga que llevaba en sus hombros. Nadie le podía ayudar, al menos no hasta ese momento. De pronto, sintió la presencia de alguien que lo vigilaba, colocándose en posición de pelea dijo -“Sal de entre las sombras quien quiera que seas”-, un hombre apareció vestido con una armadura blanca como la nieve, su casco parecía la cabeza de un smilodon, antepasado prehistórico del tigre.
-“Te he estado siguiendo todo este tiempo”-, dijo el extraño quien se dirigió hacia donde se encontraba Penril. El se presentó diciendo que era Bud de Alcor, de la estrella gemela de Mizhar.
-“¿Me estuviste viendo y no fuiste capaz de detenerme para evitar la muerte de cientos de inocentes?”- preguntó el guerrero de Arioto lleno de ira. Bud no respondió a esa pregunta, de hecho no tenía ninguna respuesta.
-“Parece ser que ya es demasiado tarde, la bestia que llevas dentro esta apunto de consumirte totalmente, es por eso debo matarte”-, dijo con resignación el dios guerrero de Asgard.
-“¿A eso has venido? ¿No ves la lucha interior que tengo, no ves mi sufrimiento?”- respondió Penril. Sus ojos se estaban tornando a un color rojo, las pupilas estaban dilatadas. Su voz comenzó a cambiar lentamente, ya no era la de un joven, como hacía unos minutos, no ya no, si no que era la voz de una bestia.
-“¿Para qué te levantas bestia infernal?”- dijo Bud, quien dio un gran salto hacia atrás.-“Tú sabes de tu cruel destino…Vidar te dará muerte justo después de que hayas asesinado a Odín, ¿Para qué entonces te levantas?-, al escuchar las palabras insolentes de Bud, Penril bramó fuertemente, comenzando a manotear y golpear al aire con sus filosas garras que vienen de su armadura. Entonces, cual si fuere un autentico lobo, se coloco en cuatro extremidades y corrió velozmente hacia el guerrero de Alcor quien no pudo esquivar la fuerte embestida.
-“Miserable humano, copia vil de un dios guerrero, ¿crees que mi advenimiento a la tierra es solo para derrotar al insalubre de Odín? “-Respondió con un tono agudo, casi rasposo, cual si fuera un demonio cuando le susurra al hombre que se dirija al camino del pecado, así respondió Penril quien finalmente había sucumbido, no pudo ir en contra de su destino, no pudo hacer lo mismo que su padre. ¡La bestia finalmente se había liberado! se había consumado su despertar, esta vez tomando el cuerpo joven y vigoroso del heredero de la que familia que alguna vez fue respetada por todo Asgard. La cosmo energía que emanaba de su cuerpo era salvaje, amenazadora, Bud se sentía como la presa temerosa del lobo cuando esta es acorralada, el sudor comenzó a correr a borbotones por todo su blanco rostro. Sabía que literalmente se había metido en las fauces de lobo. La tremebunda energía lleno toda esa área provocando un sentimiento de pánico en los aldeanos que habitaban en las cercanías, la gran mayoría se arrodilló y comenzaron a derramar su alma en plegarias a su Dios para que los protegiese de la maldad que había llegado a sus tierras.
En las profundidades de Helheim, que es el lugar en donde mora la diosa de la muerte, Hela, los demonios danzaban alrededor de los fuegos, afilaban sus colmillos en celebración de la llegada de la bestia Penril a Asgard, su diosa reía y reía, el fin del mundo está cerca y todos morirán.
Tan fuertes eran los aullidos de Penril, que las ondas sonoras provocaron diversas avalanchas, sepultando a las pequeñas villas que estaban ubicadas en las faldas de las montañas. Bud de Alcor estuvo a punto de ser llevado por la nieve pero Penril lo tomó del cuello llevándolo a un lugar seguro. Ya tirado en el suelo, este lo miró fijamente, mostrando sus incisivos dientes, se estaba saboreando la carne de su víctima -“Tu carne es rica, mis fauces desmenuzaran tu piel y ahí finalizara tu existencia”- la bestia rió de placer ya que sería su primera presa después de cientos de años en el encierro. Bud, cerró los ojos en espera de su destino, pagó caro su osadía de enfrentarse a Penril, creyó enfrentar a un dios guerrero débil, creyó que la bestia tardaría años en despertar, pero no fue así. -“¡Muere miserable rata!”-
De pronto, una fuerte ventisca interrumpió el festín que estaba a punto de darse Penril, una voz celestial se escucho diciendo: -“Esta es mi armadura y mi espada, mi espíritu reposará temporalmente en mi sirviente Bud, el llevara a cabo mi voluntad en la carne, recibe pues mi ropaje sagrado y la espada de Balmung”-.
-“Odín”…-La armadura reposo arriba de la cabeza de Bud separándose para vestir su cuerpo, piernas, rodilleras, lomos, petos y hombreras. La gloria del dios nórdico se había hecho presente para hacer frente al gran lobo devorador de hombres.
En ese año la primavera no llegó al país de Asgard, el invierno se extendió mas allá de su curso natural. El frio era el habitante de aquellas tierras, hombres, mujeres y niños, todos por igual se verán atrapados en la “Ardiente Batalla de los Dioses”, vivirán en carne propia “El Crepúsculo de los Dioses” o como ellos mismo le llaman...”El Ragnarok” iniciado por el “Lobo Vikingo”: Penril de Arioto…
***
-“Solo quería ser feliz, quería liberar a Asgard…perdóname Odín, pero nunca recibí tu ayuda cuando más la necesite…ahora iré con Hela a vivir por todas las eternidades”-

FIN
elhazardmx
wow! Debo confesar que cuando lei el de Aioria86 (las primeras lineas) pense: "Esto es entonces como el de Shonenki, asi que tambien su fic debio haber sido juzgado con la misma vara", pero a medida que se iba desarrollando, cambio mi opinion. Ahora se porque ha ganado, sin embargo...me aburrio un poquito, porque no hubo un aporte al universo de SS. Esa es mi opinion con todo respeto, de un humilde user del ICE.

Ahora pasemos al de Deeclan. Para mi que iba a ser uno de Chiryu y su master Donkho, pero debo decir que me conmovio y me emocione mucho al leer el aporte que dice que la espada pertenecio a un santo de Athena que valerosamente defendio a la "viejita" (joven en aquel tiempo). Esto para mi merece ser un Side History reconocido 057.gif Y la ultima linea fue la que me enterncecio mas

-Madre, podrías repetirme el nombre que has elegido para mi hija

-Yuzuriha

-Es… hermoso.


Aunque algo que he notado, es que la mayoria de nosotros, no sabemos aun, manejar de manera lineal las personalidades de nuestros personajes, por arte de magia hacemos que cambien de parecer de un momento a otro, aun teniendo fuertes convicciones.


Deeclan
QUOTE(elhazardmx @ Aug 16 2007, 12:53 PM) [snapback]227678[/snapback]

Ahora pasemos al de Deeclan. Para mi que iba a ser uno de Chiryu y su master Donkho, pero debo decir que me conmovio y me emocione mucho al leer el aporte que dice que la espada pertenecio a un santo de Athena que valerosamente defendio a la "viejita" (joven en aquel tiempo). Esto para mi merece ser un Side History reconocido 057.gif Y la ultima linea fue la que me enterncecio mas


¿Un side story reconocido? 020.gif 033.gif Me gusta como suena...

Me siento muy halagado, gracias por el comentario Hazard. Lo curioso es que aunque Shiryu y Dkho son mis favoritos (quitando obvaimente a Kiki), me cuesta mucho trabajo escribir algo sobre ellos.

QUOTE(elhazardmx @ Aug 16 2007, 12:53 PM) [snapback]227678[/snapback]

Aunque algo que he notado, es que la mayoria de nosotros, no sabemos aun, manejar de manera lineal las personalidades de nuestros personajes, por arte de magia hacemos que cambien de parecer de un momento a otro, aun teniendo fuertes convicciones.


¿De verdad hice eso?... lo siento,¡¡ha sido mi error!!. Lo que trate de hacer fue plasmar a una hija que siempre le había guardado rencor a su madre, un rencor nacido de no saber por qué había traicionado a su raza para servir a una diosa pagana, a la que había aprendido a odiar, un rencor nacido de la incomprensión. Que a fin de cuentas no es un gran rencor, el amor que prodiga a su madre se me hace evidente, al ser la única que la defiende cuando el resto del pueblo le da la espalda.

Por eso al conocer la historia de su madre, al aprender del amor que prodiga Athena, y escuchar por primera vez el relato verídico de lo que sucedió el día que cayó Lemuria, sus convicciones cambian.

Tendré mas cuidado con eso en el futuro.

Felicidades a Aioria86, concuerdo con Hazard que comienza como un fic clonado de muchos que hay en la red, pero al continuar leyendo uno se lleva una agradable sorpresa. (P.D. Aphrodite es genial!!!!)

Saludos
snake de geminis
ORALE LOS TRES STAN GENIALES 0bowdown.gif
ELHAZARDMX CONTINUA ESA PELEA SERIA GENIAL no1.gif
FELICIDADES A TODOS 035.gif
BYE 057.gif
elhazardmx
QUOTE(snake de geminis @ Aug 16 2007, 02:36 PM) [snapback]227694[/snapback]

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ELHAZARDMX CONTINUA ESA PELEA SERIA GENIAL no1.gif
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Que bueno que te gusto!! De hecho esta en planes futuros comenzar un fic basado en el que mostre para el concurso. Pero primero tengo que acabar con los que ya he comenzado: DragonBall VS SaintSeiya Series 057.gif
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Les dejo los siguientes 3 trabajos, saludos.

Cuarto Lugar
Autor: Dios Pan
Titulo: Poema de Muerte


Corre congelado el carmesí,
¡Crepúsculo de mil batallas!,
Entre tus manos duermo,
Entre tu pecho me embriaga
La dulce agonía,
¡Oh! carmesí brillante…

En una noche apacible, un pequeño leía una carta olvidada y con raída por el fuego; en el escritorio del salón privado de papá. Estaba absorto y no entendía las palabras que se amalgamaban unas con otras para mostrar los sentimientos más profundos de un guerrero caído en combate.

-¿Phenril? – Preguntó quedamente una voz profunda, provocando que el joven se sobresaltara, a la vez que hacía relucir sus cándidos ojos, refulgentes de inocencia y vida- ¿Qué haces aquí? Hijo –Concluyó el hombre jovialmente-.

-¡Papá!, yo sólo… ¡Ah! –Escondió la hoja de papel quemado por detrás de sí mismo, con las manos juntas. Sus ojos se entornaron, y se pudo entrever un dejo de travesura en sus enormes pupilas. Phenril no sabía mentir.

-Hijo, lo que tienes en tus manos, es un poema que hace mucho tiempo escribió un guerrero que defendió nuestra patria –Al comprobar que su vástago no le entendía del todo, reanudó sus palabras con más decisión y calma –El guerrero del que te hablo perteneció a nuestra familia, y no exagero si te digo que fue quien nos dio renombre y fortuna. El poema es un tesoro que hemos guardado en nuestra familia, y nos recuerda el espíritu feroz que habita en nuestros corazones, el espíritu feroz de un lobo que defiende a su familia y su territorio. –Phenril entonces esbozó una sonrisa y apretó ligeramente el escrito, que se arrugaba apenas en sus manos.

