Android
Jul 27 2007, 02:21 AM
En este tema se publicará el fanfic comunitario del Grupo 3. Solamente esta permitido postear los participantes que pertenecen a este grupo que se les informara por PM y/ o mail, y cuando se haya finalizado, a los jueces. Cualquier otra persona que postee aqui opinando, haciendo spam, etc, sera penalizado en el concurso.
Adelante y buena suerte, fanfickers.
Dios Pan
Jul 30 2007, 02:22 AM
Saeta de Fuego
Un día, alguien me dijo con palabras sabias:
"Todo terminará alguna vez"…
Yo sé, con pensamientos ignorantes, que:
"Todo continuará, por siempre"…
Capítulo I
Entendimiento
La mirada de los dos hombres se conectaba mecánicamente en la oscuridad, la sorpresa en ambos rostros era evidente; la diferencia radicaba en la expresión. Mientras uno, el joven de cabellos dorados; era de sorpresa. El otro, de cabello gris; denotaba miedo súbito, como si acabara de ser golpeado por una realidad terrible.
Y no era para menos la sorpresa en ambos, pues Aiolos acababa de descubrir a su colega ¡a su amigo! Al que había jurado lealtad y le constaba, tenía un corazón puro. Pero, ¿Qué hacía intentando victimar al ser más importante para los humanos, si apenas había nacido?
En Saga, su sorpresa fue por el miedo, miedo a que lo hayan puesto al descubierto. Sus planes, su servilismo, sus crímenes estaban por ser divulgados y no esperaba poder él solo, detener al Santo Dorado de Sagitario. A pesar de tener igual rango entre la elite áurea.
En ese momento, Saga intentó llenarse de valor al pensar que Aiolos y esa inmunda chiquilla, querían quitarle el poder que tanto le había costado conseguir, el poder que era de él únicamente, ese poder que sólo él; un hombre íntegro, sabio y fuerte, sería capaz de aplicarlo con justicia ¿Acaso no era el hombre destinado a convertirse en Dios?
Entonces, su pensamiento voló hacia una figura que había olvidado. No por el tiempo, sino por la repulsión. Saga recordó a su hermano gemelo, y vio en los ojos de Aiolos a ese hermano, que le decía: “Eres malo Saga, lo sé” y ese pensamiento chocaba con la voz que había escuchado en su interior algún tiempo atrás “Tú mereces gobernar el mundo, no esa chiquilla”. Los ojos de Aiolos de nuevo se confundieron y se miró a él, como si fuera un espejo, de nuevo en el rostro de su hermano “¡Eres tan malo como yo, Saga” y una estridente carcajada resonó en su mente, estaba a punto de desquebrajarse su alma, y su hermano se presentaba ante él, como una burda pantomima de los Dioscuros. Idénticos, pero tan distintos a la vez.
Aiolos por su parte, recordó los momentos compartidos con Saga; su compañero, ¿su amigo! no le pasaba por la mente que aquel hombre que tanto respetaba y hasta admiraba, fuese un traidor. Mucho menos que intentara acabar con la vida del hermoso bebé que llevaba en brazos. Pero sólo para asegurarse habló primero, necesitaba convencerse de que no era una situación real, así que rompió el escaso segundo de silencio y conmoción.
-¡Pero si tú… Eres un Santo! –Sus palabras apenas sonaban audibles y aún incrédulas. En verdad tenía que estar seguro. Pero el otro pareció recobrar el aliento después del duro golpe emocional y físico, que había recibido. Con más calma y embargado del sentimiento de injusticia y poder que embriagaba cada fibra de su ser, contestó con seguridad y hasta despotismo.
-Así es. Y ahora tú, Aiolos; no debes vivir, ¡No puedes vivir! –Al terminar la frase, una ráfaga dorada salió expulsada de su mano (La voz en su interior, le decía que ya era tarde. Debía cumplir con ¡Su! Destino) y Aiolos solamente pudo darle la espalda para recibir el impacto. Sin pensarlo, saltó por la ventana que ahora tenía enfrente y su cerebro le dio la respuesta que no quería saber “es él” se dijo a sí mismo con profunda aflicción en su ser.
Una técnica así, debería haberlo derribado, pero él sintió como si su fuego interno, fuera agitado por el viento que Saga había lanzado. Provocaba en el guerrero de la flecha un fulgor como el que producen las llamaradas al ser azotadas inclementes por el aire, en un intento de apagarlas; pero que sólo consiguen avivar su espíritu y provocar un incendio.
