La historia es sobre como los tres tenshis del Tenkai (Ikarus, Tesseus y Oddyseus) protegen el Olimpo de unos invasores provenientes de la época del Mito.
Sí, se les inventó unas técnicas... pero es que las que mostraron en la película del Tenkai Hen son... bueno... aparte de pocas, poco atrayentes...
Me basé en la mitología... pero también realicé unos pequeños cambios...
Hay una frase en latín... yo no sé latín, así que hice lo que pude jejejeje
Espero les guste, está relativamente largo, ya que son 19 páginas de Word... entonces... pues... no sé si viole una regla... porque es solo un capítulo... pero si hay algún problema, díganme como lo podría solucionar...
Si lo llegan a leer, dejen algún comentario... las críticas o cumplidos siempre son bien recibidos.
Sin más por el momento, los dejo con... Los Argonautas
***
En la oscuridad de la noche, miles de estrellas cubren la bóveda celeste. La luna brilla con todo su esplendor, el Olimpo está en paz. Todos se encuentran en una cena. Celebrando la dicha que cubre al paraíso de los Dioses.
A lo lejos, en la cima de una colina, se encuentran los tres mensajeros principales de los Dioses: Ikarus, Tesseus y Oddyseus. Ikarus y Oddyseus estaban sentados y Tesseus se encontraba al lado de ellos de pie. El viento corría serenamente, una brisa amenizaba el ambiente. Los tres se encontraban observando el lugar, vigilando que todo estuviera como debía ser.
- La luna brilla mucho –dice Oddyseus.
- Sí, de hecho, la señora Artemisa está muy radiante en la cena, su belleza opaca a la misma Afrodita. El abrigo que trae la hace ver muy hermosa –dice Ikarus.
- Que no los escuche Eris o la fiesta acabaría en un instante con sus discordias –dice Tesseus.
Todos ríen. Ikarus se calla por un momento y piensa en lo que acababa de hacer. Reírse significaba sentir alegría, algo que había dejado de hacer, pero que poco a poco comenzaba a darse cuenta no era nada malo. Estaba inmerso en sus pensamientos, cuando de repente Tesseus lo interrumpe.
- Miren: una estrella fugaz –dice señalando al cielo.
- ¿Saben? Esa no es una estrella común y corriente. De hecho, se dirige… ¡Se dirige hacia donde está la fiesta! –dice Ikarus exaltado.
Los 3 se dirigen volando a toda velocidad hacia el templo donde la cena se estaba llevando a cabo, pero no logran llegar a tiempo, el meteoro hace contacto con el templo de la Luna, rompiendo el techo y cayendo en la mesa frente a la Diosa Artemisa. Los mensajeros llegan y ven la conmoción. Artemisa se acerca al meteorito, que se encontraba ardiendo, Eolo sopla sobre el mismo y éste se enfría, mostrando que era una esfera de cristal con un papel dentro.
- Hefestos, ¿podrías utilizar tus herramientas para abrir este mensaje? –dice Artemisa.
- ¡Claro! –dice Hefestos tomando uno de sus martillos.
Hefestos le da un golpe pero no se rompe. Eris suelta una carcajada, pero rápido se calla, puesto que todos la miran extrañados. Nuevamente el Dios toma su martillo, concentra su energía y le da un golpe con todas sus fuerzas a la esfera.
Hefestos quita su martillo de la esfera, que lucía intacta, pero de repente, unas grietas aparecen y cada vez se expanden más y más hasta que la esfera explota con un resplandor cegador. Cuando la luz desaparece, un pergamino se encuentra flotando frente a todos. Los tres tenshis se acercan. Tesseus lo toma y lo lee en voz alta:
“Χρυσομαλλος”
(Crisomallo)
(Crisomallo)
Todos los Dioses miran el pergamino con cierto asombro, algunas ninfas comenzaron a susurrar entre sí. El resto estaba en silencio, viendo primero al pergamino, que desapareció en un instante. Acto seguido dirigieron su mirada hacia Artemisa, quien, seria e imponente como siempre, se dirige a todos:
- La fiesta ha terminado, retírense a sus aposentos, quiero estar sola.
Todos comenzaron a retirarse, incluidos los tenshis.
- Ikarus, Tesseus y Oddyseus, ustedes quédense.
Los tres asienten y se quedan. La diosa comienza a caminar al lado de la mesa donde todos comían y extiende su brazo derecho sobre la mesa y sigue caminando.
- Hay que desaparecer esto –dice Artemisa
Su cosmoenergía comienza a brillar al mismo tiempo que toca la mesa y todo lo que había en ella se desvanece.
- Síganme –les dice.
Artemisa se dirige a su trono se quita su abrigo dorado y lo coloca en un pedestal que se encontraba al lado de ella.
- ¿Alguno de ustedes tiene idea de lo que ese pergamino quería decir? –les pregunta mirándolos seriamente. Los tres niegan con la cabeza. – Bien, hace siglos, en la época del Mito, existió un héroe que junto con sus 50 guerreros pasó grandes travesías a lo largo del planeta. Todo por conseguir la piel de un carnero dorado.
- ¿Por qué buscaba ese carnero, mi Señora? –pregunta Tesseus.
- Para poder reclamar su reino en la antigua ciudad de Yolcos, su hermano, quien había usurpado el trono, le ordeno buscar al carnero dorado y traer su piel para darle su lugar como rey.
- ¿Y lo consiguió? –pregunta Oddyseus.
- Sí, después de muchas aventuras y luchar con bestias mitológicas, volvió a su país, entregó el carnero, pero su hermano se rehusó a darle el trono.
- ¿Entonces qué pasó, Artemisa-sama? –pregunta Ikarus.
- Fraguó un plan para engañar a las hijas de su hermano con la ayuda de una hechicera para que asesinaran a su padre. Después de hacerlo, su sobrino lo exilió a él y a su mujer, quedándose él con el poder de Yolcos. Ambos se marcharon llevándose consigo la piel del carnero dorado y viviendo lejos de ese país, donde murió en el olvido de las personas.
- ¿Pero todo eso qué tiene que ver con el pergamino y con el Olimpo? –pregunta intrigado Oddyseus.
- Ésta, mi pequeño (señala el abrigo dorado), es la zalea del vellocino dorado que ese héroe buscó. Y el nombre del vellocino era Crisomallo.
Los tres guerreros se quedan sorprendidos, todo parecía tener sentido ahora. Ikarus se anima a hablar:
- Mi señora, ¿cómo es que usted la tiene?
