Como mencioné en el post del torneo de fanfics, por error escribí la 3era parte del fic. Por eso lo que verán a continuación, es lo que hubiera sido publicado si yo hubiera escrito después de Cronos en el grupo 3.
Se aceptan críticas constructivas (pero tampoco se manden mucho ehhh!!!)
Saludos a todos!
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Saeta de Fuego
"Después de esta noche, nuestra amistad se habrá perdido"
Capitulo (III)
Duelo
- ¡Excalibur!
Fue lo que escuchó Aioros detrás de él. Sintió como una ráfaga lo perseguía. Por escasos centímetros logró esquivarla. Se detuvo y volteó. Fue entonces que se dio cuenta de que el suelo estaba cortado. Era un corte fino, causado por una espada de leyenda.
- En realidad tiene un poder devastador –pensó Aioros-. ¡Shura! ¿Es que acaso estás loco? ¡¿No te das cuenta de que ésta bebé es la Diosa Atena?!
Shura observaba la escena desde lo alto de un risco. La fresca brisa nocturna hacía que su capa ondeara, al igual que su cabello se meciera.
- Esa no es Atena -fríamente responde-. El patriarca la salvó antes de que tú le hicieras daño. Supongo que robaste el bebé de alguna familia. No puedo creer que hayas llegado tan bajo. ¡Yo me encargaré de tu castigo, Aioros! ¡Excalibur!
Shura movía su brazo derecho en varias direcciones, realizando cuatro cortes distintos. Aioros apenas logra esquivarlos. La presión de la caja de Pandora dorada sobre su espalda, ocasionaba que siguiera brotando sangre de su herida. Hubo una breve pausa en los ataques y Aioros, escondido detrás de una roca, coloca a la bebé en el suelo.
- Por favor, quédate aquí –Aioros la observó. Al mirarla, le inspiró una ternura y amor que lo obligaba a protegerla. Ella, en su inocencia, le sonrió.
Aioros se levantó y salió frente a Shura. Lo miró a los ojos y vio la determinación en su mirada. Sabía que no había nada que pudiera decir o hacer que cambiara la opinión de su camarada dorado.
Inmediatamente, colocó la caja dorada en el suelo. La sensación de no tener que sostener la caja en su espalda lastimada provocaba cierta liberación. Entonces tomó una cadena que salía de ésta y la jaló con todas sus fuerzas. La caja se abrió y una luz muy brillante emanó de ella. Shura entrecerró los ojos para no ser deslumbrado por la misma.
De la caja salió una estatua con forma de un centauro. Aioros fue elevado por los aires y la estatua fue convertida en piezas, piezas de una armadura dorada. Brazos, piernas, peto, falda, alas y casco fueron colocados en su cuerpo lastimado. El sonido del metal tocando el suelo se escucha. La luz brillante desaparece y Shura ve a un Aioros imponente vistiendo su armadura dorada de Sagitario.
- No quiero hacer esto, Shura.
- Pero ya lo hiciste. Cometiste el mayor acto de traición.
- Yo no –suspira, resignado-… es inútil que lo diga…
- Ríndete Aioros. Serás condenado a permanecer en la prisión de los traidores: Cabo Sunión.
- ¿Tú crees que quien me ha inculpado se quedará tan tranquilo enviándome a Cabo Sunión? Él no descansará hasta asegurarse de que su secreto desaparezca. ¡El Patriarca no es quien dice ser!
- ¡¡Calla blasfemo!! ¡Ya no hay marcha atrás, te asesinaré ahora mismo!
Shura se lanza hacia Aioros y cae al suelo realizando su técnica Excálibur, cortando el suelo. Aioros logra esquivarlo moviéndose hacia la izquierda y dando un salto hacia atrás. Mientras iba realizando el salto mortal, ve un peñasco que no duda en utilizar y se impulsa con sus piernas para lanzarle un golpe a Shura en el rostro, lanzándolo hacia otro muro de piedra y rompiéndolo.
Por la mente de Aioros pasó por un instante la idea de que el combate estaba terminado, que Shura había sido derrotado, pero rápidamente fue sacado de sus pensamientos al ver el ataque de Shura salir expelido desde el fondo del muro y apenas moviéndose a un lado para sufrir en un brazo el corte realizado por Excalibur.
Shura sabía que Aioros no era un oponente fácil, después de todo, había sido uno de los dos candidatos a reemplazar al Gran Patriarca. Pero su honor como santo dorado le obligaba a luchar. Además, tenía una ligera ventaja: Aioros no estaba al cien por ciento bien, había sido herido por el Patriarca.
Una vez más, ambos guerreros se observaron entre sí. La brisa mecía sus cabellos, Shura se había deshecho de su capa al haber sido estropeada cayendo dentro del muro.
- Tú una vez fuiste mi mejor amigo, casi un hermano –dice Shura-. Por eso es que no tendré consideraciones.
- No esperaba que lo hicieras –replica Aioros mostrando una sonrisa sincera.
- ¡Excalibur!
- ¡Pulverización infinita!
Shura realizó un movimiento vertical con su brazo derecho, provocando un haz de luz que iba cortando todo a su paso. Aioros por su lado, concentró toda su energía en sus manos y, cuando la energía fue demasiada para ser contenida, realizó un movimiento rápido con sus manos provocando que esa esfera se convirtiera en cientos de flechas de luz.
El ataque del santo de Capricornio fue destruido por el poder de Aioros y los cientos de flechas llegaron a su objetivo: Shura, quien es lanzado al suelo.
Aioros da media vuelta y se dirige hacia donde estaba la bebé. Cuando busca detrás de la roca, se da cuenta de que la pequeña diosa Atena no estaba.
- ¿Dónde… dónde está?
Aioros busca desesperadamente a Atena, pero no logra encontrarla. De repente, escucha detrás de él una risa infantil, la risa inocente de una niña. Cuando voltea, ve que la niña se acerca a Shura y le sonríe. Éste le sonríe de vuelta y mira desafiantemente a Aioros.
El santo dorado de Sagitario suda incontrolablemente del miedo. La adrenalina corre por su cuerpo, se olvida de su herida ocasionada por Saga. Lo único que tenía en mente era el bienestar de la pequeña que en este momento parecía estar en riesgo.
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