-Papá –Dijo entusiasmado –Pero, ¿porque tiene quemaduras, lo tomaste cuando eras niño y lo quemaste accidentalmente? –Preguntó entusiasmándose de a poco. A lo cual su padre soltó una estridente y tierna carcajada.

-¡Mi pequeño¡ eso no lo hice yo, no era tan malcriado como para tomar las cosas de la habitación de estudio de mi padre… Sin permiso –Añadió con picardía, disculpando la travesura con un reclamo. Phenril se sonrojó un poco y dejó Ipso facto el papel en el escritorio. –Te explicaré cómo se quemó el poema -Continuó el progenitor –Hace varios años, nuestro antepasado luchó con fiereza ante el invasor y se dice que con el ejército prácticamente derrotado, sin alimento ni agua, él logró vencer a 40 hombres en una tarde e instó a su ejército a continuar con la batalla hasta el final. El resultado de la batalla fue, una victoria para nuestra tierra, y la gloria y riqueza para nuestra familia.

Phenril se sorprendía y emocionaba con el relato de su padre, y por mucho tiempo se imaginaba a sí mismo afuera de su casa, derrotando a muchos enemigos. Aunque no podía imaginarse la muerte o la sangre, la destrucción o el llanto, pues eso es algo que no conocía. No al menos hasta ese momento.

Los recuerdos le llegaron arremolinados en un torbellino de helada melancolía, mientras una avalancha lo arrastraba con violencia. “¿Cómo pasó esto? ¿Cómo llegué a este punto?” Se preguntaba mientras la incertidumbre se apoderaba de él, conforme la fuerte marejada blanca lo iba consumiendo. Y de pronto cayó en un sopor parecido al de la muerte “¿No soy acaso un moribundo?” volvió a inquirirse.

En ese instante, rememoró y se sumió en un vacío decadente para sí mismo, y recordó que nadie llegaría a salvarlo, que nadie se había preocupado por él nunca y que absolutamente nadie lloraría su muerte. Sin embargo “No siempre ha sido de ésta manera” caviló, a la par que veía imágenes borrosas que articulaban palabras y gestos, conexiones lógicas sólo inherentes al amor; ese esquivo sentimiento que tanto le había faltado en esos años. “Phenril, Phenril” una voz le llamaba quedamente. “Phenril, Phenril” la voz se hacía más clara y entonces las imágenes estuvieron acordes con las imágenes, también cada vez más lúcidas:

-¡Phenril, Phenril! -El otrora niño, era llamado por una cálida y reconfortante voz familiar. Súbitamente supo de quién era esa voz dulce.

-¡Mamá! -dijo por fin, pero sus manos cubrían su rostro anegado en lágrimas. Salió corriendo a los brazos de su madre, recorriendo un camino del suntuoso jardín lleno de bellas flores. El ambiente desentonaba con la atmósfera helada de Asgard.

-¿Qué sucede? Mi niño -Cuestionó preocupada la mujer, que sostuvo al pequeño entre sus brazos, mientras que con los balbuceos propios del llanto infantil, éste trataba de explicarle.

-Yo… yo… -Trataba de refrenarse para explicarle mejor, la madre le miraba con suspicaz paciencia, hasta que él volvió a hablar más calmado –Verás, estuve jugando con los niños de la casa que está al lado, y cuando alcancé a uno de ellos, se enojó –Phenril hizo una mueca dolorosamente extraña mientras detenía su relato y su madre lo dirigía de la mano a una banca cercana. Phenril continuó su relato mientras andaban –Entonces me dijo que soy un niño tramposo y presumido. Que si mi papá no fuera una persona importante, yo no valdría nada… Que de seguro nadie me quiere… Luego, me golpeó en el estómago y se fue riéndose de mí –Dio señales de llanto de nueva cuenta; su madre se sentó y lo colocó en su regazo de forma cariñosa.

No necesitaba palabras, su sola presencia le decía más que cualquier otra cosa. Acarició su cabello con suavidad y le besó la mejilla, Phenril le echó los brazos encima y se quedó profundamente dormido. Durmió como nunca antes en su corta vida, durmió más feliz que nunca antes y mientras era llevado por su madre en brazos hasta su habitación, se sintió el ser más amado de todo el universo.

La agitación volvió, Phenril se sintió en picada y no tardó en saborear la sangre que se le agolpaba desde el estómago hasta la garganta. De repente escupió dicha sangre y se aminoró la pesada sensación sopor, hasta que una nueva oleada, amenazó con hacerle estallar la cabeza. Pero un golpe sordo lo devolvió a un estado de vacío.

No podía moverse, el oxígeno le faltaba y sintiese desfallecer. Antes había experimentado ese letargo, como de miedo al estar parado frente a un animal capaz de matarte, mientras permaneces inmóvil durante ese instante de pánico. En ese preciso momento, más recuerdos surcaron su mente al borde del colapso, se manifestaban como sombras oscuras, tortuosas y sin sentido.

La imagen era vívida, exacta e inequívoca; aquel día era uno como muchos otros en donde sus padre se reunían con los amigos para cabalgar, cazar y después tener un día de campo. Al pequeño Phenril le gustaban esos momentos.

-Ingrid, ¡Ingrid! –Llamó la potente voz de su padre –Apresúrense, que Wagner ya ha llegado.

-En un momento querido –Contestó ella en tono tranquilo –Phenril ha olvidado ponerse un abrigo y no saldrá con nosotros sin él –En la cama de la habitación del niño, madre e hijo eran partícipes de la tardanza y la impaciencia del padre. Ingrid cubría a Phenril con una enorme capa de viaje, hecha de piel de oso.

-¡Mamá! -Protestó el joven –Ya soy mayor y no necesito estas cosas tan raras. Si viniera un oso se confundiría y de seguro me secuestraría –Aunque las protestas eran enérgicas, no surtían efecto alguno ante el apremio de la madre, sobre tener protegido a Phenril, de la congelada atmósfera asgardiana.

-Si viniera un oso, entonces yo te comería primero y me lo comería a él después. ¡Groarrr! -Contestó la mujer, imitando un gruñido y colocando las manos en el estómago de su hijo, mientras le hacía cosquillas cariñosamente. Ambos rieron y mientras el chico trataba de librarse de las “garras” de su madre. Algo los hizo saltar, la puerta se abrió repentinamente y el padre entró de improviso.

-¡Vaya! –Dijo con su mirada de reproche –Al parecer se divierten –Ninguno contestó de inmediato. Sólo intercambiaron miradas de complicidad mientras se levantaban de la cama y se dirigían a la puerta alcanzando al jefe de la feliz familia Podrán divertirse más, si nos apresuramos, Wagner, Leonard y la servidumbre ya están impacientes –Complementó, mientras abrazaba a su mujer y contemplaba orgulloso a su hijo –Aunque quizá debamos quitarte esa gruesa capa. No está haciendo mucho frío –Ingrid miró a su esposo con ojos recriminatorios y a Phenril casi se le escapa una sonrisa de satisfacción mordaz, que sólo pudo contener con sus manos sobre la boca.

Una vez abajo, Phenril observó con orgullo el elegante escudo de la familia; sin saber que, sería la última vez que lo vería junto a sus padres.

Ya en marcha, la comitiva se dirigió a un claro del bosque al que eran asiduos visitantes. Cabalgaban entre sonrisas y chistes. La familia iba dirigiendo al resto, hasta que…

Algo que nunca había ocurrido, un enorme oso, el más grande, feroz y amenazador que Phenril jamás vería, se encontraba delante de ellos en actitud desafiante. Sus ojos le centelleaban y al ponerse en dos patas los gritos de terror no se hicieron esperar. Hubo confusión, histeria y miedo.

Todo ocurrió en instantes, su padre se interpuso frente el animal intentando proteger a su familia, pero de inmediato y con un zarpazo cayó muerto a varios metros. El oso se aprestaba a embestir contra él y a su madre salió al paso pero sin consideraciones sufrió el mismo destino que su marido. Phenril que ya había pasado del terror paralizante al frenesí incontrolable, gritaba llorando por sus padres, imploraba a los amigos que les ayudaran pero vio con desaliento que todos salieron huyendo. Ni amigos ni criados hicieron caso a sus súplicas, nadie intervino en su ayuda y el oso ahora tenía un único objetivo, el pequeño niño que yacía asustado abrazando el cuerpo ensangrentado de su madre.

Ahora estaba en el suelo lleno de nieve, enterrado bajo el enorme y blanco montículo de nieve, ya no sentía dolor, tampoco miedo. Ahora lo que le embargaba era una potente rabia contra sí mismo por no cumplir lo que se juró en el instante que se supo desprotegido del cobijo amable de sus padres. Llenar de honor a su familia nuevamente y terminar el poema de muerte de su antepasado. Aquel que había luchado braviamente, animando a su ejército a combatir al invasor.

En el instante del fragor de la batalla ante el Santo del Dragón un “invasor”, pensó que podría derrotar a varios de ellos y después abandonar el mundo con su propio poema de muerte. Escribir su propia historia y darle un final adecuado a la dinastía que tantos siglos se habían tardado en construir.
La ira contra sí mismo lo engullía, lo empujaba a detestarse más que a nadie. Y más aún se odiaba, porque no sabía si su causa era en verdad justa o no. Los Santos venidos de Grecia, habían combatido con convicción y ni él, ni ninguno de sus compañeros sabían por lo que en verdad peleaban. Era injusto. Entonces, l silencio previo que siempre se gesta a la muerte, se hizo notar. Pero en medio de esa oscuridad que se lo comía lentamente, escucho algo reconfortante: los aullidos de sus hermanos, de su otra familia. Ellos nunca le habían abandonado y aún ahora, los lastimeros lamentos le trataban de reconfortar, le hacían recordar que todavía no había muerto la esperanza para él.

Recordó de nuevo algo sobre sí mismo, aquello que le había devuelto la felicidad cuando le faltaba todo. El mismo día que perdió a su familia, su nueva familia llegó para acompañarlo e impedir que muriera.

Después de el ataque del enorme oso, con Phenril acorralado y tratando de defenderse únicamente con un una rama caída, cuando la enorme bestia lo observaba con sus ojos rojos, como cuentas entornadas y sedientas de sangre; un tenue rayo de esperanza se vislumbró. Todo fue tan rápido como la muerte de sus padres. Una manada de lobos atacaba al oso, le mordían, le presionaban el cuello, pero él parecía llevarles ventaja física a todos ellos, hasta que un enorme lobo gris azulado mordió la yugular del oso, negándose a soltarlo. El gigante oso se tambaleó y golpeó al precioso lobo que tenía la imagen de una media luna en la frente. Éste cayó lejos y el oso se perdió en el bosque blanco.

Phenril se acercó y trató de curar al lobo, los demás lobos de la manada se encontraban reacios ante la actitud del niño, pero el líder de la manada estaba demasiado lastimado. De repente, el joven recibió algunos lengüetazos amistosos en señal de aceptación, los demás lobos se calmaron y le aceptaron como uno más.