- Antes de que este héroe muriera, envié a mi mensajero a buscar la piel del vellocino dorado. La piel de este carnero es un precioso abrigo dorado que me hace lucir hermosa. Creo que he pecado de vanidad, pero Afrodita me tenía harta con su egocentrismo, así que de vez en cuando le doy envidia con este abrigo –sonríe la Diosa.
- Entonces, este “héroe” ha vuelto para recobrar su carnero dorado –intuye Tesseus.
- Así parece, por eso ustedes, al ser los 3 guerreros más poderosos con los que contamos los Dioses, deberán detenerlo –les ordena Artemisa.
- Y así lo haremos –afirman los tres.
- Pueden retirarse, mensajeros de los Dioses, descansen, mañana será otro día para poder pensar con mayor claridad en esto.
Los tres guerreros se retiran del templo de la Diosa y se dirigen a descansar.
A lo lejos, en la entrada del Olimpo, se encontraba un hombre alto, de cabello castaño claro largo, su cuerpo era atlético al igual que el de los héroes de la mitología, poseía ojos azules y una armadura dorada con detalles en color azul rey. Su mirada estaba fija en el templo de Artemisa. Se acerca otro guerrero a él.
- Mi señor, sus 50 guerreros estamos aquí reunidos. Hemos venido desde todas partes del mundo acudiendo a su llamado. Cuando usted dé la orden, atacaremos –le dice con una rodilla al suelo y con la cabeza hacia abajo en señal de respeto.
- Gracias, Péleo. Tomaremos a todos por sorpresa cuando estén en lo profundo del sueño.
Se da media vuelta y se dirige hacia su tropa. Se acerca a una mujer hermosa, delgada, su piel era blanca y tersa, su cabello le llegaba a la cintura en una tonalidad azul, sus ojos eran igualmente azules. La toma por la cintura y la besa apasionadamente. Luego le dice:
- Pronto recuperaré lo que por derecho es tuyo Medea, a la vez que gobernaremos este lugar.
- Sí, mi señor… Jasón.
En su templo, Artemisa miraba por una ventana las estrellas.
- Jasón, tú eres uno de los héroes mitológicos. Tendrás un gran poder, pero no podrás con los Tenshis, mientras estén juntos, no los derrotarás.
Artemisa sonríe y se dirige a sus aposentos a descansar.
De nuevo, a la entrada del Olimpo, Medea se encontraba sentada, como si estuviera meditando, brillando con una cosmoenergía que cambia de color.
- Mi señor Jasón, ¿cómo va el hechizo de la señora Medea?
- Tranquilo Áctor, sé que tienes muchas ganas de luchar, pero todo debe hacerse con perfecta precisión, no queremos que el factor sorpresa se pierda, ¿verdad? –le dice Jasón tocándole el hombro derecho.
Áctor asiente con la cabeza y se aleja. Jasón voltea a ver a Medea, quien comienza a levitar y abre los ojos, pero estaban en blanco, entonces pronuncia unas palabras:
- Deus i dormire in to somnium aeternus, ere ordo dinis.
Al decir esto, Medea cierra nuevamente los ojos, desciende nuevamente al suelo su cosmoenergía deja de brillar y abre una vez más los ojos, voltea a ver a Jasón:
- Está hecho, mi señor, los Dioses no despertarán.
- Bien hecho Medea –voltea a ver a toda su tropa-. ¡Ahora escúchenme todos! ¡Es momento de atacar! ¡Recuerden que la cabeza de Artemisa es lo que buscamos!
- ¡Sí! –gritan todos en unísono.
Los guerreros se acercan al portón de entrada al Olimpo. Jasón saca su espada, concentra su energía y lanza una estocada que provoca una explosión que deja a todos sin poder ver por un momento. El estruendo fue tal que todo el Olimpo retumbó. Los sátiros, las ninfas y los centauros se despertaron alarmados ante tal estruendo. Todos fueron a despertar a sus Dioses, pero estaban profundamente dormidos debido al hechizo de Medea, así que los centauros fueron por sus armas para ir a hacer frente a la nueva amenaza.
Ikarus se levanta rápidamente, y se dirige a la recámara de Artemisa, quien se encontraba dormida sin que nada pudiera hacer él para despertarla.
- ¡Maldición! ¿Pero qué es lo que está pasando aquí? –grita Ikarus a la vez que sale del templo de la diosa.
Afuera, se encuentra con Tesseus y Oddyseus, detrás de ellos se encontraba una horda de centauros listos para luchar.
- Artemisa no despierta, ¿cierto? –pregunta Tesseus.
- No, la señora no despierta, pero, ¿cómo sabes tú eso?
- Apolo y los demás Dioses tampoco se despertaron. Esto no es algo normal. Esa explosión despertaría a cualquiera –dice Oddyseus.
De repente, la plática es interrumpida por un sátiro que se acerca corriendo a ellos todo ensangrentado.
- ¿Qué pasa, Mercutio? ¿Por qué estás en esas condiciones? –pregunta Neso, el líder de los centauros.
- Neso… estamos… bajo ataque… han abierto el portón de la entrada al Olimpo. ¡Nos están invadiendo! –dicho esto, Mercutio se desmaya y cae el suelo.
- ¡Llévenlo con las ninfas para que lo atiendan! –grita Neso.
Uno de los centauros lo coloca en su espalda y se lo lleva con las ninfas. Neso se dirige a los tenshis.
- ¿Pero quién sería lo suficientemente estúpido para atacarnos? –se cuestiona Neso.
Los tres tenshis se miran entre sí.
- Estoy seguro que es el supuesto héroe del que nos habló la señora Artemisa ha venido hoy por su piel de carnero dorada –dice Ikarus.
- ¿Piel de carnero dorada? –pregunta Neso.
- Sí, el abrigo que traía puesto hoy la señora Artemisa –dice Tesseus.
- ¿Acaso están hablando de Jasón? –cuestiona Neso.
- ¿Jasón? ¿Así se llama este guerrero? –pregunta Oddyseus.
- Sí, el guerrero que viajó por muchos lugares, pasó muchas penurias y luchó con monstruos mitológicos. El guerrero olvidado –dice Neso.
- Vaya, ya conocemos su nombre. Pero nunca creí que viniera tan rápido –dice Ikarus.
- En ese caso, debemos deshacernos de él rápido –replica Tesseus.
Oddyseus se acerca a Neso.
- Neso, lidera a la tropa de centauros hacia el enemigo. Ikarus, Tesseus y yo protegeremos a Artemisa. Algo me dice que harán todo lo posible por llegar a ella.