-¡Guardias! –Se escuchó el grito desde la sala de Atena –Aiolos es un traidor ¡Intentó matar a Atena! –Decía Saga, mientras se colocaba la máscara que había resbalado de su rostro, debido a la potencia del golpe que el Santo de Sagitario le propinó momentos antes de intentar acuchillar al bebé con una daga de oro. La cual, aún brillaba tenuemente en medio de la oscuridad y bajo los pies de saga.
Aiolos intentaba aclarar su mente mientras corría con el bebé que era Atena; en ese instante y sin aminorar el paso, observó su mano y sólo entonces sintió una leve punzada que era acompañada de brillante líquido escarlata, manando abundantemente. Pero eso era lo que menos le preocupaba ahora, debía escapar porque los gritos de Saga habían alertado a los guardias. “Tonto” pensó. “Si me hubiera quedado, quizá los guardias se dieran cuenta de lo que realmente sucedía y habrían notificado que el Santo de Géminis, llevaba puestas las túnicas del Patriarca y que algo no andaba bien. Hasta ese momento pudo reflexionar por el Patriarca, el auténtico Patriarca ¿Qué había sido de él? ¿Cómo es que Saga llevaba puesta su ropa? “No, ¡Eso no!” Su imaginación se daba vuelo y ahora podía cavilar lo sucedido. Pero Saga no podría asesinar al Patriarca para después intentar hacerle lo mismo a Atena.
Había algo que se estaba perdiendo ¿Por qué, un guerrero y un hombre tan ejemplar como Saga, podría querer librarse del líder de los Santos y de la Diosa a la que se supone tiene que defender?
Unos guardias salieron al paso, justo cuando Aiolos estaba por cruzar las doce casas, si al menos uno de los Santos de Oro pudiera verle. Le explicaría lo ocurrido y después irían a ver personalmente a Saga, para pedirle explicaciones. Pero los que estaban allí, eran guardias y no había de qué discutir con ellos. Su fe ciega y su incapacidad para leer la cosmoenergía, no les hacían candidatos a explicaciones; así que Aiolos simplemente se deshizo de ellos con facilidad, procurando no matarles.
Seguía corriendo, las escaleras deberían estar terminando y él tendría que estar cruzando la zona lateral de la casa de Aries. Estaba desesperado por huir, recibió un golpe sin sus ropajes de Sagitario, tenía la mano lacerada y había atravesado las doce casas como una flecha en busca de su destino. Todo procurando que el bebé que protegía, siguiera sin un rasguño.
Después de dejar atrás las casas del Santuario y a punto de salir, volvió a pensar con claridad, diciéndose a sí mismo que era un idiota, que ahora sí sería declarado como traidor y que seguramente mandarían Santos de Plata a exterminarlo. Los guardias contarían la versión de saga y él sólo podía seguir huyendo.
Por un breve instante, le dieron ganas de parar y regresar, quizá si le vieran con Atena. Pero apenas meditaba en esto, aminorando su marcha, cuando una voz se escuchó delante de él…
FIN DEL CAPÍTULO...
Cronos
Aug 2 2007, 07:54 AM
(Mil disculpas por problemas técnicos no pude mandarlo ayer. De todas maneras lo agrego, esperando que sea aceptado)
-¿A… Aioros…?
-Shura…
-No… no puedes ser tu… no tu…
-¡Tienes que ayudarme! El Patriarca…
-¡Cállate! ¡Eres un traidor! – Una lágrima corrió por la mejilla del santo de Capricornio. Se la enjugó, sintiendo un enorme pesar.
“-Buenos días joven guerrero”
Aún recordaba esos días, en especial ese día cuando conoció a su amigo.
“ -Buenos días joven guerrero – fueron las palabras de Aioros hacia un joven que pateaba rocas con furia y gritando. - ¿Por qué tan molesto?
-¡¿Qué te importa?! – respondió gritando aquel niño, no sin antes darse cuenta de quién le había hecho la pregunta.
-¿Así le hablas a los mayores?
-D…disculpe señor Aioros, ¿Cuál es mi castigo?
-¿Castigo?
-Si… le falté el respeto, merezco que me castigue, es más, merezco la muerte.
-¿La muerte? No mi joven amigo, no puedes morir, te necesito para practicar mi puntería con el arco…
-Se…señor…
-Sólo es broma, dime, ¿Cuál es tu nombre?
-Me llamo Shura
-Shura, bonito nombre, no eres de aquí, ¿O me equivoco?
-Vengo de España.
-Caramba, viniste desde España a entrenar en Grecia. Debes tener buenos motivos para dejar a tu gente y venir a dar tu vida en tierras desconocidas.
-¡Lo hago por la paz, el amor y la justicia!