Con el tiempo, los lobos y él se hicieron una familia. Nunca se abandonaban, se cuidaban entre sí y a diferencia de los amigos de sus padres; jamás se dieron la espalda cuando se necesitaban. El jefe de la manada era Ging (El lobo grisáceo que lo había salvado), Phenril sentía especial predilección por él y al poco tiempo se convirtió en el primero del grupo. Aprendió a comunicarse con ellos y ellos le entendían a la perfección. Sus movimientos se volvieron lobunos, junto a todas sus actitudes.

Un día después de mucho tiempo, en su deteriorada casa al lado de su nueva familia; una chica se apareció como un fantasma que merodea buscando la paz. Se dijo ser la soberana de Asgard y le pidió que defendiera su patria de los invasores y le ayudara a dominar el mundo para salir a un lugar soleado. Los lobos se pusieron en actitud agresiva pero la cosmoenergía de la mujer los detuvo y los hizo postrarse ante ella. Phenril que se mostraba reacio a colaborar, comprendió que podría restituir el honor de su familia y terminar su poema de muerte. Después de todo ¿No se habían mostrado serviles sus lobos ante ella? Podría confiar en su palabra y servirle, mientras limpiaba su propio nombre y le mostraba al resto de la humanidad que los lobos eran mucho mejor compañía que los mal llamados “seres humanos”.

Ahora, escuchando a sus hermanos y a punto de morir, se sintió aliviado de cargar con tanto peso. Ging se acercó y le lamió la cara tiernamente. De pronto Phenril se dio cuenta sobre la causa de su lucha. Peleaba por sus padres, por sus lobos y por su pueblo. Si la causa era justa o no, era a fin de cuentas su causa y el lobo con la media luna se lo confirmó. Entonces le dieron ganas de terminar su poema que tanto había ansiado y el momento de inspiración llegó entre las caricias del lobo, cuando se sumía sonriendo en una nueva batalla; mientras recordaba de memoria las palabras de su antepasado:

Corre congelado el carmesí, ¡Crepúsculo de mil batallas!, Entre tus manos duermo, Entre tu pecho me embriaga La dulce agonía, ¡Oh! carmesí brillante… Déjame correr entre tus nocturnas venas, ¡ávidas de compañía! La compañía que me brinda tu regazo...

Fin

Quinto Lugar
Autor: Cano de Sagitario
Titulo: La Misión


Santuario, Grecia.

El ruido de un caminar se escucha en ese pasillo. El hombre no lleva mucha prisa, camina despacio, casi rayando en la lentitud. Un grupo de soldados que se encuentran formados en hilera hacen guardia del lugar. En cuanto notan la presencia de aquel hombre, lo saludan sin dudar.
-Buenos días, señor Máscara de la Muerte- dice amablemente uno de los soldados, tratando de quedar bien con el hombre.
–Me informaron que el Patriarca me mandó llamar- contesta secamente aquella persona de azules cabellos, y tez morena.
–Así es, señor, pero por el momento el Patriarca está ocupado en la Cámara Principal. Le sugeriría que no pase- advierte uno de los soldados que cuida el lugar. Sin embargo, el hombre se limita a acomodarse su capa, y pasar a un lado de ellos, abriendo la Puerta de la Cámara del Patriarca, y entrando por ella. Después de eso, cierra bruscamente la puerta de entrada.

-Parece que el señor Máscara de la Muerte no es muy amable- dice uno de los soldados.
-Será mejor que no lo provoques. Se dice que enojado, es peor que el mismo Lucifer- advierte otro soldado, mientras sus compañeros se quedan observando la Puerta de la Cámara del Patriarca cerrada.

Máscara de la Muerte, el Caballero Dorado de Cáncer, la persona a quien el Patriarca ha mandado llamar, se encuentra ahora en los aposentos de éste. Entrando al Salón Principal, el hombre escucha como una persona que está recargada en un de los pilares del cuarto le habla.
-Vaya, llegas tarde, como de costumbre, Máscara de la Muerte- dice aquella persona.
-¿Qué estás haciendo aquí, Afrodita de Piscis?- pregunta Mascara de la Muerte.
-Espero a que el patriarca se desocupe-
-¡Rayos! Debí llegar antes.- reclama furioso el Caballero de Cáncer.
-No te preocupes, nunca dura mucho cuando hace esas repulsivas cosas. Te aseguro que en cuanto esté satisfecho, saldrá.-

Los gemidos orgásmicos de una mujer se alcanzan a escuchar detrás de la puerta que conduce a un dormitorio, designado específicamente para el Patriarca.

-¿Otra vez está con una mujer?-cuestiona Máscara de la Muerte.
-Exacto, de nuevo fornica con una criada. Es detestable- dice despectivamente Afrodita.
-Jeje, ¿creí que adorabas el placer?- pregunta sarcásticamente Máscara de la Muerte.
-Amo la belleza, pero fornicar con una mujer cualquiera, a la que ni siquiera amas, es repulsivo- contesta fríamente Afrodita.

En ese momento, la puerta del cuarto se abre lentamente, y un hombre sale caminando muy despacio. Una toalla blanca de algodón le cubre la cintura y las piernas, dejando ver su desnudo pecho. Además, sus cabellos grises no permiten que se le vea completamente el rostro, ya que ocultan sus ojos. Se trata del Patriarca del Santuario.
En cuanto notan su presencia, Máscara de la Muerte y Afrodita se inclinan ante él, en símbolo de respeto a su autoridad.

-Su Santidad, he venido a darle un informe de mi misión- dice el Caballero Dorado de Piscis.
-¿Cumpliste lo que te encomendé?-cuestiona con una ronca y grave voz el Patriarca.
-Sí, acabo de llegar de la Isla Andrómeda. Terminé con la vida de Albiore de Cefeo, aquel traidor que se atrevió a desobedecerlo-
-¿Albiore de Cefeo? Creí que Milo se encargaría de derrotarlo.-pregunta extrañado Máscara de la Muerte.
-Jeje, Milo tenía muchos problemas con él. Además, deberías saber que sólo tú, Shura y yo somos los únicos Caballeros en que el Patriarca confía plenamente, así que yo fui a cerciorarme que el Caballero de Escorpio cumpliera su misión.-contesta Afrodita de Piscis.
-Jajaja, bueno, era obvio. Después de todo, sólo nosotros conocemos al patriarca a la perfección, ¿o no?

Dicho esto, la sonrisa en el rostro de Afrodita se borra inmediatamente, y unos segundos de silencio se sucedieron, hasta que el Patriarca se digna a hablar nuevamente.

-Guarda silencio, Máscara de la Muerte. Por el momento tengo una invitada.-
-¡Hmp! Permitió que esa chica viera su rostro. Lo siento por ella.-dice acongojado Afrodita.-me imagino que es una mujer linda. ¡Qué desperdicio de belleza!-
-No te preocupes, Afrodita. No dejaré que sufra, jeje-contesta burlonamente el Patriarca.
-¿Me mandó llamar?- Cuestiona Máscara de la Muerte, interrumpiendo el comentario del Patriarca.
-Es cierto. Me gustaría que agregaras dos máscaras más a tu colección-
-Jeje, sólo dígame a quien debo eliminar-
-En la anterior guerra santa, existía un Caballero muy poderoso, Yaga de Orión. Se hablaba mucho de su gran poder, del que la verdad no sé mucho. Sólo que el actual guerrero de Orión, es su reencarnación, y necesito que lo elimines, Máscara de la Muerte-
-Pero, maestro, en lugar de mandar a Máscara de la Muerte a asesinarlo, creo que sería mucho mejor si ese hombre se nos uniera. Se supone que debe seguir las órdenes del Santuario- dice preocupado Afrodita.
-No lo creo, Afrodita. Ese hombre no ha contestado ninguno de los mensajes que le envié. Además, hace poco me enteré que es amigo del Caballero Dorado de Libra, Dokho-contesta el Patriarca.
-¡Dokho de Libra!-dice sorprendido Máscara de la Muerte, quien parece ha reconocido el nombre de aquella persona.-No se preocupe, su Santidad. Yo mismo eliminaré a ese tal Orión, y me haré cargo del Caballero de Libra. Sólo dígame en donde se encuentran-
-Muy bien. Dirígete a China. Dokho de Libra se encuentra en una región conocida como los Cinco Picos. En lo que se refiere a Orión, anteriormente entrenaba a las orillas del Río Eridanus. Posiblemente aún lo halles ahí.-
-Jaja, no se reocupe, yo me encargaré de ese tal Libra. Pero primero, eliminaré a ese Caballero de Plata, del signo de Orión-
-Si quieres, yo puedo ir contigo para ayudarte a vencer a esos dos Caballeros que se dice son muy poderosos-dice el Caballero de Piscis, ofreciendo su generosas ayuda. Pero ante esta oferta, el Caballero de Cáncer suelta una espontánea carcajada.
-¡¡¡Jajajajaja!!! Por favor, no necesito ayuda para vencer a esos dos. Con su permiso, maestro, me retiro.-
-Igual yo-dice Afrodita.
-Muy bien. Te lo encargo mucho, Máscara de la Muerte-dice el Patriarca.-Por el momento, debo encargarme de un pequeño asunto con esta mujer-

El Patriarca entra de nuevo al cuarto, y cierra la puerta, mientras que Afrodita y Máscara de la Muerte prosiguen a retirarse.

-¿Estás seguro que no necesitas mi ayuda, Máscara de la Muerte?-
-Más que nunca, Afrodita-

Los dos Caballeros Dorados avanzan tranquilamente hasta la puerta de salida de la Cámara del Patriarca, haciendo caso omiso a un desgarrador grito de mujer que se escucha en el cuarto donde se encontraba el Patriarca.




Río Eridanus
Grecia

Un hermoso paisaje puede disfrutarse a las orillas del Río Eridanus. El agua de su cauce pasa tranquilamente, produciendo un sonido agradable. Los frondosos árboles cubren la luz del sol, creando acogedoras sombras para descansar. Parece que la Madre Naturaleza se siente muy generosa el día de hoy, ya que el clima es maravilloso, y todo esto se acompaña por el hermoso canto de las aves silvestres del lugar.

Entre toda la belleza Natural de ahí, se encuentra una caja de grandes proporciones, que lleva labrado el signo de la constelación de Orión, recargada sobre el tronco de un árbol. Muy cerca de él, un hombre de mediana estatura, tez clara y una larga cabellera negra, se encuentra parado enfrente de una roca de gran tamaño. El hombre aparenta unos veintidós años de edad, y sus penetrantes ojos negros demuestran concentración.

-¡¡¡HAAAAA!!!- su grito es acompañado por un veloz golpe asestado que impacta a la roca. Unos segundos después, la roca se despedaza por completo.

-Ah……..bien, suficiente por hoy. Creo que mañana entrenaré un poco más mi fuerza mental, meditando todo el día.- dice el hombre, que se muestra agotado por su entrenamiento. Después de esto, decide recostarse entre el fresco césped, al mismo tiempo que dos perros se le acercan y comienzan a lamerle su rostro. Quieren mucho a su dueño.