- Sí, mi señor Oddyseus –voltea a ver a su tropa-. ¡Escúchenme todos! ¡Lucharemos hasta la muerte por proteger a nuestros Dioses! ¡Vamos a la lucha!
Todos los centauros levantan sus armas y se dirigen hacia el portón del Olimpo, por donde los guerreros de Jasón comenzaban a entrar a pasos rápidos. Tesseus, Oddyseus e Ikarus se separan y se dirigen a diferentes direcciones.
Los centauros llegan frente a los guerreros invasores. Hay un breve silencio que es interrumpido.
- ¡Mi nombre es Jasón! ¡Estos son mis Argonautas! ¡Venimos a reclamar lo que me pertenece y pasaremos por quien sea para recuperarlo!
- ¿Y qué es eso exactamente que te pertenece? – le replica Neso.
Jasón sonríe por un momento.
- Mi vellocino dorado y el trono del Olimpo.
- Eso lo veremos –le responde nuevamente Neso.
Hay una breve pausa, todos se quedan inmóviles, observándose los unos a los otros. El silencio invade nuevamente el lugar. Una estrella fugaz pasa sobre todos, lo que provoca que tanto los centauros como los argonautas se lancen los unos contra los otros en una feroz batalla.
Las espadas se blandían de un lado a otro; su sonido era ensordecedor. Los gritos de guerra se escuchaban a lo lejos. La sangre estaba siendo derramada en el Olimpo.
Lejos de ahí, en una planicie detrás del templo iba corriendo uno de los guerreros de Jasón, un hombre que portaba una armadura plateada cargando una lanza. Un hombre atlético, de ojos verdes y piel blanca. Su cabello largo y rubio se mecía con el viento al correr. Iba corriendo a toda velocidad y de repente varios hilos finos salen del suelo. El guerrero se da cuenta, salta y con su lanza los corta. Cae al suelo sobre sus pies, agachado. Se levanta y mira a su alrededor.
- ¡Vaya, después de todo no son tan inútiles ustedes los Argonautas! –le dice una voz entre las sombras.
- ¡Y ustedes después de todo atacan desde la oscuridad! –le replica.
La voz sale a la luz de las estrellas, era un Tenshi.
- Mi nombre es Tesseus, uno de los 3 Tenshis guardianes del Tenkai. ¿Quién eres tú?
- Yo soy Péleo, uno de los guerreros que acompañan a Jasón.
Los dos se observan por unos instantes, de repente, se lanzan al ataque. Péleo ataca a Tesseus con su lanza, pero éste la esquiva. Tesseus salta sobre Péleo y cae detrás de él, al darse la vuelta le iba a lanzar un golpe, pero tenía la punta de su lanza de éste frente a su rostro.
- Eres muy lento, Tenshi. Ahora, ¡muere!
Péleo ataca, pero Tesseus desaparece. Péleo se da cuenta donde va a aparecer Tesseus y lanza su ataque.
- ¡Lanza de viento!
Cientos de golpes son lanzados, Tesseus comienza a esquivarlos, pero cada vez son más rápidos.
- Jejeje, esta lanza fue forjada por Hefestos en la época del Mito, sus ataques se vuelven cada vez más poderosos, ¡muere tenshi!
- ¡Maldición!
Tesseus recibe un golpe que lo saca de balance, luego otro y otro hasta que es lanzado hasta un muro y cae al suelo.
- Subestimé su poder, ugh –se duele de las heridas-. Pero eso no volverá a pasar. ¡Hilos de Ariadna! –cientos de hilos dorados salen de sus manos y se lanzan hacia Péleo.
- ¡Defensa giratoria!
Péleo gira su lanza a gran velocidad, rechazando todos los hilos de Tesseus.
- ¿Pero qué demo…? –pregunta sorprendido Tesseus.
- Jejeje, no sólo puedo utilizar mi lanza para el ataque, también para la defensa, ¡ahora muere! ¡Lanza de viento!
De nueva cuenta cientos de golpes son lanzados hacia Tesseus, pero éste los esquiva y se mueve rápidamente hacia Péleo, corre en círculos rodeándolo.
- ¡Es tonto que intentes esquivarlos! Sólo te cansarás más rápido.
- ¿Quién dice que sólo estoy esquivándolos? –se detiene, levanta su mano derecha y Péleo se queda inmóvil, sus brazos están amarrados por hilos.
- ¡¿Pero qué…?! ¡¿Cómo hiciste esto?!
- Tú solo viste lo que querías ver, ahora, dile adiós a tus brazos. ¡Hilos de Ariadna!
Tesseus realiza un movimiento con su mano derecha, Péleo grita y ocurre una explosión que deja sin poder ver a Tesseus. Cuando el polvo se dispersa, Tesseus ve a Péleo, éste aún conservaba sus brazos.
- ¿Cómo pudiste escapar de mis hilos de Ariadna?
- Sacrifiqué mi lanza, la destruí y con esa explosión logré soltarme.
- Qué tonto eres al deshacerte de tu única herramienta de ataque.
- ¿Tú crees que era mi única herramienta de ataque? –sonríe confiadamente.
Tesseus lo observa extrañado. Péleo se coloca en posición de lucha, su cosmoenergía se enciende al máximo. Rivaliza, no, es superior a la de los caballeros dorados del Santuario Ateniense. Cuando el cosmos de Péleo estaba en el límite, lanza su ataque.
- ¡Rayo de Coral!
Un rayo multicolor es lanzado hacia Tesseus, quien no lo puede esquivar y recibe el impacto en todo su cuerpo, elevándolo. Entonces Péleo se salta hacia él y le propina decenas de golpes, al final, concentra su energía en su puño derecho y le da un golpe a Tesseus que lo lanza directamente al suelo y lo sumerge en la tierra. Péleo se preparaba para realizar nuevamente el Rayo de Coral, cuando de repente una luz cegadora le impide ver lo que pasa por unos instantes, cuando recupera la visión, voltea hacia todas partes, pero no encuentra al tenshi.
- ¡Arriba de ti, estúpido! –le grita Tesseus, Péleo voltea y con sorpresa ve como Tesseus lo ataca- ¡Hilos de Ariadna!
Péleo es envuelto por completo en los hilos de Tesseus y da un alarido de dolor. Cuando Tesseus cae al suelo, realiza un movimiento brusco con sus manos, haciendo que los hilos regresaran a sus manos. El cuerpo de Péleo cae en pedazos al suelo.
- Fuiste un buen oponente. Ahora, debo ir tras los otros que lograron pasar la defensa de los centauros –dicho esto, Tesseus corre con rumbo desconocido.