-¿Paz, amor y justicia? – Me parece demasiado trabajo para una sola persona. – dice Aioros guiñándole un ojo a Shura.
-Es mi deber, seré un caballero y salvaré al mundo de todos los males. Debo proteger al mundo.
-Shura, hace años yo pensaba igual que tu… ¡Y lo sigo haciendo! Lástima que alguien se nos adelantó…
-¿Quién?
-Athena…
-Ci… Cierto… pero es que ella…
-Es una diosa así es, la que nos protege. Ella es la que lucha por la paz, el amor y la justicia en el mundo. Es ella quien tiene esta guerra imposible contra aquellos que nos quieren destruir, contra ellos que sólo ven la maldad y no ven la bondad, aunque sea poca.
-Entonces yo… ¿Qué debo hacer?
-Dar tu vida por ella, protegerla. Enfrentarte a todos quienes quieran atacarla. Ser uno de los caballeros que luchan por esa justicia que tanto quieres.
-Yo no seré uno de esos caballeros…
-¿Por qué Shura?
-Yo seré el caballero de Athena, no uno más, seré el más digno de sus guerreros. Juro que doy mi vida por ella, lo juro por las estrellas del firmamento, y si algún día no cumpliera mi palabra, que las mismas estrellas sean mi verdugo.
-Tus palabras son fuertes… pero sabias… Vamos Shura…
-Si señor, ¿Vamos a entrenar?
-Bueno yo pensaba a comer… pero ya que insistes, si quieres ven conmigo y entrenas un rato con mi hermano Aioria.
-Será un placer señor…
-Llámame Aioros…”
-Aioros… Aioros… ¿Por qué Aioros? ¿Es que acaso ahora eres un demonio? ¿O siempre me mentiste?
-Shura… mis palabras no son suficientes. Pero te demostraré que no es así, mira… Athena está conmigo.
-Ella no es Athena…
No era posible lo que escuchaba el santo de Sagitario, todo parecía una pesadilla, un sueño bizarro. Le dio la espalda a Shura, y corrió lejos, sin rumbo, sin pensar.
Deeclan
Aug 4 2007, 10:43 AM
Saeta de Fuego
capitulo por Deeclan
“En la fugacidad de la vida, se encuentra su propia dolorosa eternidad”
Capítulo III
La diosa de los ojos tristes
¿Cuánto tiempo había corrido ya? ¿Habían sido horas?... no, aún se encontraba demasiado cerca del Santuario, no pudieron haber sido más que sólo algunos cuantos minutos; entonces, ¿Por qué se sentían tan eternos?
Había echado a correr apenas notó un asomo de duda en el santo de Capricornio, sin reflexionar en el testimonio que tal acción habría formado en la mente de su antiguo amigo. Lo cierto es que nada de eso importaba ahora, de la misma manera que no importaban sus heridas o la sangre que manaba nublándole la vista.
No, lo único que importaba era el bienestar de la diosa, aquella diosa que lo miraba con esos ojos violetas que le transmitían seguridad y confianza.
-Que Shura, Aiolia y todo el Santuario me perdone-se dijo a sí mismo el santo de Sagitario- Jamás permitiré que le pase nada a este bebe, así me cueste mi… ¡Un momento!
Aiolos frenó en seco, estudiando bien el terreno en el que se encontraba, había escapado tan rápido en la oscuridad de la noche que no había notado a dónde lo llevaban sus pasos.
“Cabo Sunion”-pensó el guardián de la novena casa- “No puedo ir ahí, quedaría atrapado entre el mar y los guardias, jamás lograríamos escapar.”
Se disponía a cambiar de dirección cuando una poderosa sensación se apoderó de él. Aiolos se percató de que no era la primera vez que la sentía. Más firme, menos sútil, pero no había duda, esta era la misma sensación que había sentido momentos atrás, cuando sintió la urgencia de ir a la cámara del Patriarca, razón por la cual logró llegar a tiempo para salvar a la diosa.
Era la misma sensación que lo había incitado a huir ignorando sus heridas una vez descubierta la identidad del falso Patriarca. Era una sensación tan cálida y reconfortante pero que a la vez no permitía ser discutida, debía proseguir su camino a Cabo Sunion. Aiolos volteó a ver a la pequeña en sus brazos.
-¿Tú?-preguntó no sin cierta incertidumbre. Una afable sonrisa fue toda su respuesta.
Lentamente y con la mente inundada de dudas, Aiolos se dispuso a proseguir su camino hacia la prisión submarina, pero apenas había dado algunos pasos cuando detuvo su camino en seco una vez más.