El hombre estaba conciliando el sueño, cuando notó que sus canes estaban un tanto alterados, gruñendo, como si se percataran de que alguien se encontraba en el lugar.-¿Qué les sucede?-pregunta extrañado el hombre, hasta que él mismo se da cuenta que no están solos en el lugar.
-Vaya, siento un cosmo en las cercanías. Y no es cualquier cosmo, éste es muy superior-dice el hombre, que ahora se muestra preocupado al darse cuenta de la magnitud de aquella energía.
De pronto, los árboles se movieron bruscamente, impulsados por una fuerte ventisca. No sólo eso, una brillante luz dorada que parece ser la causante de todo, se hace notar entre lo profundo del bosque. De ella emana una energía muy fuerte, que espanta a todas las aves que se encontraban descansando en las copas de los árboles. Finalmente, la figura de un hombre aparece entre aquella dorada luz. Avanza lentamente, ondeando de una forma muy elegante su blanca capa. Muestra una cínica sonrisa en su rostro, y en sus ojos dejan ver una actitud retadora.

-¿Así que tu eres el Caballero de Orión, cierto?-
-¡Por supuesto que sí! Por tu ropaje sagrado, me doy cuenta que eres un Caballero de Oro-
-Así es. Soy Máscara de la Muerte de Cáncer. He sido enviado por el Patriarca para terminar con tu vida-

Estas palabras congelan la sangre del Caballero de Orión. ¿Cómo es posible que un Caballero de Plata se enfrente a un Caballero de Oro? Él nunca se había luchado contra un guerrero de ese nivel. Su nerviosismo aumenta aún más cuando ve como el Caballero de Oro se quita su capa, preparándose para la batalla.

-Bien, si en serio quieres asesinarme, primero deberás enfrentarme, y te aseguro que Antínoo de Orión no es un rival fácil.- dice aquel hombre, pero sus palabras solo provocan risa a su adversario.
-Jajajaja, ridículo. Estás tan nervioso que apenas y puedes hablar. No te culpo, no te comparas en nada a mí, es normal que tengas miedo.- dice Máscara de la Muerte.
-Bien, me parece que no puedo evitar una pelea, así que te enfrentaré usando todo mi cosmo.-
-Veamos si tu cosmo es suficiente para detener un ataque mío.-

Un veloz rayo de energía sale disparado de la mano derecha de Máscara de la Muerte, y golpea en el pecho de Antínoo, quien cae al suelo, a un lado de la caja con el símbolo de Orión.

-Vamos, viste tu armadura-dice Máscara de la Muerte- quiero ver si en realidad eres tan fuerte como se rumora.-
-Está bien, ahora verás.-

Antínoo abre la caja que se encontraba a un lado de él, y una brillante luz emergió de ahí, cubriendo por completo al joven.

-¡Hmph! Una débil armadura de Plata no será competencia para mí- dice el Caballero de Oro al ver como Antínoo está vistiendo la Sagrada armadura de Orión.
-Gh……tal vez, pero mi armadura no será quien decida la victoria, sino mi cosmo…¡¡¡HAAAA!!!

Antínoo, que ahora viste una grisácea armadura que cubre su cuerpo, salta hacia el frente, dando veloces giros sobre sí mismo en el aire.

-Qué técnica tan extraña la de ese sujeto- dice el Caballero Dorado.
- ¡¡¡CHOQUE MEGATÓMICO DE METEORO!!!-
-¡Ah!

El Caballero de Plata se abalanza girando sobre Máscara de la Muerte, y justo cuando lo tiene a una distancia muy corta, atina perfectamente una patada en el rostro del Caballero de Oro, tumbándolo al suelo y despojándolo de su casco.

-Gh…..ese miserable…… ¿porqué alcanzó a golpearme?-
-Si no te vas de aquí, te atacaré ésta vez con más fuerza-

Máscara de la Muerte se levanta lentamente, y observa la sangre que sale de su boca debido al golpe, mientras reflexiona al respecto.- ¡Rayos! Consiguió dañarme. De verdad, éste hombre es muy poderoso. Si no acabo pronto con él, su cosmo se elevará cada vez más, y podría vencerme.-
-Jejeje, mira esto- dice burlonamente Máscara de la Muerte, mientras apunta con su dedo índice de su mano derecha a los dos canes que acompañaban a Antínoo.

-¿Quisieras ver morir a tus amigos canes?-
-¡¿Qué?! ….. ¡¿Acaso te atreverías a eliminar seres que no tienen nada que ver en nuestra pelea?!
-Jejeje, mírame.-

Una concentración muy grande de energía se acumula en la punta del dedo índice del Caballero Dorado, quien sonríe mientras da su grito de batalla.

-¡¡¡ONDAS INFERNALES!!!-
-¡¡¡Nooo!!!-

Máscara de la Muerte dirige toda esa energía hacia los dos canes, pero Antínoo se cruza en el camino de la mortal técnica, recibiendo de lleno todo ese impacto.

-Ja, sabía que no dejarías que una técnica como ésta golpeara a tus amados canes. Lo que no sabías era que las Ondas Infernales atacan directamente a tu alma, que es separada de tu cuerpo en cuanto las tocas.-

Pero Antínoo ya no responde. Está tirado en el suelo, con la armadura intacta. Su mirada se ha perdido completamente. Los canes que lo acompañaban se lamentan por la muerte de su amo aullando, pero su sufrimiento dura poco, ya que en unas cuantas centésimas de segundo, un veloz rayo luminoso cruza la cabeza de ambos, terminando con sus vidas.

-Moriste por proteger a unos vulgares perros. Jeje, en verdad eras patético. Pero bueno, al menos tendrás toda una eternidad en el Mundo de los Muertos para que pienses en tu estupidez que cometiste.-

El Caballero Dorado recoge su casco y se coloca de nuevo en su respectivo lugar.
-Luego vendré a arrancarte el rostro. No me puedo quedar sin mi medalla, jejeje. Por ahora, debo completar otra misión que se me fue encargada- dice el Caballero de Oro, mientras visualiza en su mente un valle de enormes montañas. Los Cinco Picos.

Fin

Sexto Lugar
Autor: Jotaro Joestar (Jeczman)
Titulo:UN MUNDO FELIZ


“¿Qué eres tu? No importa, si este es el destino de los hombres, el ser destruido por los dioses, por lo menos, levantaré mi puño por última vez. Esa será la prueba de que nosotros los caballeros existimos. ¡Incéndiate cosmos! ¡HASTA EL FINAL!”

Seiya incendia su cosmos hasta el límite, y al brincar, suelta una bomba energética que se siente en todo el ambiente. La luz de la esperanza que vive dentro de su cuerpo se enfrenta contra Apolo en una batalla donde se juega, el destino final de la humanidad. El dios del Sol extiende su mano en dirección a Seiya, y de manera increíble, el tiempo se detiene por completo.

Todo en el universo queda detenido, solo la conciencia de Seiya y la del dios Apolo siguen presenciando el todo. El caballero de Pegaso en la cima de sus poderes a un segundo de estallar todo su milagroso poder, y por el otro, el hijo de Zeus que se acerca hasta Seiya.

“Humano, eres un ser excepcional, sumamente poderoso y de una lengua tan hábil, que has logrado contagiar a mi hermana con tus palabras intoxicantes llenas de emociones. Veo que tú quieres salvar a la humanidad y lograr el sueño de todo ser humano: SUPERAR A UN DIOS. Sin embargo, nadie se preocupa por ti, has luchado incansablemente y no existe recompensa hacia tu persona.”

Apolo le enseña varias imágenes a Seiya, que recorren toda su niñez, hasta la fundación Graude donde la suerte lo hace llegar hasta Grecia, donde se convierte en un Santo de Athena, pasando por las guerras galácticas, las doce casas, el templo marino y el inframundo de Hades.

“¿Ha valido la pena todo ese esfuerzo para que tu, finalmente llegues aquí en este momento y mueras con mi castigo divino?” El santo de Pegaso se confunde por unos momentos, no quiere escuchar las palabras de Apolo, quiere asestar todo el poder acumulado y chocarlo finalmente contra el hijo de Zeus, para así, lograr la salvación de la tierra.

“A pesar de lo que parezca, soy un ser misericordioso, es cierto, los siglos me han cambiado. Ahora veo la realidad de las cosas, y tu persona me tiene cautivado, tal vez hasta extrañado por lo que sea que harás en este momento. Peleas por Athena y por tus amigos, pero y ¿tu? ¿En donde quedas? ¿Qué es lo que realmente sientes?” Seiya quedó mudo sin poder contestar aquella pregunta. “Yo puedo leer tu corazón, no es necesario que me hables, por fin veré que es lo que te hace tan fuerte.”

Seiya comienza a sentirse vulnerable, y los ojos de Apolo destellan una luz infranqueable, que lo cubre todo, hasta revelar los sentimientos verdaderos del caballero de Pegaso.

“¿Athena? ¿Por esto peleas?” Las imágenes de Saori en el corazón de Seiya se van transformando hasta ver al caballero de Pegaso hincado y con la cabeza en alto, viendo a la diosa sonreír.

“Tu lo que quieres es estar al lado de mi hermana, quieres amarla intensamente. ¿Esta es la razón por la cual querías destruir a los dioses? No, aun hay mas.” Los ojos de Apolo vuelven a centellear. Ahora, las imágenes se transforman en sus amigos: Hyoga, Shun, Shiryu e Ikki, todos ellos al lado de Seiya, apoyándolo en todo momento.

“Los humanos son fuertes porque mantienen lazos sentimentales con otros, así, su fuerza se desarrolla y multiplica hasta llegar a niveles impensables, sin embargo, no veo la verdadera razón por la cual sigues luchando. Debe haber algo que no quieres mostrarme.” De repente, Apolo siente los movimientos estridentes del cuerpo de Seiya, hay algo dentro de el que quiere salir expulsado, sin embargo, Apolo con su increíble divinidad vuelve a tranquilizar al Pegaso hasta meterse completamente en sus entrañas.

“¿De que huyes Pegaso? ¿Qué es lo que no quieres que un ser como yo vea?” Los ojos de Apolo se engrandecen y brillan con malicia, sabiendo que el talón de Aquiles del Caballero Pegaso, era por fin evidente.

“Es una pena que tu diosa jamás haya visto esto, caería de vergüenza si lo viera.” Las imágenes que presentaba el corazón de Seiya, eran por fin visibles para el hijo de Zeus, su sorpresa sería mayúscula al no poder creer lo que veía.

“Estoy harto de pelear, harto de luchar, harto y cansado de todo, ¿Por qué no puedo ser feliz? Lo único que quiero, es vivir alejado de las batallas, de los dioses, del Santuario, de toda esta monotonía. Yo solo quiero estar con mis amigos, vivir feliz al lado de Saori. ¿Es mucho pedir? ¡Quiero estar en paz! ¡Quiero vivir lleno de felicidad! Todas estas batallas solo me alejan mas y mas de todo lo que yo quiero. ¿Por qué tengo que ser la última esperanza de todos? ¿Qué no ven que yo también quiero vivir feliz? ¿Por qué TODOS SON TAN EGOISTAS CONMIGO? Yo no elegí vivir esta vida, no elegí ser la esperanza de nadie, si he tomado este camino, es porque siempre he querido ser feliz. Pero nadie me deja serlo, nadie me permite lograr mi objetivo, solo, quiero ser feliz.”

Los caballeros de bronce, los niños en el orfanato, su maestra Marin junto a Shaina, y la diosa Athena, pronuncian al unísono su nombre cientos de veces. “¡Déjenme en paz!” Todos vuelven a pronunciar su nombre mucho mas fuerte y de manera intensa, como un dolor agudo que taladra su cerebro. “Ya no quiero seguirlos escuchando, cállense por favor, ¡CALLENSEEEEE!”