En los bosques, iba corriendo un guerrero alto, musculoso, cabello castaño y ojos verdes. Poseía una armadura azul y en su mano derecha cargaba una espada dorada. Iba corriendo, cuando de repente se detiene en una parte del bosque donde no había árboles.
- Sal de ahí. Puedo sentir tu presencia.
- Bien hecho, estar alerta es algo básico en el arte de la lucha –dice Oddyseus mientras sale de la oscuridad.
- ¿Quién eres?
- Mi nombre es Oddyseus. ¿Quién eres tú? Me gustaría saber el nombre de mi próxima víctima.
- Je –le sonríe-. Tú serás mi víctima. Pero déjame presentarme, mi nombre es Heracles.
- ¿Heracles? ¿El mismo Heracles que en la época del Mito era hijo del Dios Zeus?
- En efecto, veo que alguien ha hecho su tarea.
- No olvides que soy un Tenshi. Pero… no entiendo el por qué estás del lado de Jasón y no de Zeus.
- Las leyendas son sólo eso, leyendas. En todas al final, siempre me pusieron un final feliz. La verdad a todo esto es que yo nunca fui aceptado en el Olimpo. ¿O acaso me has visto por aquí? –Oddyseus se queda callado, observándolo- Después de haberles demostrado a todos que yo merecía dejar de ser un semidiós, Zeus me dio la espalda. Todos los Dioses me ignoraron y me dejaron en el olvido. Por eso… ¡por eso me vengaré de todos los Dioses!
Oddyseus bosteza.
- Ajum… ¿Podrías hablar más fuerte? Los violines detrás de tu triste historia no me dejaron escuchar.
- ¡Estúpido! ¡¿Cómo te atreves a burlarte de mí?! ¡Pagarás esta insolencia!
Heracles corre hacia Oddyseus y lo ataca con su espada, pero éste esquiva cada uno de sus ataques, lo que hace que se confíe. En una estocada de Heracles, roza el brazo de Oddyseus, haciendo que dé un salto hacia atrás.
- Creo que no debo confiarme –dice Oddyseus tocándose la herida.
- El exceso de confianza es algo que nunca debe ocurrir en un combate.
- Tienes razón, por eso es hora de atacar en serio –concentra su energía en sus manos- ¡Siente el calor del sol! ¡Lux Ignis Annullare!
Un rayo de gran intensidad y luminosidad se dirige hacia Heracles, quien detiene el rayo con su espada. El rayo era tan caliente que la espada comienza a derretirse, provocando que Heracles la suelte y esquive el rayo.
- ¡Es mi turno! ¡La Ira del Dios!
El cuerpo de Heracles se llena de energía, desaparece y aparece al lado de Oddyseus, dándole un golpe en el rostro que lo estrella contra un árbol. Al ir cayendo, Heracles aparece nuevamente frente a éste y le da un golpe en el estómago que lo lanza por los aires, cuando Heracles aparece detrás de Oddyseus para darle el último golpe, éste reacciona.
- ¡Zenmetsu!
Una explosión de cosmoenergía ocurre alrededor de Oddyseus y provoca que Heracles salga volando. Ambos caen al suelo agachados, se levantan y se miran nuevamente. Heracles coloca sus manos frente a él, una esfera de energía se forma en ellas.
- ¡Toma esto Tenshi! ¡El poder de la Hidra!
- ¡Lux Ignis Annullare!
9 rayos salen de las manos de Heracles, rodean a Oddyseus, estrangulándolo por unos instantes, y explotando, haciendo que éste caiga al suelo boca abajo. El rayo de Oddyseus golpea a Heracles, lanzándolo contra varios árboles, rompiéndolos hasta que choca contra una roca. Ambos se levantan con dificultad, pero Oddyseus es más rápido que él y lanza nuevamente su Lux Ignis Annullare.
Justo cuando el rayo iba a dar en su objetivo, choca contra una barrera invisible.
- ¿Qué rayos pasa aquí? –pregunta Oddyseus enfurecido.
De las sombras se escucha una melodía de flauta. Poco a poco se intensifica hasta que el que origina el sonido sale a la luz. Era un joven guerrero con una armadura blanca con brillos azules. Su piel poseía una tez morena. Aparentaba una edad de 16 años, pero su cuerpo mostraba los signos de un entrenamiento como guerrero, su cabello es corto, negro y sus ojos azules.
- Niño, como te atreves a interrumpir. ¿Quién eres?
- Mi nombre es Hilas, soy escudero del señor Heracles y mi deber es apoyarlo y protegerlo con mi vida si es preciso.
- Bien, en ese caso, deberás hacerlo. ¡Troyan Curse!
Una esfera de energía es lanzada hacia Hilas a toda velocidad, pero es detenida por una barrera.
- ¡Esa maldita barrera de nuevo!
- Jejeje es mi Escudo Estelar. No podrás atravesarla, así que prepárate para morir.
- ¡Jamás! ¡No seré derrotado por un mocoso como tú!
- ¡Canto de las ninfas!
Hilas comienza a tocar una melodía con su flauta. Oddyseus no puede moverse a su voluntad. De repente comienza a sentir pesadez en sus ojos. Cae de rodillas al suelo.
- ¿Pero… qué… es esto? Mi cuerpo… no… responde…
- Es mi ataque especial, tu cuerpo ha perdido su voluntad y se mueve a la mía. Ahora, ¡prepárate!
- Hilas, déjame terminarlo –le dice Heracles colocándose al lado suyo.
- Mi señor Heracles, ¿está bien?
- Sí, Hilas, fue solo un pequeño golpe. Ahora, déjame terminar con él. ¡El poder de la Hidra!
Los rayos se dirigen hacia Oddyseus, pero éste se levanta rápidamente y hace un movimiento circular con su brazo derecho.
- ¡Si tu melodía me mantenía bajo tu poder, no debiste dejar de tocar! ¡Ten Satsu!
- ¡¿QUÉ?! –gritan Hilas y Heracles.
El ataque de Heracles es detenido y lanzado nuevamente hacia él, pero con el doble de poder. Hilas utiliza su Escudo Estelar, pero es destruido por el ataque duplicado de Heracles, dirigiéndose directamente el rayo hacia éste. Hilas se coloca frente a Heracles y recibe el ataque, siendo lanzado hacia su amo.
- ¡NO! ¡Hilas! –dice Heracles mientras lo recuesta en el suelo.
- Mi señor Heracles. Mi misión siempre ha sido el de ser su escudero. Pero quise ser de mayor utilidad y protegerlo. No muero triste, sino feliz de haberlo protegido.