-¡No puedo!- Y esta afrenta sorprendió al mismo Aiollos, ¿Acaso estaba dudando de la voluntad de su diosa?-¡No puedo llevarla allá!, ¡Es demasiado peligroso!, ¡Diosa mía, espero que alguna vez pueda perdonarme!
Aiolos cambió el rumbo de sus pasos. Comenzó a correr en dirección contraria a Cabo Sunion. Esa poderosa cosmoenergía lo comenzaba a invadir nuevamente, esta vez más regia, más insistente que antes, pero la llegada de otro personaje detuvo la discusión de los prófugos.
Los momentos de vacilación de Aiolos probaron ser fatales para ambos, Shura de Capricornio se encontraba frente a ellos, y esta vez portaba su armadura.
Y así, mientras los cosmos dorados chocaban una y otra vez, la pequeña niña desviaba su atención de Aiolos para postrar sus ojos en el firmamento. Distraídos como estaban los dos contendientes, no notaron la poderosa cosmoenergía que se agitaba desde lo profundo de los mares y que se destinaba hacia Cabo Sunion.
No, nadie jamás sabría, aparte de ella, que en ese momento Kanon, el gemelo repudiado a quien tantas veces había salvado de perecer bajo las aguas, encontraba el tridente de Poseidón y era convocado ante el señor de los mares.
De la misma manera, nadie jamás sabría que había sido justamente el haber condenado a su propio hermano a esa prisión lo que había menguado la voluntad del santo de Geminis, y que fue gracias a ello que la esencia maligna en su alma se había apoderado de él.
Nadie jamás sabría que sólo Kanon podía ayudar a Saga a resistirse a la maldad, pero era ya demasiado tarde. Ahora que Kanon había aceptado el papel de un shogun marina, no habría forma de convencerlo de ayudar a Saga.
Y así, la pequeña niña comenzó a llorar, pues sabía que la batalla que se desarrollaba frente a sus ojos sólo podía ser el preludio de una nueva era de guerras santas. Tal vez la más cruel de todas, pues esta vez serían los hermanos, los amigos, los compañeros de entrenamiento, quienes se encargarían de dispensar la muerte entre sus tropas.
El Santuario ahora le pertenecía a Saga, y ella, apenas una bebe, no podía hacer nada para evitarlo. Si quería recuperar su Santuario y proteger al mundo, debía encontrar nuevos guerreros, y esta vez no los encontraría en el Santuario.
Y así la niña continuó llorando, mientras frente a ella, su hombre más leal intentaba atravesar con la espada divina que ella misma le diera, al hombre que había sacrificado todo por protegerla.
Y sólo las estrellas lo sabrían.[size=5]
JoseLeo
Aug 7 2007, 03:11 AM
Saeta de Fuego
Capitulo Final por JoseLeo
“Mi vida es para ustedes… Shura y a mi Diosa… Athena”
Capitulo IV
La expiación de un amigo
Dos grandes amigos que luchaban por los mismos ideales, ahora son enemigos.
Por un lado el joven Aiolos de Sagitario, por el otro Shura de Capricornio… el primero portaba el ropaje cotidiano que los residentes del sagrado Santuario de Athena. El segundo portaba su glamorosa armadura dorada y un largo manto de charmeau bicolor que ondeaba sutil y delicadamente con el aire.
Aiolos se encontraba entre la espada y la pared pues su mejor amigo después de Saga estaba parado enfrente suyo dispuesto a matarle siguiendo las ordenes que el falso Patriarca le había dictaminado y la única forma de poder salvar a la bebe Athena del cruel destino que le esperaba permaneciendo en el Refugio era, derrotarlo y seguir en su huida. Pero sabía que Shura no tenía la culpa de lo que estaba pasando en el Santuario y solo estaba cumpliendo su deber y como tal no sería justo lastimarlo por hacer lo que debería de hacer.
- ¡¡Aiolos!! – Exclamó enérgicamente el guardián del décimo templo del Zodiaco - ¡nunca te creí capaz de cometer un acto de traición! y lo peor de todo… es que te refugias detrás de un inocente bebe para poder escapar.
- Amigo Shura ya te lo había dicho, este bebe es la Diosa Athena a quien todos los Santos debemos proteger. Y la razón por la cual la llevo conmigo es porque alguien intento atacarla en sus aposentos – contesto de manera serena ante las acusaciones de Shura.
- ¡¡Calla!! – gritó de manera concluyente para detener la explicación de su amigo – se me ordenó darte muerte por tu pecado y por más que seamos amigos… – Shura eleva su brazo derecho mientras sus dedos permanecían unidos formando una espada – …no puedo permitir que sigas viviendo, toma esto… ¡¡EXCALIBUR!! – bajando su brazo a la velocidad de la luz, varios destellos dorados que cortan el aire salen en dirección de Aiolos quien se limita a esquivarlos.