Seiya se coloca en posición fetal, cerrando sus ojos. “Caballero Pegaso, comprendo tu dolor y sufrimiento, los dioses no experimentamos nunca la muerte, y sentimos el pesar de la vida en todo momento. Es comprensible tu hastío hacia la vida, ¿no te gustaría tener una nueva oportunidad? ¿Una segunda oportunidad donde todo fuera diferente? ¿Dónde las cosas fueran como siempre lo has deseado?”

Seiya abre los ojos y mueve la cabeza en son de negación. “No, estas jugando con mi cabeza y con mis sentimientos, este es el momento en el que por fin puedo desaparecer todo y ser feliz con mis amigos, ser feliz con mi diosa y salvar a la tierra del juicio de los dioses.”

“¿Y tu, como sabes que mi juicio afectará negativamente a los humanos? ¿Piensas que borraré la mente de la gente para que viva esclavizada de los dioses? ¿Eso es lo que piensas?”

“¡SI! ¡ASI ES!”

“No puedo culparte, después de todo, sigues siendo humano. Sin embargo, la respuesta está mucho mas cerca de lo que imaginas.” Apolo extiende su mano y de la nada en donde se encontraban ambos, crea una tierra llena de felicidad y dicha. La gente vive en paz, sin guerras, sin penas ni enfermedades. Un mundo donde solo la dicha y la armonía coexisten, cerca de ahí, Seiya observa algo que llama poderosamente su atención. El se encontraba caminando con Saori, la estaba tomando de la mano y detrás de ellos, sus inseparables amigos felices y contentos de ver a Seiya feliz.

“Seiya, hemos sido muy egoístas contigo, queremos que seas feliz, has peleado siempre con tanto ahínco y valor, que lo único que queremos es que vivas con alegría, paz y armonía tu vida, te lo mereces por todo el esfuerzo que has hecho.”

“Shi .. Shiryu”

“Seiya, soy feliz de tener a un amigo que siempre lo sacrificó todo por hacer de este mundo, un mundo feliz, un mundo donde todos ahora viven una época de paz. Todo esto jamás hubiera sido posible de no ser por ti.”

“¡Hyoga!”

“Seiya, te mereces la felicidad, vívela ahora.”

“¡SHUN!” Ikki se acerca a Seiya y le toca el hombro con la mano, gesticulando una sonrisa franca llena de paz. “I … Ikki, también estas aquí.”

“Seiya, por fin podremos ser felices, nada ni nadie podrá separarnos nunca, ¿me escuchaste? ¡NUNCA!”

“Sa .. ¡SAORI!”

La imagen que transmitía Apolo hizo que Seiya derramara lágrimas, y lo llenara de una impotencia inimaginable, la felicidad estaba ahí, enfrente de el. Sin embargo, la misma comenzó a cerrarse lentamente.

“¿Qué pasa? ¿Por qué se cierra?” Apolo cerró los ojos al escuchar a Pegaso al mismo tiempo que le dio la espalda.

“Solo tu puedes decidir el futuro de la humanidad, tienes el poder de salvarla en este momento. ¿Vas a desperdiciar esta oportunidad? La humanidad depende de ti para ser salvada, he ahí el futuro mismo y será tuyo, si tu así lo deseas” Mientras Seiya dudaba, las imágenes iban desapareciendo mucho mas rápido. “¡Oh no! Esta decisión es demasiado difícil para decidirla tan rápido.”

“Esta es la primera vez que le ofrezco a un humano la oportunidad de cambiarlo todo, no pienso repetir mi oferta nunca mas. Si vas a tomar una decisión, hazla ¡YA!” Seiya contempló el oscuro vació donde se encontraba Athena totalmente inmóvil y, repentinamente donde la imagen, que había creado Apolo. Todos y todo se encontraba lleno de felicidad, armonía y dicha. El cuerpo de Seiya tembló mas fuerte que nunca, y sin pensarlo dos veces, se lanzó dentro de la imagen iluminando todo por completo, provocando una explosión impresionante que arrasó con todo lo que había alrededor.

***
Una columna impresionante se erguía en lo alto de unas ruinas arqueológicas recién descubiertas que eran conocidas como el Santuario de Athena, casi hasta arriba de la misma, podían vislumbrarse cinco estatuas de hombres talladas perfectamente, las cuatro primeras tenían expresiones llenas de felicidad, armonía y paz. Sin embargo, la última estatua que se encontraba cerca de la punta tenía una expresión llena de dolor y sufrimiento, con una agonía tal, que, aparentemente nunca cesaría. Muy cerca del rostro de esta quinta estatua, estaba casi imperceptible, el rostro de una bella mujer, su semblante era triste y algunos turistas juraban verla llorar sangre. La gente que merodeaba la zona arqueológica a veces se espantaba, de aquella aberración, ya que, causaba fuertes impresiones en los turistas. Y a veces, a cierta hora de la tarde, se escuchaban unas palabras que cimbraban el corazón de quien estuviera cerca: “¡SAAAOOORIIIIIIIIIIIII! … solo … quería … ser feliz … Solo … quería …”

Fin
peter_seiryuu
No... pos' con razón Arioria86 ganó el primer lugar 035.gif

Los demás trabajos son muy buenos... pero que sigan apareciendo los demás!!! ya me quedé picado leyendo jejejeje

salu2 a todos!
Deeclan
QUOTE(snake de geminis @ Aug 16 2007, 02:36 PM) [snapback]227694[/snapback]

ORALE LOS TRES STAN GENIALES 0bowdown.gif
ELHAZARDMX CONTINUA ESA PELEA SERIA GENIAL no1.gif
FELICIDADES A TODOS 035.gif
BYE 057.gif


Te agradezco muchas tus palabras Snake de geminis, gracias por leer. 57.gif

Pasando a otros comentarios

Hazard, hermano, vos ya sabes lo que opino de vuestro fic, pero creo que no hace daño comentar un poco más por aquí, ¿verdad? Cómo te mencioné, me sorprende gratamente el nivel de escritura que has alcanzado en este punto.

La forma en la que desarrollas a Phendril, su deseo de ser detenido, su incapacidad de detenerse por sí mismo, su frsutración, su travesía que lo hiere cada vez más, todo eso está muy bien plasmado. Mención especial merece la descripción y aparición de Hela, muy bien lograda!!!

Lo único que no me gustó, probablemente por que no me quedó del todo claro, ¿por qué Bud no hizo nada mientras veía como masacraba a la aldea?

Por otro lado, Dios Pan, que buen fic has escrito (que tendrá Phendrill, el condenado está arrasando!!). De verdad que me ha gustado vuestro estilo de escritura, tu estilo de narración. Probablemente haya sido el hecho de que has escrito sucesos que ya todos conocíamos lo que no te ha permitido posicionarte más arriba, pero creo que eres muy talentoso 060.gif

En especial el poema, ¿lo has escrito tú?, me ha gustado mucho. Si es así, ¡felicidades!, es grandioso, muy apasionado. Aprovecho para felicitarte tb por tu participación en el fic comunitario, muy bien narrado, en especial la frase del inicio (la de palabras sabias y pensamientos ignorantes). Nuevamente, si la frase es tuya, me quito el sombrero ante vos.

Por ahora es todo, después vendré a leer los fics de Cano y Jeczman que ya me debo ir (lástima!!, de verda que tengo muchas ganas de leer el fic del amigo Jecz)

Saludos
elhazardmx
Autor: Cano de Sagitario
Titulo: La Misión 035.gif 035.gif 035.gif

WOW!!! Mis respetos Cano, de verdad mis respetos, tu fic fue de lo mejor!! La forma en que DM derroto a Orion fue muy digna del santo de oro mas despiadado!!!
DEbiste haber quedado en uno de los tres lugares, si no que el primero, te lo digo en serio.


Autor: Jotaro Joestar (Jeczman)
Titulo:UN MUNDO FELIZ

Jezcman, hermano mio, la verdad que tu fic esta lleno de contiendas acerca de lo que uno debe hacer y lo que que deberia hacer, vemos a un Seiya confundido. ME gusto tambien, lo demas te mando un PM 057.gif

Autor: Cano de Sagitario
Titulo: La Misión 035.gif 035.gif 035.gif

WOW!!! Mis respetos Cano, de verdad mis respetos, tu fic fue de lo mejor!! La forma en que DM derroto a Orion fue muy digna del santo de oro mas despiadado!!!
DEbiste haber quedado en uno de los tres lugares, si no que el primero, te lo digo en serio.


Autor: Jotaro Joestar (Jeczman)
Titulo:UN MUNDO FELIZ

Jezcman, hermano mio, la verdad que tu fic esta lleno de contiendas acerca de lo que uno debe hacer y lo que que deberia hacer, vemos a un Seiya confundido. ME gusto tambien, lo demas te mando un PM 057.gif
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Sin mas un SPAMAZO bien grande!! 54.gif
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les dejo los siguientes 3, saludos!!:

7º. Lugar
Titulo:Las doce horas de Tales
Autora: Kimi


La Primer Guerra Sagrada. ¿Por qué la más violenta de todas las furias trataba de borrar a Atena de la historia, y a todos los hombres de la Tierra? Simplemente un día los Dioses decidieron atacar el Santuario, destruir a todos sus defensores y volver el planeta un campo muerto.-¿Por qué? - susurró Tales al recordar la devastación que había encontrado en el recinto sagrado.
Siempre había sentido curiosidad por el Santuario. Se preguntaba si se parecería a su Templo del Olimpo, y si los Santos lucirían como los ángeles. Probablemente no, pensaba, porque los ángeles son seres divinos. De todas formas, él quería ver cómo eran. Pero al llegar a Atenas no encontró más que muerte y desolación. Las cosas habían llegado al límite, y supuso que el terreno de la batalla se había movido. Comprendió que si quería llegar a su Señora, debía bajar al mismo infierno por ella. Y lo hizo. Había llegado a territorio oscuro, cargando con él un objeto arrebatado de las manos de Zeus. Debía dárselo a Atena, antes de que todo acabe.
Se encontraba en el mundo de Hades, y recordando lo que había visto en la superficie pudo notar muchas similitudes, como si el Dios de las Tinieblas tratara de hacer de la Tierra una copia de sus dominios infértiles. El pensamiento estremeció a Tales, pero lo que más lo perturbaba era que todo el Olimpo apoyara el ataque... todos querían desaparecer a Atena... ¿por qué?...
Corría a toda prisa por los escenarios oscuros del inframundo, y a cada paso encontraba señales de las batallas que habían sucedido. Cuerpos sin vida, trozos de sapuris, energía suspendida en el ambiente, y la estela mágica y embriagante del cosmo de Atena le señalaba el lugar a donde su Diosa se había dirigido. Podía sentir a lo lejos la tensión generada por el encuentro de dos poderes enemigos... si Atena estaba frente a Hades, él debía apresurarse para llegar a ella...
- ¡Ahh! ¡Maldición...! -gritó dolorido-
Llevó una mano a su hombro derecho y pudo sentir la sangre tibia que no dejaba de manar. Su hombrera estaba destrozada, y el enganche inferior del ala de su armadura se clavaba de lleno en la herida que lo aquejaba. Estaba muy débil, pero no iba a fallarle a la Diosa. Él no.