- Gracias, Hilas, tu sacrificio no será en vano.
-Hasta siempre, mi señor Heracles –dicho esto, Hilas muere. Heracles le cierra los ojos con su mano.
Heracles se levanta y ve a Oddyseus con ojos de furia. Enciende su cosmoenergía al máximo y se lanza hacia él. Oddyseus comienza a esquivar sus ataques y a lanzarle golpes también. Heracles le lanza un puñetazo con la derecha, Oddyseus se agacha y le da un golpe con todas sus fuerzas en el estómago, haciendo que Heracles escupa sangre, a la vez que es lanzado por los aires.
- ¡Ahora muere! ¡Lux Ignis Annullare!
El rayo de Oddyseus es enorme y da en el blanco, haciendo que el cuerpo de Heracles sufra varias quemaduras. Cae al suelo casi inconsciente.
- Eres un estúpido. Con esa fuerza es claro el por qué los Dioses te dieron la espalda. No eres más que un puñado de fama. Ahora vuelve al olvido del que saliste y nunca más vuelvas.
Oddyseus se retira de ahí corriendo, Heracles da un último suspiro y muere.
En una zona rocosa, una mujer iba saltando de un lugar a otro, con tal de llegar al templo de Artemisa. Poseía una armadura verde que reflejaba la luz de la luna. En su espalda traía un arco del mismo color que su armadura. Iba corriendo, cuando ve entre las rocas la figura de un hombre parado en una de ellas mirando hacia ella, era Ikarus. A medida que se acerca, se da cuenta de que él estaba apuntando hacia ella con un arco y una flecha, la cual es lanzada a toda velocidad y apenas esquiva saltando a un lado. Toma el arco de su espalda y aparecen dos flechas en su mano, rápidamente las apunta y contraataca. Ikarus también esquiva el ataque.
- ¿Quién eres, que te atreves a pisar el suelo sagrado del Olimpo? –pregunta Ikarus.
- Mi nombre es Atalanta, guerrera del gran Jasón. ¿Y tú quién eres?
- Soy Ikarus, mensajero de los Dioses… y tu verdugo.
- ¡Ja ja ja! Eso quiero verlo –aparece una flecha en su mano- ¡Toma esto! ¡Lluvia de Luz!
Atalanta dispara su flecha y en el aire se transforma en decenas de ellas, Ikarus coloca su mano derecha al frente y todas las flechas chocan contra un muro invisible, volviéndose plumas blancas que desaparecían en el aire.
- ¿Atalanta, dices? ¿No se supone que en la época del Mito estabas entregada a la Diosa Artemisa?
- Esa perra… todos mis logros los ofrecía a la Diosa de la Luna, pero cuando debió haberme protegido, se hizo la desentendida... –dice con una mirada de odio.
- No apruebo que utilices ese vocabulario contra mi señora, pero tengo curiosidad por saber qué fue lo que hizo que la odiaras tanto como para querer asesinarla.
- Yo nunca experimenté el amor, mi pureza de mente, cuerpo y espíritu lo ofrendaba a mi diosa. Así que el día que conocí el amor y me entregué a ese sentimiento, Zeus se enfureció tanto que nos convirtió a mí y a mi amante en leones. ¡Y mi diosa sólo me dio la espalda!
- Bueno, si eres tan fácil como para entregarte a la primera y en el templo de Zeus, es obvio que mereces un castigo.
- ¡¿Qué dijiste?! –dice con una furia que sus uñas crecen simulando garras.
- La historia la recuerdo, aunque no sé por qué, ya que nunca he hablado de la época del Mito con mis señores. Zeus se ofendió por lo que hiciste y te aplicó un castigo justo, te portaste como un animal y debías ser convertida en un animal.
- ¡Estúpido! ¡Zeus es un maldito por no haber entendido que era mi primer amor, mi…!
- Nada justifica el blasfemar –desaparece su arco-. Después de todo, por los Dioses y para los Dioses fuimos creados –comienza a brillar su cosmoenergía- Así que… después de escuchar tu historia, no me queda de otra más que terminar contigo.
- ¡Eso lo veremos! ¡Furia de león!
Atalanta corre hacia él y comienza a atacarlo con sus garras. Ikarus esquivaba cada uno de sus ataques con facilidad, pero poco a poco su furia logró que aumentara su velocidad y en un ataque roza la armadura, dejándole unos arañazos, a lo que Ikarus da un paso atrás y con su brazo izquierdo lanza un rayo, enviando a Atalanta hacia atrás.
- ¡Te derrotaré de una manera u otra! ¡Furia de león! –corre nuevamente hacia Ikarus.
- Eres una estúpida. Por tu tonta venganza has renunciado a la única oportunidad que tenías de ser perdonada e ir a los Campos Elíseos, el paraíso de los héroes. Hubieras aceptado tu castigo como tal, así la señora Artemisa te hubiera perdonado, pero ahora, irás a alguno de los infiernos. Desaparece con la luz divina… ¡Fiat Lux!
Ikarus levanta sus brazos y luego los extiende a sus costados, expandiendo una esfera de luz que también envuelve a Atalanta, quien solo grita por unos instantes. Cuando la luz se disipa, Atalanta había desaparecido. Ikarus siente una cosmoenergía moviéndose.
- Esa cosmoenergía, se ha acercado demasiado al templo de la señora Artemisa, debo apresurarme.
Acto seguido, Ikarus se dirige al templo de Artemisa.
En el templo de Artemisa, Tesseus estaba vigilando la entrada a los aposentos de la Diosa, cuando ve la figura de una mujer entrando por la puerta del templo. Caminaba en una manera muy calmada y sensual, como si ese lugar fuera suyo. Tesseus le ordena detenerse, pero no lo hace. Entonces, lanza un rayo con su mano derecha, pero pasa a través de ella.
- ¡Bah! Una ilusión –dice mientras comienza a recorrer todo el lugar con la mirada.
- No temas a las ilusiones de Medea. A veces son mejores que la realidad –dice mientras aparece una y otra vez alrededor del Tenshi.
- Paso, no me gustan las farsas.
- Vamos corazón, no te hagas el difícil –se acerca a él y lo toma de la barbilla.
- ¡¡BASTA!! –grita Tesseus rabiosamente.
- ¡Ja ja ja! ¡Pero qué hombre tan insensible resultaste!
Tesseus cierra los ojos, su cosmoenergía comienza a brillar y una espada aparece en su mano derecha. Era una espada forjada por diamantes de un guardia que había sido asesinado por Medea momentos antes. Abre los ojos, pero su mirada era diferente, se veía vacía y su cosmoenergía se sentía más agresiva que antes.