- ¡¡Detente por favor Shura!! – le pidió efusivamente a su amigo mientras continuaba esquivando sus ataques que eran disparados sin parar por Shura.
El Santo de Sagitario seguía esquivando los ataques pero a cada momento le resultaba más difícil y en ciertas ocasiones la filosa espada rasgaba su cuerpo. Mientras eludía los ataques, Aiolos hacía todo lo posible para que Athena estuviera a salvo, por lo que más de una vez tuvo que recibir en su espalda los poderosos ataques de Shura.
- Solo hay una forma de evitar que Shura sea castigado si no cumple su cometido y a la vez……… me ayudará para poder proteger a Athena – la mente de Aiolos se encontraba distraída pensando en su plan que no pudo observar con claridad una ráfaga Excalibur y esta termina impactando en él.
Cayendo de forma tal que el sagrado bebe no sufriera ningún daño, Aiolos se encontraba en el rocoso suelo preparando su estrategia – ¡¡Toma esto Shura… “TRUENO ATÓMICO”!! – Aiolos lanza su ken hacía su amigo quien rápidamente coloca sus brazos delante suyo y recibe de lleno el ataque el cual lo arrastra varios metros lejos de Aiolos.
Ésta situación es aprovechada por el Santo de Sagitario para esconder a la bebe Athena detrás de un pequeño montículo de rocas – Athena mi diosa, juro que volveré por ti – las palabras de Aiolos hacen reír inocentemente a la nena quien recibe una caricia en el rostro por parte del Santo Dorado.
- Esto va por ti mi amigo – las palabras susurrantes de Aiolos solo son escuchadas por él quien al momento de terminarlas salta hacia la colina donde Shura se encontraba. Mientras Aiolos estaba en el aire, el Santo de Capricornio reacciona rápidamente y dispara su ataque el cual impacta en el mal herido cuerpo de su amigo.
Al instante, Shura da un gran salto hacia Aiolos y dando un pequeño giro queda sobre la cabeza de este y le propina un potente talonazo en el rostro que manda al arquero dorado a estrellarse sobre el terreno rocoso donde anteriormente estaba. Tan fuerte fue el golpe que la inercia llevó el cuerpo mal herido de Aiolos a deslizarse hasta el borde de un precipicio.
Sujetándose solo con su brazo izquierdo Aiolos queda a la merced de Shura quien ya se encontraba presionando la mano con la cual se sostenía. De manera inocente la Diosa se acerca gateando al lugar donde sus dos guardianes combatían. Shura se da cuenta de ello y la mira de reojo – No… no le hagas nada Shura – le suplicó agonizante Aiolos, a lo que Shura respondió – Yo no estoy aquí para asesinar a un infante… sino por ti… ¡¡ADIÓS MI AMIGO!!!
Shura levanta levemente su pie y rápidamente lo baja para asestar un certero golpe a la mano de Aiolos, pero este se suela antes de que Shura lo tocase. Cayendo al precipicio, el Santo de Capricornio sabe que él no ejecutó a su amigo, pero aun así se siente satisfecho por haber hecho lo que hizo. Antes de retirarse el Santo llamado más fiel a Athena pretende ejecutar a la bebe Athena, pero cuando su brazo se encontraba en lo más alto y dispuesto a lanzarle su ken… Shura se detuvo y se marchó sin mirar atrás.
Pasaron unos minutos y en la majestuosa bóveda celeste llena de brillantes estrellas, una estrella fugaz dorada proveniente del Templo de Sagitario se dirige hacía el lugar donde había sido victimado Aiolos.
Tras unas varias horas, un moribundo Aiolos llega hasta unas ruinas en la ciudad de Atenas y para poder esperar pacientemente su muerte, el Santo de Sagitario deja el pesado cofre de su armadura dorada y con la divina diosa en sus brazos se recuesta.
Una respiración agitada y los llantos de desesperación de la infante Athena que parecían llamar la muerte; traen la atención de un hombre de cabello canoso quien al acercarse al lugar observa al moribundo joven.
Con su último aliento Aiolos le narra su historia a al extraño hombre y al entregarle a la bebe, el joven que se sacrificó no solo por Athena, sino también por un amigo… muere. De esa forma inicia una nueva Guerra Santa en el siglo XX.
Esta es una versión -reducida (lo-fi)- de nuestro contenido. Para ver la versión completa con mas información, formato e imágenes, por favor
haz click aquí.