- ¡AHHH! -gritó, y con rabia arrancó su ala derecha arrojándola al suelo- Volveré por tí más tarde...
Esa era su intención. Una vez cumplida la misión, habiendo alcanzado a Atena, rápidamente tendría que regresar al Olimpo, de lo contrario moriría. Por la voluntad de Zeus, los arcángeles y ángeles menores de Atena no podían abandonar su morada celestial; si ella quería partir hacia la Tierra y ultrajar su naturaleza divina en pos de la humanidad, debía hacerlo sola. Si alguno de ellos intentaba acompañarla, su existencia se consumiría en doce horas. Tales, Pretor de la Sabiduría Exacta, era uno de los siete arcángeles de Atena, escapar de Zeus con vida le había llevado ocho horas, y su cosmo comenzaba a esfumarse.
Tratando de no pensar en el tiempo, continuó su carrera. Los paisajes que ofrecía el inframundo eran cada vez más horribles. No solo la penumbra era deprimente, también lo era el aura tétrica que impregnaba el ambiente y el olor acre de sangre y lodo. Fosas infestas se abrían a su paso, y vapores malsanos se elevaban de ellas. Todo era tan diferente a su Templo olímpico lleno de luz, con fuentes de agua cristalina, flores coloridas... pero... ¿en verdad era tan distinto?... no... ya no lo era... Ahora la morada olímpica de Atena había conocido el olor de la sangre... porque él había sangrado en el Templo de la Diosa... se había arrastrado por el suelo manchándolo de púrpura... y los traidores habían contaminado el aire del lugar con solo respirar en él... pero no pudieron matarlo, y tampoco podrían evitar que llegara a ella...
- ¡¿Qué fue eso?! -una explosión cercana lo sacó de la melancolía-
Apresuró más sus pasos para saber qué ocurría. ¿Acaso aún había luchas? Cuando Tales ingresó al mundo de las tinieblas no halló más que soledad, todo había concluído, excepto el gran choque divino al final del inframundo. Pero un duelo estaba aún pendiente. Avanzó, y pronto llegó a un espantoso lugar, helado, lleno de rostros congelados eternamente, castigados por sus ofensas a los Dioses. Fue allí, en Cocytos, donde Tales pudo ver a un Santo de Atena por primera vez.
En el suelo gélido de la Octava Prisión, el Caballero Dorado de Géminis se desangraba terriblemente tiñiendo de rojo el hielo. Su armadura estaba muy maltratada, pero Tales aún pudo apreciar la belleza del ropaje. Creyó que el Santo estaba muerto, pero movido por una voluntad de hierro, el herido intentaba ponerse de pie, como si quisiera seguir peleando. A unos metros de él, un ser siniestro sonreía con malicia, mirando con ojos de desprecio al caído... evidentemente estaban en medio de un combate. Tales espiaba en silencio, no esperaba encontrar una situación semejante. Él debía llegar a Atena pronto, si no lo hacía ella no vencería a Hades, y la Tierra que protegía moriría. No había opción, tenía que evadirlos, buscar la forma de abandonar el escenario y seguir su camino a la Diosa. Solo tenía poco más de tres horas para cumplir su misión y regresar al Olimpo, de no hacerlo él desaparecería también.
- ¡Radamanthys! -exclamó inesperadamente el Santo Dorado- ¡No voy a morir sin antes acabar contigo... como lo hice con ellos...!

¿Que? ¿Acaso seguiría peleando en esas condiciones? Tales no comprendía a los hombres. No entendía la valentía por momementos estúpida que habitaba en sus corazones. Él era el arcángel custodio de la sabiduría de exactitudes, todo lo medía, lo pesaba, y en sus cálculos no cuadraba la desproporción existente entre el arrojo de los hombres por sus metas y la inferioridad de los poderes con los que contaban. Miró un poco más lejos y pudo ver a otros dos como Radamanthys destrozados en el suelo... ¿Cómo pudo un simple Caballero dejarlos así? Con mucho esfuerzo sin duda, pero ahora no tendría la misma suerte, porque si bien el Kyoto estaba herido también, podría acabarlo con un próximo golpe.

- ¡¿Qué haces?! -preguntó el juez infernal al ver al Dorado nuevamente de pie- Podrías haber muerto en paz... ahora... ¡Tendré que hacerte pedazos!

El Dorado estaba de pie, elevando su cosmo como si su cuerpo pudiese resistirlo. El muchacho sabía que moriría, pero no iba a hacerlo sin antes matar al último juez que le quedaba. Los Santos de Atena no se rinden, y él iba a buscar un espacio para dar su último arrebato de energía...
¡¡ GREATEST CAUTION !! -exclamó con fuerza Radamanthys-

Un ataque de magnitud impresionante, que efectivamente hubiese destrozado al debilitado Santo, de no ser porque Tales interrumpió su recorrido, desviándolo lejos. El Caballero de Géminis se quedó inmóvil, asombrado de lo que veía, con sus manos elevadas al cielo pero conteniendo su ataque. Radamanthys abrió grande sus ojos, no esperaba que alguien torciera su terrible energía con la misma naturalidad con la que se voltea la página de un libro. Tampoco pudo reconocer la armadura que cubría el cuerpo de Tales, y notó que a pesar de su manifiesta decadencia, ese sujeto que ahora lo miraba fijo era más poderoso que él...

- ¡Tú... quién demonios eres...! -preguntó entre fastidiado y maravillado por la aparición de ese extraño que emanaba un aura muy particular-

Tales se paró soberbio frente al kyoto. De todos los arcángeles de Atena él era el más orgulloso, siempre dispuesto a discutir todo, cuidadoso en su lenguaje y su modales. Su rostro era tan sobrio como sus palabras, y su refinamiento cautivaba musas, ninfas, e incluso Diosas. Pero ahora era diferente, porque había tenido que dejar su sabiduría a un costado y el pecho se le había llenado de nuevas sensaciones. Los rayos de Zeus le habían quemado la piel, las heridas abiertas le ardían, y su boca sabía a sangre. Todo en su mundo se había trastornado, y lo había trastornado a él, al punto de que ahora él era un fugitivo, un fuera de las nuevas reglas impuestas. No, él no era el mismo, y la soberbia en su mirada no nacía de su perfecto ingenio, sino de su más baja pasión de guerrero.

- Mi nombre es Tales, Arcángel de Atena -contestó emocionado- ¡Y los arcángeles... no somos demonios...!

El calor se apoderó de él. Su cosmo ardía sin control, y su destrozada armadura brillaba amenazante, aún viva por la sangre de Atena que alguna vez la había bañado. No iba a permitir que ese oscuro personaje de Hades matara a un Santo Dorado de la Diosa. No... Ahora comprendía por qué ella amaba tanto a los hombres. Recordó que una horas atrás, al sobrevolar un río que se debordaba por causa de un terremoto que había quebrado su cauce, vió a un hombre que ayudaba arriesgando su propia vida a una decena de personas atrapadas en una embarcación a la deriva. En ese momento no había comprendido la escena, pero ahora sí, porque veía al Caballero de Géminis venciendo sus limitaciones, defendiendo la vida de todos a costa de la suya. Esa era la escencia de los hombres, y él quería sentir por una vez ese dulce abandono que conlleva la decisión de hacer lo correcto, en lugar de hacer lo conveniente. Tales sabía que si usaba lo que quedaba de su cosmo decreciente para eliminar al kyoto, podría llegar a Atena, pero aunque tuviese tiempo no tendría fuerzas para volver al Olimpo. Pero eso ya no importaba... daría su vida por Atena... y por los hombres que ahora él también amaba.
- ¡PARALEL'S THEOREM!

Como un hermoso pentagrama vertical y luminoso, líneas plateadas se dibujaron en el aire encerrando la figura temerosa de Radamanthys, que no podía mover sus miembros. Quedó suspendido entre las luces, y al Santo de Géminis le hizo pensar en un ave enjaulada, porque en verdad las líneas parecían las rejas de una prisión. Tales daría el golpe final que aceleraría su propio fin, no iba a dejar a un Santo de Atena en manos de ese infame...
- ¡La Tierra pertenece a Atena... la Diosa de los hombres! ¡AAHH!

Con un golpe seco las manos de Tales dibujaron paralelas que atravesaron las líneas que encerraban a Radamanthys. Ahora no parecía una jaula, pensó el Santo Dorado que observaba todo fascinado, ahora era un luminoso tablero de ajedrez. En su confusión, creyó por un momento que la cuadrícula se separaba en el aire. Pero no era su imaginación, Tales había cruzado las luces haciendo que el cuerpo del Kyoto se cortara en pequeños pedazos. El enorme tablero estalló, y los trozos de Radamanthys cayeron al lodo como fichas de damas arrojadas por un mal perdedor.
El Caballero estaba de pie, y clavó sus ojos en Tales que trataba de recuperar el aliento. No sabía nada de arcángeles, pero pudo reconocer la calidez de la propia Atena en su cosmo...

- Ve con ella... -dijo el Santo Dorado agotado cayendo de rodillas al suelo- ¡Ve por mí y sálvala!

Tales quería llorar, pero no tenía tiempo. Él también estaba en las útlimas, por lo que se encaminó pronto hacia los Campos Elíseos. Antes de abandonar Cocytos volteó hacia atrás...

- ¿Cómo te llamas Caballero? -preguntó con la garganta ahogada-

- Amigo... mi nombre es Celión, Santo Dorado de Géminis...

Tales llevaría ese nombre en su corazón hasta la muerte, y mientras atravesaba los últimos pasajes del inframundo algunas lágrimas rebeldes escapaban de sus ojos. Un inmenso muro surgió frente a él, y supo que tendría que saltar en ese inmenso agujero que se abría amenazante. Atena estaba del otro lado, cerró sus ojos, y se arrojó a lo desconocido. Cayó en un remolino interminable de luces y sombras, y sintió temor de ese entorno caótico. Al llegar al final de la confusa dimensión, sus sentidos aturdidos no lograban reponerse del caos. Débil como estaba, dio algunos pasos a tientas y poco a poco sus ojos comenzaron a percibir la belleza casi olímpica que lo rodeaba. Los Campos Elíseos eran más hermosos de lo que había oído, y a medida que los recorría se maravillaba de cada flor, de cada fuente, y de las ninfas que atemorizadas espiaban su paso ocultas detrás de las columnas. Su cuerpo destrozado quería dejarse caer en ese prado mágico, pero un horrible dolor sintió su alma... Atena había sido atacada por Hades...-¡Espérame Atena!-gritaba mientras corría hacia el último Templo. Corría sintiendo aún el dolor de la Diosa. Cuando llegó a la entrada del recinto de Hades atravesó la puerta como un rayo e ingresó enloquecido buscándola. Y la encontró...
- Atena...-dijo al verla en el suelo, mientras tres Santos Dorados atacaban a Hades-

La Diosa levantó su mirada hacia Tales, y la sonrisa más hermosa de todas se dibujó en su rostro. Sus ojos brillaron emocionados, porque jamás pensó volver a ver a sus ángeles alguna vez. Recordó sus tiempos en el Olimpo, los días en que ella y su séquito custodiaban la sabiduría del universo, el tiempo feliz en que no había guerras entre pares.