- Estúpida, no juegues con fuego porque te quemarás las manos –sonríe maquiavélicamente.
- ¿Qué dijiste?
Tesseus realiza un movimiento rápido con su brazo derecho y lanza la espada hacia una pared, clavándola. Se escucha el grito de Medea, quien aparece con la espada atravesada en su pecho, sangre brotaba por la herida y por su boca. Las demás imágenes de Medea desaparecen. Tesseus se acerca a ella y la mira fijamente, sonríe.
- Jugaste con la mente equivocada, preciosa. Ahora, si me disculpas…
Tesseus saca la espada de un golpe, Medea cae al suelo de rodillas, intentando decir unas palabras, pero su propia sangre la ahogaba. El Tenshi levanta la espada para darle el golpe de gracia, pero entonces es enviado hasta el otro lado de la habitación por un rayo. La espada cae al lado de su víctima.
- ¡¡Medea!!
- Mi… señor… Jasón… -tose repetidamente escupiendo sangre.
Jasón se acerca a ella y la sostiene en sus brazos.
- Mi querida Medea, ¿por qué te adelantaste sin mí? –lágrimas brotan de sus tristes ojos.
- Jasón… yo quería entregarle la cabeza de la Diosa como un regalo, pero he fallado. Cumpla… con… la misión…
Medea exhala por última vez y fallece. Jasón grita el nombre de su amada. Tesseus se levanta después del ataque recibido y observa con extrañeza la escena. Jasón recuesta a Medea y se levanta, sus manos estaban manchadas de sangre de la mujer que alguna vez cruzó con él los mares pasando por un sin fin de aventuras en la época del Mito. Voltea a ver a Tesseus.
- Asesinaste a mi reina, ahora yo te mataré a ti y a tu señora también.
- Eso quiero verlo –sonríe confiadamente.
Jasón se acerca a la espada que estaba tirada, la toma y la empuña fuertemente. Entonces corre hacia su oponente y le lanza varias estocadas, Tesseus las esquiva difícilmente, entonces da un salto hacia atrás, en el aire utiliza una de sus técnicas:
- ¡Hilos de Ariadna!
Varios hilos estaban por cubrir a Jasón, pero este los corta con la espada. Entonces Jasón desaparece y aparece frente a Tesseus, le da un golpe en el rostro y rápidamente realiza un movimiento con la espada y corta parte de la armadura, también le hace una cortada en el brazo derecho. Entonces en su mano izquierda concentra su energía y lanza un rayo que envía a Tesseus al suelo. Iba a clavarle la espada en el pecho a Tesseus cuando dos rayos lo golpean, uno provoca que suelte la espada y el otro que choque contra una pared. Se levanta y alza la mirada. Eran los dos Tenshis que faltaban: Ikarus y Oddyseus.
- Así que llegaron los otros dos que han acabado con mis mejores guerreros –dice Jasón mientras se levanta.
- ¿Guerreros? ¿Así le llamas a la horda de perdedores que intentaron llegar hasta aquí? –dice Oddyseus en un tono irónico.
- Has llegado muy lejos, Jasón. Pero aquí es donde termina tu camino. –dice Ikarus poniéndose en posición de batalla.
- ¿Quién me detendrá? ¿Ustedes, acaso? Los tres juntos no podrán contra mí.
- Eso lo veremos –dice Tesseus.
Ikarus, Tesseus y Oddyseus se lanzan al ataque. Oddyseus le lanza un puñetazo que Jasón esquiva moviéndose a un lado y justo cuando tenía a Oddyseus frente a él, le da un golpe en la nuca que lo lanza al suelo. Tesseus lo iba a atacar por la espalda, pero Jasón rápido voltea y le da un codazo en el rostro que lo envía hasta una pared. Ikarus venía frente a él y le lanza una patada, pero Jasón la detiene colocando su antebrazo izquierdo. Rápidamente toma a Ikarus de la pierna con su otro brazo y lo azota contra el suelo. Jasón salta hacia atrás y queda en medio de los tres, quienes se levantan con dificultad y dolor. La espada de diamante vuela rápidamente hasta las manos Tesseus por medio de la telepatía.
- ¿Eso es todo lo que tienen? ¿Qué pasó con su habladuría de que me iban a detener y no sé qué más? No son más que un puñado de palabras.
La cosmoenergía de Oddyseus brilla en rabia, entonces concentra su energía en sus manos y se prepara para realizar su ataque.
- Grrr… Maldito… ¡Lux Ignis Annullare!
Un rayo candente se dirige hacia su enemigo.
Ikarus levanta su brazo derecho al cielo y el izquierdo lo coloca hacia Jasón. Su cosmoenergía comienza a resplandecer.
- ¡Toma esto! ¡Armaggedon!
Cientos de meteoros caen del cielo, pasando a través del techo de cristal del templo de la luna en dirección a Jasón.
Tesseus toma su espada con la mano derecha y la pone horizontalmente frente a él. Colora su mano izquierda sobre ella, cierra los ojos su cosmoenergía lo ilumina, pasa su mano izquierda por la espada, lo que hace que brille con una gran luz.
- ¡Air Explotion Edge!
Rápidamente mueve su espada en dirección a su oponente y un rayo de luz sale de ella.
Los tres ataques llegan hasta su objetivo y provocan una tremenda explosión que crea una gran nube de polvo. Cuando ésta se dispersa, los tres miran asombrados. Jasón seguía en pié y sin ningún rasguño.
- ¡¿Pero qué demonios?! ¡Esa explosión debió haberlo destruido! –grita Oddyseus.
- Es increíble, no tiene ningún rasguño su armadura –dice sorprendido Tesseus.
- Soy más poderoso que ustedes. Admitan su derrota y quédense como lo que son: simples mensajeros.
- Somos mensajeros de los Dioses, un rango que nunca en tu vida podrás tener. No eres más que un gusano que quiere ser Dios. Pero seamos honestos. Aunque logres derrotarnos a nosotros, jamás podrás tener el poder de los Dioses –replica Ikarus.
Jasón sonríe confiadamente.
- ¿Acaso saben ustedes lo que son los Kameis?
Los tres guerreros quedan sorprendidos.
- Por lo visto, lo saben. Bien, planeo hacerme de mi propio Kamei utilizando la sangre de Artemisa. Así mataré dos pájaros de una pedrada.
- Tonto. No lograrás tocarla porque está protegida por su escudo divino –le dice Tesseus.