- Tales ¿Quién te ha hecho eso? -preguntó dulcemente al verlo tan malherido-

- Mi Señora... -apenas llegó a decir el ángel y se desplomó-
Atena corrió y lo tomó en sus brazos. Notó la liviandad de su cuerpo. No faltaba mucho para que su arcángel dejara de existir. Tales logró sacar lentamente el objeto que ocultaba en su pechera, y la Diosa se asombró de verlo sano y salvo...

- ¡Mi... armadura! -exclamó Atena a punto de llorar- ¡Mis ángeles han luchado para traerla a mí!

"Mis ángeles" Tales no supo qué hacer. Si decía la verdad le rompería el corazón a Atena, y si mentía sería un cómplice de sus hermanos. El corazón le iba a estallar, quería gritar todo lo que había vivido en el Olimpo, desahogarse con ella... pero no pudo. Los ojos de la Diosa rebosaban de emociones, y reflejaban el amor que sentía por sus antiguos defensores. No podía romper esa felicidad diciéndole la espantosa verdad.
Los siete arcángeles de Atena habían experimentado un dolor fatal al saber que ella partiría a la Tierra para cuidar de los hombres. Se sintieron abandonados, y no comprendían cómo la Diosa podía dejarlos a un lado por la humanidad, ese conjunto de bestias condenadas a la autodestrucción. Pronto el dolor se volvió rencor, y ese fue el terreno fértil donde la conjura creció sana y fuerte. Poco le costó a Zeus volver a los ángeles ateneos de su lado, y lograr que sustrajeran del Templo de la Sabiduría la armadura divina de la Diosa para ocultarla. Tales no participó del robo, pero no había hecho nada para impedirlo. Por eso la culpa le quemaba el pecho, y por eso se arriesgó a morir por recuperarla. La armadura de Atena debía estar en manos de Atena, aunque la usara para proteger a los hombres, ellos no tenían el derecho de quitársela.
¿Cómo confesarle algo tan horrible a ella, que era la causa de su propia existencia? No lo haría. Ella nunca sabría que su Templo había sido manchado de sangre, que sus seis hermanos habían tratado de matarlo cuando intentó hacerlos recapacitar. No le diría que ellos la odiaban, que avalaban el ataque de Hades, y que habían jurado lealtad a Zeus cuando ella aún estaba en el olimpo. No. Él no iba a decir nada... de sus labios no saldría una sola palabra que borrara la dulce mirada que Atena le estaba obsequiando...
- Sí... hemos luchado por la armadura... -dijo exalando su último aliento- Por tí... Atena... juntos por tí...
Una lágrima de la Diosa cayó en los labios del ángel redimido. Tales sonrió al sentirla, y sus ojos se cerraron. Atena lo dejó reposando en el suelo, y con los ojos aguados se puso de pie para enfrentar a Hades. El ángel terminó de desaparecer, y su rostro se esfumó con una sonrisa, porque lo último que había visto eran los ojos de Atena y su lágrima había borrado el sabor amargo de la sangre. En su mente surgió la imagen de sus seis hermanos. Se dio cuenta que había guardado silencio para no herir a su Diosa, pero también para cubrirlos. Porque a punto de extinguirse su cosmo, los recordaba como alguna vez habían sido... hermosos y nobles... fieles...
Ellos que eran su propia sangre... ellos se habían equivocado... pero él los amaba... y murió llevándolos en su corazón... hermanos... eternamente.

Nota del autor: la palabra "arcángel" fue solo utilizada con el propósito de definir la jerarquía del protagonista en el Templo Olímpico de Atena, y carece de connotaciones religiosas. Los nombres de sus hermanos eran: Solón (Pretor de la Sabiduría Política), Bias (P. de la Sabiduría Elocuente), Quilón (P. de la Sabiduría Bélica), Periandro (P. de la Sabiduría Estratega), Cleobas (P. de la Sabiduría Cifrada), y Píato (P. de la Sabiduría Jurídica).

FIN

8º. Lugar
Autor: Cronos
Titulo: EL LLANTO DEL DRAGÓN DEL NORTE



- Un atardecer hermoso, sin lugar a dudas.
- Si. Más si lo contemplas desde la orilla del mar, Sorrento.
- Los niños hoy estuvieron muy contentos, incluso uno de ellos tiene buenas habilidades interpretando.
- Pero nadie como tú para hacer magia con esa flauta…
- Señor…
- Julián… soy Julián…
- Si… Julián… yo…
- Dime…
- Estás guerras… ¿Cuándo van a terminar?
- No lo sé amigo… no lo sé…

Sorrento tomó su flauta, y junto a la brisa del mar, y con las olas de acompañantes, empezó a tocar, una melodía hermosísima.

- El Concierto del Mar de Jean Claude Borelly – dijo Julián – simplemente hermoso.

El Sol descendía al compás de la música, y las olas bailaban suavemente, agradeciendo el concierto que sonaba en su honor.

Entonces algo sucedió, Sorrento dejo de tocar, y con la flauta aún cerca de su rostro, buscaba con sus ojos la causa de su preocupación.

- ¿Sucede algo? – preguntó Julián.
- Esa cosmoenergía… no puede ser él…- contestó el general marino.

A lo lejos se venía venir a alguien, causante de tal cosmoenergía que tanto preocupaba a Sorrento. Se trataba de…

- Pe…pero…
- General Marino de Siren, ¿Ahora tartamudeas?
- ¡Sigfried! ¡Tú estabas muerto!
- ¿Muerto? ¿Yo? Soy inmortal, ¿No lo recuerdas?
- Pero eso es una leyenda…
- Jajajajaja ¡Frente a ti esta la leyenda!

Mientras tanto, Julián quién permanecía viendo todo, tomó la palabra.

- No puedes venir y atacar así como así… la guerra ya ha terminado.
- ¿Cuál guerra? ¿La que provocaron tú y tus generales? ¿La que hizo sufrir a mi gente y por la que murieron mis amigos?
- Sigfried… tú…
- Y tú Sorrento… ¿Recuerdas aquel día?
- ¡Detente Sigfried! – gritó Julián
- No… - comenzó a decir Sorrento – Sigfried pelea por su honor, vamos Sigfried… ¡Demuéstrame tu honor!

El hasta ahora apacible mar se enfureció al ritmo de las dos grandes cosmoenergías que ahora se enfrentaban. Sorrento permanecía inmutable, no se movía ni un centímetro. Cerró sus ojos, y esbozó una pequeña sonrisa.

- ¿Acaso no piensas vestir tu escama? – preguntó el asgardiano.
- No es necesaria Sigfried. Muere junto con la hermosa melodía de muerte… ¡Dead End Symphony!
- ¡Eso no va a funcionar nuevamen…!

La melodía comenzó su ataque, el dolor causado era directamente proporcional a la belleza de la música.

- No otra vez… argh… Acabaré contigo primero, ¡Dragon Breath Blizard!

Recuerdo:
"Te diré una cosa Pegaso, cuando ejecuto mi Ken, mi brazo izquierdo baja un poco, una milésima, no una cienmilésima de segundo; por lo tanto no tendrás oportunidad, no será tan fácil como con tu amigo Shiryu ya que su Ken deja descubierto su corazón una décima de segundo. Te daré una oportunidad de ver a través de mi Ken, pero te advierto que serás destruido como tu amigo."

- ¿Qué clase de ataque es ese contra un General Marino? ¿O se te olvidó lo que sucedió aquella vez? – decía Sorrento mientras tenía su mano clavada al pecho de Sigfried.
- No…argh…
- ¿Así pretendías demostrar tu poder? – dijo sacando súbitamente la mano ensangrentada del pecho de su adversario, y de esta manera el último cayó en la arena.
- Vamos Julián, mañana será un nuevo día y…
- ¡Espera! ¡Esto no ha terminado!
- Imposible. Deberías estar muerto.
- Te dije que frente a ti estaba una leyenda – y diciendo esto, corrió hacia el general y tomó la flauta con la mano derecha.
- ¡¿Qué pretendes?! Esa flauta es indestructible.
- ¡Waaaa! – con un grito incontrolable Sigfried partió la flauta.

Sorrento no daba crédito a lo que veían sus ojos, su flauta, ahora partida en pedazos. Los trozos cayeron en la arena, el rostro del general marino se empalideció mientras observaba a Sigfried que caía de rodillas, exhausto.

- Mi flauta…
- Lo siento Sorrento, no podría atacar a un hombre indefenso… pero tú… ustedes… Poseidón…
- Sigfried…
- No te lo puedo perdonar… ¡Muere Sorren…!

Una extraña cosmoenergía empezó a irradiar Sorrento, el mismo Julián estaba paralizado, hasta que se dio cuenta, que no podía oír ni sentir nada, estaba sordo e inmovilizado.

- Sorrento… ¿Qué haces? ¿De qué me proteges? – pensaba Julián.
- “Encantamiento del Mar” – dijo Sorrento en voz casi imperceptible.

Del mar surgieron no una, sino cientos de sirenas, hermosas ninfas del mar, que venían al llamado hecho por el General del Atlántico Sur.

- ¿Sirenas? ¿Piensas detenerme con sirenas? Creo que al romperte la flauta te has vuelto loco Sorrento.

Una a una las sirenas empezaron a cantar, un canto hermoso y asesino, un canto melodioso y terrorífico. Sigfried quedó inmóvil, su rostro demostraba miedo e incertidumbre.

- No puedo moverme…
- Yo si fuera tú, me preocuparía por algo más que el movimiento…

Fue entonces cuando lo sintió, su sangre hervía, era como si por su torrente sanguíneo viajará fuego.

- ¡Aaaargh! – los gritos eran cada vez más fuertes.

Y más fuertes eran los cantos, y más fuerte era el dolor, que se incrementaba, pero por alguna razón, los mismos cánticos no dejaban que perdiera el conocimiento. Y fue entonces cuando Sigfried comenzó a sangrar. Cada vena, cada vaso capilar estalló debido a la alta temperatura. Produciendo que la sangre le brotara en forma líquida a través de sus ojos, nariz, boca. Incluso de forma gaseosa, desde todos sus poros. La armadura se tornó en un rojo vivo, un rojo fuego.

- Ríndete Sigfried… no mereces este sufrimiento… - le decía Sorrento.
- Ja…Jamás me rendiré…
- ¡Tonto! ¡¿Por qué lo haces?!
- Por Asgard…

Y detrás de Sigfried nació una figura, gigantesca como su mismo cosmo que ahora era mayor. Mayor que el del mismo Sorrento. Y la figura chilló, y debido a la sangre derramada, que ahora funcionaba como combustible, todo ardió en llamas, incluyendo el mar. Y las sirenas huyeron despavoridas.

- Fafnir… - dijo Sorrento.
- ¡Odin Sword! – atacó Sigfried.
- ¡De nada te servirá ese ataque! – respondió Sorrento conteniendo el mismo con sus manos.
- Si me servirá – le susurró al oído, y lo tomó por la espalda.
- Era una trampa…
- ¿Una trampa? Más bien un capricho. Me enteré que tocabas para los niños. Eres bueno Sorrento…
- Ahora me dices que soy bueno, pero al mínimo movimiento moriremos los dos.
- Yo…
- Hazlo Sigfried…
- Perdóname…yo…
- ¡Hazlo!

Y estallaron los dos, en millones de partículas, que fueron absorbidas por el mar, por la arena y por el viento. Y se escuchó que las olas hablaron, era el espíritu de Sorrento:

- Bien hecho Sigfried…

Por un instante, Julián Solo, que había recuperado sus sentidos, volvió a ser el Señor de los Mares, tomó los restos de la flauta, y esta se recompuso. Se dio cuenta entonces que alguien lo veía, entonces volvió a ser el empresario marítimo de siempre.

- Niño… ¿Quién eres tú?
- Disculpe señor, ¿Dónde está el Señor Sorrento? ¿Por qué tiene usted su flauta?
- Tú eres ese niño del que habló…

Los niños hoy estuvieron muy contentos, incluso uno de ellos tiene buenas habilidades interpretando.

- El señor Sorrento ha…
- No lo digas…
- El nos tocaba hermosas melodías.
- ¿De dónde eres?
- De Asgard señor…
- Toma la flauta, tus amigos te necesitan. Te acompaño.

FIN.

9vo. Lugar
Autor: Pedro Seiryuu
Titulo:El último viaje de Shun



¿Alguna vez se han preguntado el destino que les están preparando las estrellas? Él sí. Se preguntaba su destino mientras descansaba en su camarote de la embarcación Nautilus dirigiéndose hacia Japón.

- Hermano...

Esa palabra se escapa de sus labios. Después de la batalla contra Poseidón, su hermano Ikki había desaparecido como era costumbre suya hacerlo. Cierra los ojos recuerda sus últimas palabras fuera del templo del Dios:

- No soy de andar en grupos –le dice mientras se aleja sin voltear.

Abre los ojos para quitar de su mente ese recuerdo. “Estará bien” piensa. Y en efecto, el caballero del Fénix es muy capaz de estar por su cuenta. Shun nuevamente cierra los ojos, y otra imagen aparece en su mente: Boston.

Boston, Massachussets. Días antes.

Han pasado unas cuantas semanas desde que el templo submarino fuera destruido y el alma de Poseidón fuera devuelta a su sueño eterno. Seiya, Hyôga, Shiryu, Ikki y Shun se han separado. Después de derrotar a un Dios, todos desean descansar. Seiya se dirige al orfanato de la fundación Graude a buscar noticias de su hermana. Hyôga va a Siberia para estar cerca de su madre. Shiryu vuelve a 5 picos con Shun-rei y su maestro. Ikki desaparece y Shun decide ir de viaje a USA.

Shun se encuentra en esta ciudad del estado de Massachussets visitando museos, recorriendo las calles, tratando de llevar una vida normal... Pero es imposible tratar de olvidarse de ello cuando en su espalda lleva una carga pesada... una caja de Pandora, la caja de la armadura de Andrómeda.

Uno de esos días, estaba en una cafetería disfrutando de un delicioso latte. Sentado en una mesa que parecía de esas de jardín, la cafetería daba un aire de tranquilidad. Él estaba relajado. Tenía tiempo que no sentía esa tranquilidad. Las batallas lo habían hecho olvidar lo que era el sentirse así. La Revuelta de Saga de Géminis, Asgard, Poseidón...

- Tiempos de paz –toma un sorbo de su café y levanta su mirada al cielo estrellado-... ¿Cuánto tiempo estaremos así? –toca su caja de Pandora que tiene a su lado.

De repente, una estrella fugaz pasa por el cielo, luego otra y otra... Una lluvia de estrellas comienza. El espectáculo es muy hermoso, las personas se detienen y observan con detenimiento la maravilla natural. Shun baja la mirada y bebe otro sorbo de su café. Súbitamente, la energía eléctrica se va y todo queda en penumbras.

La gente no se asusta, puesto que un apagón no es nada del otro mundo debido a que cuando esto sucede, la energía vuelve en seguida. Mientras la energía volvía, continuaban disfrutando del espectáculo natural.

La lluvia de estrellas termina y la energía aún no se reestablece, lo que provoca que las personas comiencen a preocuparse. Shun estaba colocando su taza en la mesa cuando de repente siente una cosmoenergía negativa que casi provoca que derrame su café. Rápidamente se levanta, toma su caja de Pandora y sale corriendo del lugar rumbo al origen de la cosmoenergía. Dos explosiones ocurren a lo lejos, Shun las escucha, el suelo retiembla por la onda de choque. La gente comienza a correr desesperada. Detrás de una colina, se veía el resplandor de llamas. A lo lejos se escuchaban las sirenas de los camiones de bomberos y los gritos de las personas aterrorizadas tratando de alejarse del origen del fuego.

Shun llega al lugar y ve como la planta eléctrica de Boston fue destruida. Mientras él corre hacia la planta, la gente choca con él. Un policía lo toma del brazo.

- Sir, you’re going the wrong way! It’s very dangerous there! (¡Señor, va en la dirección equivocada! ¡Es muy peligroso por ahí!).
- I don’t care (no me importa) –le dice Shun al mismo tiempo que se libera de la mano del oficial.

El policía corre alejándose del lugar. Shun se acerca y ve como los bomberos luchan por sofocar el fuego. Sin que nadie lo vea, salta la malla de seguridad y corre con sigilo hacia un área que ya fue apagada y que se encuentra sola.

El panorama era horrible. Cuerpos por doquier. Algunos carbonizados, otros con pedazos faltantes. Shun nunca se había imaginado estar en un lugar así. Coloca su mano sobre su nariz tratando de cubrir el olor a carne y cables quemados.

Sigue caminando, tratando de localizar al portador de esa cosmoenergía tan negativa. De repente, de las sombras sale una persona con una túnica negra. La oscuridad de la noche sólo permitía ver lo que la luna iluminaba. Su rostro estaba oculto, pero su presencia era intimidante. Shun traga saliva, pero se anima a hablar:

- ¿Quién eres?
- ¿Eres un caballero de Athena?
- ¿Cómo sabes de los caballeros de Athena?
- Tu olor te delata... hueles al Santuario en Grecia.

Shun queda petrificado. ¿Cómo era posible que supieran de él y su relación con el Santuario?

- ¿Quién eres? –replica Shun.
- ¡JA JA JA JA! ¿Quieres saber quién te enviará al otro mundo? Está bien...

Con un movimiento rápido, el extraño se quita la túnica y deja ver su cuerpo, el cual estaba cubierto por metal... una armadura, negra como la noche. Fácilmente se podía perder de vista en la oscuridad en la que estaban, si no fuera por la luna que era reflejada por ella.

- ¿Un... un caballero negro? ¡Creí que habíamos acabado con ellos cuando la isla de la Reina Muerte fue destruida!
- Je... sólo una parte de ellos fueron destruidos. Muchos escaparon o ya estábamos en otros lugares cuando Reina Muerte desapareció.
- ¡Oh no! Entonces… personas inocentes pueden sufrir los ataques de estos guerreros renegados
–piensa Shun mientras se coloca en pose de batalla.
- Caballero, ¡muéstrame tu armadura!

El guerrero lanza un rayo de su mano derecha directamente hacia Shun, quien lo esquiva realizando un salto mortal hacia atrás. Cae en cuclillas y entonces desabrocha las correas de su caja de Pandora y ésta cae al suelo. Rápidamente jala una cadena que posee la caja y ésta se abre, dejando ver una armadura roja, mostrando la estatua de una mujer amarrada con cadenas.

- ¡Ven a mí, armadura de Andrómeda!

La estatua se desensambla y se coloca en el cuerpo de su portador: piernas, rodilleras, peto, brazos, hombreras y tiara. La armadura se encontraba en muy mal estado debido a la última batalla contra el Dios de los mares.

- ¿La armadura de Andrómeda? He escuchado historias sobre ti… pero de todas maneras no podrás hacer nada contra mí: ¡Ryo, el guerrero del Lobo Negro!
- No quiero luchar… pero deberé de hacerlo. No puedo permitir que este crimen quede impune. Yo, Shun de Andrómeda, ¡lucharé!
- JA JA JA JA JA no me hagas reír… con esa armadura rota, ¿qué puedes hacer? Toma esto ¡La furia del Lobo Negro!

Varios rayos con forma de cabeza de lobo se dirigen rápidamente hacia Shun, quien levanta su brazo izquierdo:

- ¡Vamos cadena! ¡Defensa Rodante!

Todos los rayos de Ryo son detenidos por la defensa que provee la cadena de Andrómeda. La cadena vuelve a su posición original y Shun mira fijamente a Ryo.

- ¡Eres un niño estúpido si crees que me derrotarás!
- ¡Ya te lo dije! No quiero pelear, pero no dejaré que quedes sin castigo. ¡Te llevaré ante Athena y recibirás la sentencia que te mereces!

Ryo corre directamente hacia Shun y le lanza un puñetazo que Shun esquiva moviéndose a un costado, pero Ryo rápidamente reacciona y gira sobre su eje, para lanzarle un golpe con el antebrazo izquierdo a Shun, quien apenas y logra cubrirse con sus dos brazos, pero la fuerza de Ryo es brutal y es lanzado contra un muro y cae sentado al suelo.

- Vaya… Escuché que Andrómeda, junto con Cisne, Dragón, Fénix y Pegaso lograron varias hazañas… ¡Inclusive derrotar a un Dios! Pero para mí que solamente son leyendas urbanas.
-hace tronar sus dedos-. Entonces yo también me volveré leyenda al derrotar a uno de esos 5… ¡JA JA JA JA JA JA!

Ryo se ríe por un momento más y cuando dirige a su mirada hacia Shun, se da cuenta de que éste está rodeado por su cadena en forma de espiral…

- Eso luce como…
- La nebulosa de Andrómeda –Shun se pone en pié-… Mi cosmoenergía está a tope y la cadena me protegerá. En este momento, ningún enemigo puede atacarme sin resultar seriamente herido o incluso muerto.
- ¡Patrañas! ¡Colmillo de Lobo Asesino! –Ryo comienza a correr rumbo a Shun.
- ¡Tonto! ¡Cadena de Andrómeda!

De la mano derecha de Shun salen cientos de cadenas que parecen rayos de luz, los cuales atacan a Ryo, quien los esquiva sin dificultad. Salta sobre la espiral con forma de nebulosa y continúa esquivando los ataques. Es entonces cuando llega a su objetivo, tomando a Shun del cuello con su brazo derecho y sujetándolo contra la pared, dejándolo a una altura que sus pies no tocaban el suelo, le costaba respirar.

- ¿Y bien? ¿No que me ibas a dar mi merecido y darme el castigo que me merezco? ¡Eres un charlatán nada más!
- No... ¡no te saldrás con la tuya! ¡Te llevaré con Athena!–Ryo aprieta más el cuello de Shun- ¡Ught!
- En ese caso, deberás llevarle mi cadáver... –sonríe confiadamente- Bien, creo que es hora de acabar contigo, ¡muere, caballero de Athena! –comienza a acumular energía en su brazo izquierdo- ¡Furia de lobo ne... Arght!

Ryo observa su brazo izquierdo y ve como un hilillo de sangre fluye alrededor de él; por un momento deja de apretar fuertemente el cuello de Shun y éste aprovecha la confusión para levantar sus piernas rápidamente y golpear con todas sus fuerzas a Ryo, lanzándolo lejos de tal forma que chocara contra la pared de un edificio que estaba consumido por el fuego causad