- ¿Escudo divino? ¿Te refieres a esa barrera que poseen los Dioses que provoca que todo ataque hacia ellos sea reflejado? ¿Bueno, por qué crees que los puse a dormir? –sonríe confiadamente- En sus sueños, los Dioses son vulnerables.
- Aún si logras obtener la sangre de un Dios, no será suficiente para obtener tu Kamei. Necesitas otros materiales –dice Oddyseus.
- ¿Materiales como… éstos? -Jasón saca entre sus ropas una pequeña bolsa de piel- Oricalco, oro y polvo de estrellas, tengo los materiales que son necesarios para un Kamei.
Los tres tenshis quedan sorprendidos. ¿Cómo era posible que supiera todo eso?
- Sí, muchachitos, las leyendas se escuchan por todas partes. En la época del mito ocurrió el milagro en que simples armaduras de bronce se volvieron armaduras divinas. Y ese milagro fue repetido recientemente en el inframundo. Eso fue lo que nos despertó y, sabiendo esto, ¡yo obtendré mi Kamei y así conquistaré el Olimpo! –ríe eufóricamente.
Los tres guerreros se lanzan hacia Jasón. Jasón recibe a Tesseus de frente con una patada en el pecho con su pierna derecha que lo lanza lejos. Rápidamente, mueve la pierna hacia atrás, inclinándose un poco hacia delante para no perder el equilibrio y le da una patada en la barbilla a Ikarus que lo eleva. Jasón se levanta nuevamente y rápidamente mueve su brazo derecho y toma a Oddyseus del cuello cuando estaba a punto de golpearlo y con todas sus fuerzas lo lanza hacia Ikarus que estaba cayendo al suelo y ambos son arrojados a un muro. Se queda de pie, mirando como sus oponentes caen al suelo. Entonces toma la espada de diamante y la clava en el suelo. Justo cuando iba a ver donde había caído Tesseus, recibe un golpe en la mejilla derecha por parte del Tenshi. Pero inmediatamente toma a Tesseus del brazo y lo lanza también en dirección de sus camaradas, cayendo cerca de ellos.
- ¡Estúpidos! ¡Sientan mi grandioso poder! –Jasón coloca sus manos a sus costados, su cosmoenergía brilla con gran intensidad y dos esferas azules aparecen en sus manos- ¡Marejada Mortal!
Jasón junta sus manos hacia el frente y un potente rayo azul sale de entre sus manos y golpea a los tres Tenshis, rompiendo el muro del templo y cayendo los tres a un costado del mismo. Los tres guerreros se levantan con dificultad entre la polvareda creada por el muro al ser destruido.
- Es… muy… poderoso… -dice Tesseus.
- Debemos unir nuestros poderes en uno solo –dice Oddyseus.
- ¿No viste cuando atacamos todos y su armadura no sufrió ningún rasguño? –replica Ikarus.
- En ese momento nuestras energías no fueron una sola. Sí, lo atacamos al mismo tiempo, pero no fue un solo poder. Tenemos que unirnos –responde Oddyseus.
- ¿A qué te refieres exactamente? –dice Tesseus.
- ¿No lo sienten en sus armaduras? Hay un poder en ellas que podemos hacer nuestro y que es más grande que cualquiera que haya sentido antes –dice Oddyseus.
- Es extraño… es como si una historia apareciera en mi mente, pero no entiendo –dice Ikarus.
- Préstale atención a lo que dice… -dice Tesseus.
- Hace eones, cuando los Dioses dominaban al mundo sin la existencia de los humanos y los Titanes intentaron escapar por primera vez y lo lograron, los Dioses se unieron para derrotarlos y desterrarlos al Erebo. Desafortunadamente y por un giro inesperado del destino los Titanes comenzaron a tomar ventaja. Zeus, Hades y Poseidón, los Dioses más viejos idearon un plan para derrotarlos. Ya que los Dioses separados no podrían contra todos los Titanes, los tres Dioses mayores y sus hijos unirían todas sus fuerzas y crearían un ser con el poder de todos juntos y así lo hicieron. Crearon un hombre al que llamaron Olimpo en honor al monte en el que vivían. Este guerrero al poseer el poder de todos los Dioses en sí mismo, logró derrotar con facilidad a los Titanes y los arrojó al Erebo de donde habían salido –les cuenta Oddyseus.
- No hay registro alguno de ese relato, pero por alguna extraña razón siento que es verdad –le dice Ikarus.
- Es porque los Dioses, al ver el potencial de este guerrero, tuvieron miedo de que algún día se rebelara contra ellos y lo convirtieron en poder puro, cosmos infinito. Así que lo dividieron en tres partes iguales, asegurándose de que nunca se supiera esto –continúa Oddyseus.
- ¿Tres partes iguales? ¿Te refieres a…? –dice Tesseus, entendiendo lo que Oddyseus le quiere decir.
- Sí, nosotros tres somos la esencia de Olimpo. Su poder yace dentro de estas armaduras, dentro de nosotros –les dice Oddyseus-. Debemos tomar ese poder y unirlo de nuevo, sólo así podremos derrotar a un guerrero como Jasón, un héroe de la época del Mito.
Jasón sale a través del agujero creado por los Tenshis.
- ¿Y bien? ¿Están listos para morir?
- Tú serás el que desaparecerá –dice Tesseus. Voltea a ver a sus camaradas-. ¿Están listos?
Ambos Tenshis asienten con la cabeza.
- Este será mi último ataque –cierra los ojos y enciende su cosmoenergía. Esta vez era algo distinto, su poder se incrementaba cada vez más. Era algo enorme, mucho más allá del poder del 7mo sentido. Se sentía un poder cercano a la divinidad. Ninguno de los Tenshis tenía ese poder por sí mismo. Su energía estaba a tope. Entonces abre los ojos.- ¿Están preparados para… qué es eso?
Jasón ve a los tres Tenshis en una posición extraña. Oddyseus se encontraba con la rodilla izquierda al suelo y sus manos hacia enfrente. Tesseus estaba al lado de Oddyseus, pero con su rodilla derecha al suelo y también sus manos hacia enfrente. Ikarus se encontraba detrás de ellos con sus manos hacia su oponente. Sus cosmoenergías crecían cada vez más. Se unían en una sola cosmoenergía inmensa.
- No importa lo que intenten, no me derrotarán –coloca sus manos hacia los Tenshis, todo su poder se concentra en ellas, es algo casi imposible de contener-. ¡Mueran! ¡Maremoto Mitológico!
Varios rayos salen de las manos de Jasón y se convierten en uno sólo de poder descomunal que se dirige hacia los Tenshis.
- ¡Por los Dioses del Olimpo! –exclama Ikarus.
- ¡Hagamos el milagro! –grita Oddyseus.
- ¡Cosmos infinito! –grita Tesseus
“¡¡GRAN EXCLAMACIÓN OLÍMPICA!!”
De los tres Tenshis emana una esfera que va creciendo mientras destruye todo a su paso. Absorbe el ataque de Jasón sin ningún problema y a él también. Ocurre una explosión que hace cimbrar al Olimpo entero. La explosión es vista en la Tierra, pero pocos fueron testigos de tal espectáculo de luces parecido a la aurora boreal.
Hay un silencio sepulcral. La luz creada por la explosión desaparece. Ikarus, Oddyseus y Tesseus están sin energías, todo su poder lo juntaron para realizar esa técnica suprema, la técnica desaparecida por los Dioses. Todo alrededor de los Tenshis estaba destruido. El pasto había desaparecido por completo, al igual que algunos árboles. La explosión llegó incluso a derrumbar otro muro del templo de la Luna.
Después de que la nube de polvo se dispersa, los tres Tenshis ven con un asombro extremo que su técnica devastadora no había surtido efecto por completo sobre su oponente: ¡Jasón seguía en pie!
- Ustedes… malditos… ¡Tenshis! –dice Jasón quien apenas se puede mantener en pie. Su armadura estaba totalmente destrozada y sólo tenía partes de ella en su cuerpo.
- ¡No puede ser! ¿Qué acaso este tipo es inmortal? –dice Oddyseus sin poderse levantar, estaba muy débil.
- Me habrán derrotado, malditos… pero sé que ustedes están igual de débiles que yo, así que me llevaré a alguno conmigo.
De entre sus ropas saca una pequeña daga dorada y la lanza hacia Ikarus, quien con sus últimas fuerzas, logra rápidamente girar sobre su costado derecho y tomar la daga.
- Ya me tienes harto. ¡Vete al demonio!
Ikarus lanza la daga hacia su dueño, llegando directamente a Jasón, clavándose en su pecho y lanzándolo al suelo, muerto.
- Al fin. Parecía que nunca se iba a morir ese tipo –dice Oddyseus.
- Poseía algo que lo hacía excepcional: era un creyente. Cuando uno cree fervientemente en una causa, hace lo imposible –replica Tesseus.
- Aunque a final de cuentas, nuestro deseo fue mayor al suyo y por eso logramos derrotarlo. Estuvimos cerca –dice Ikarus mientras deja caer sus brazos, exhausto.
A lo lejos, se escuchan los gritos de los centauros proclamando la victoria sobre los Argonautas. Muchas vidas se perdieron. Todos los guerreros de Jasón fueron derrotados, decenas de centauros murieron también. El escenario era una imagen difícil de mirar: decenas de cuerpos sin vida, litros de sangre derramada y armas causantes de tanta destrucción esparcidas por todo el lugar. Al final era una victoria. Pero una victoria agridulce.
Los Dioses poco a poco comenzaron a recobrar conciencia, el sueño en el que habían sido sumergidos había terminado. Al salir y ver la escena estaban sorprendidos de que tal caos había ocurrido y sin que se hubieran dado cuenta de algo.
Ikarus, Oddyseus y Tesseus se encontraban en el suelo durmiendo a causa del agotamiento de la batalla de sus vidas. Artemisa se despierta y ve el caos en su templo. Sorprendida, sale de él y ve a los tres mensajeros divinos en el suelo. Se dirige hacia ellos y los ve dormidos. Tras ella, llegan Apolo, Hefestos, Eris y los demás Dioses. Ven la destrucción alrededor de ellos.
- Esta destrucción… debieron haber utilizado la técnica que había sido borrada de los anales de la historia –dice Apolo.
- ¿Cómo habrán descubierto esa técnica? –pregunta Hefestos.
- Lo más importante es… ahora que la conocen, ¿la utilizarán contra nosotros cuando se enteren de la verdad que hay en ellos? –dice Eris.
- Creo que lo mejor es no tocar el tema y ver qué sucede. Después de todo, lo hicieron todo por protegernos. Los tres poseen un gran poder y a final de cuentas es para nuestro servicio. Debemos mantenerlo así. Ahora, llevémoslos a que se recuperen de sus heridas. También hay mucho qué hacer en este lugar –dice Artemisa.
Los Dioses utilizan su energía y desaparecen a los Tenshis, transportándolos a sus aposentos. Entonces, todos cierran sus ojos y utilizando su infinita cosmoenergía, comienzan a arreglar todos los desastres del Olimpo. Los bosques son restaurados, los campos limpiados de la sangre derramada. Las armas y los cuerpos de todos los guerreros caídos desaparecen en el limbo. El Olimpo recupera poco a poco su esplendor. Los sátiros y las ninfas ayudan en la labor de embellecimiento ofreciendo su energía a los Dioses.
Una semana después…
Ikarus, Oddyseus y Tesseus se encuentran en el pico más alto del monte Olimpo, viendo el ocaso. El aire fluía en forma de una brisa relajante. Sus heridas de batalla habían sanado por completo, sólo quedaban algunas cicatrices… y sus recuerdos.
- Hoy se cumple una semana desde que luchamos contra aquel guerrero –dice Ikarus.
- No sé ustedes, pero me siento extraño. Desde esa ocasión, siento que un gran poder fluye en mi cuerpo –dice Tesseus.
- Esa técnica… es similar a la técnica prohibida que utilizan los caballeros dorados de la orden de Athena –comenta Oddyseus.
- Al parecer, alguno de los dioses presentes en la época del Mito le dijo a los humanos cómo realizar la técnica, pero su poder debía ser superior a los 6 sentidos para que fuera efectiva. Athena vio como sus caballeros dorados la realizaron en una batalla y la prohibió al creerla injusta –dice Ikarus.
- Creo que… nuestro trabajo como Tenshis del Tenkai ha comenzado oficialmente. Y la verdad, no creo que nos envíen a una misión juntos, sabiendo la destrucción que podemos causar –dice Tesseus.
Los Tenshis ven como el sol se oculta cada vez más, el aire se va enfriando, las estrellas comienzan a iluminar la bóveda celeste. De repente, una lluvia de estrellas provee de un espectáculo natural pocas veces visto. Todos en el Olimpo disfrutan de esta belleza. Ikarus se da media vuelta y se aleja de sus compañeros. Mientras camina, dice unas palabras para sí mismo que nadie logra escuchar:
- Los Dioses… nos tienen miedo.