Este fue uno de mis primeros fics (si no es que el primero)... lo escribí hace años para entrar a una comunidad de Saint Seiya (que no diré el nombre para no hacer publicidad a otro foro... creo que eso va contra las reglas
Bueno, el caso es que el fic lo creé para "obtener" mi armadura. La historia se desarrolla en la siguiente guerra santa, en el año 2189... los 5 de bronce recibieron la técnica del Misopethamenos como recompensa por su labor en la lucha contra los dioses y deben de buscar a sus sucesores en la siguiente generación...
Espero les guste... y, dependiendo de la respuesta, pondré la continuación donde obtuve otras armaduras
Esta historia la escribí en primera persona, las demás en narrativa (la verdad, escribir en primera persona es MUUUY difícil jejejeje pero a la vez emocionante porque te metes en la misma
Bien, sin más demora, aquí les dejo: la historia de Seiryuu de Andrómeda (con una imagen que hice para el mismo jejejeje)
***
Mi nombre es Seiryuu, nací un 5 de Febrero en la ciudad de Veracruz, México. Hijo de padre Japonés y madre Mexicana. Mi familia poseía muchos bienes materiales y mi padre era de las personas más influyentes de todo el estado.
Desde niño siempre fui apegado a mi madre, ella era la persona más valiosa para mí. Cuando contaba con tan solo 10 meses de edad, aprendí a caminar y cuando tuve 1 año aprendí a hablar. Poco tiempo después, mi mamá me enseñó a leer y me obsequió en un cumpleaños mi primer libro: “Los Dioses Mitológicos del Olimpo”. Mi vida era lo que todos consideraban normal hasta que un día, leyendo mi libro, en el cual había una imagen del Olimpo, vi como el dibujo de la Diosa Atena me sonrió. Al ver esto, sentí una energía cálida y me asusté, así que cerré mi libro y corrí con mi niñera, Alana, que estaba al teléfono llorando. Al preguntarle qué tenía, me dijo que mis padres ya no iban a volver, porque habían tenido un accidente automovilístico. Yo no comprendía la gravedad de la situación hasta que vi a mis padres en sus ataúdes. Al pasar las semanas, mis padres habían dejado todos los bienes de la herencia a mí, pero como yo apenas contaba con 2 años de edad, dejaron como albacea a mi tío, quien me despojó de todos mis bienes y me dejó a mi voluntad, en la calle, únicamente con el libro que me había regalado mi madre.
Al pasar los años y yo contando con 7 años de edad, estuve vagando por las calles, pidiendo limosna a la gente que pasaba, hasta que un día un señor alto, de cabello color verde (con muchas canas) y piel de un color muy claro se acercó a mi, pequeño e indefenso y solo contaba con una ropa rota y mi libro de mitología griega. Me tomó de la mano y me dijo “tranquilo, ven conmigo. ¿Sabes? Alguien de infinita sabiduría tiene planeado para ti algo especial”. Al decirme eso, sentí algo cálido en él, su mirada irradiaba paz y tranquilidad, lo que hizo que sin dudarlo me fuera con él. Además, detrás de él pude ver una figura femenina, parecida al dibujo de la Diosa Atena que estaba en mi libro.
Una vez que me fui con él, tomamos un avión rumbo hacia Etiopía. Me dijo que en ese lugar existía una isla en la que había vivido él hacía muchos años, pero que fue destruida. Yo le pregunté que cómo había sido destruida y él solo se limitó a responder “alguien con una cosmoenergía infinita la destruyó”. Yo no comprendía el término cosmoenergía, pero él me dijo que me lo explicaría más adelante. Durante el viaje, le pregunté su nombre, él me dijo que lo llamara maestro, ya que eso es lo que iba a ser para mí durante los próximos años. No preguntó mi nombre, porque me dijo que ya lo sabía, a lo que me quedé extrañado, pero no lo cuestioné más. Me dijo que descansara, ya que esa iba a ser la última vez en muchos años que iba a hacerlo tan tranquilamente. Al escuchar eso, sentí temor, pero en seguida logré calmarme, ya que de nuevo sentí que emanaba de él una energía cálida y sentí que me protegería.
Cuando bajamos del avión, me llevó hacia el mar; en mi ciudad natal existe el mar, pero no era como el de Etiopía, se sentía diferente. La temperatura de este era más alta y los colores que tenía eran más brillantes que el de Veracruz. Una vez que admiré la belleza de ese mar, mi maestro me tomó la mano y me llevó a abordar un bote con rumbo a una isla que apenas se veía en el horizonte. Le pregunté que como se llama la isla y me dijo que su nombre es la isla de Andrómeda.
Al desembarcar, sentí un calor impresionante, la temperatura de la isla era muy alta, apenas y lograba soportarla. Yo sentía que me iba a desmayar, así que volteé a ver a mi maestro y vi que estaba tranquilo, como si la temperatura no fuera tan alta. Ni una sola gota de sudor derramaba. Me sorprendí y le pregunté el por qué era que no sudaba ni se agotaba con esta temperatura, a lo que me respondió: “antes te dije que viví en una isla igual a esta. Viví en esa isla por varios años, lo que me ayudó a acostumbrarme a la altas temperaturas, no te preocupes, Seiryuu, eventualmente tú también te acostumbrarás”. Al escuchar sus palabras, me sentí mejor y con ánimos de seguir adelante.
Una vez que recuperé mis fuerzas, mi maestro me mostró la isla. En realidad, la isla de Andrómeda no es muy grande, en el centro de ésta hay una pequeña laguna de donde tomamos agua; cerca de ahí hay un área rocosa donde me dijo que íbamos a entrenar diariamente; a un costado de ese lugar, está el lugar donde íbamos a dormir, era una casa pequeña, rústica, elaborada de madera, dentro de ésta, había dos camas, una para mi maestro y otra para mí. Una vez que terminó de mostrarme la isla, me dio mi ropa de entrenamiento. Consistía en un pantalón y una playera de manta (la tela más fresca y barata), además de una hombrera. Una vez que me puse mi ropa, de un cofre que había al lado de una de las camas sacó dos protecciones para los antebrazos, lo extraño de éstos era que tenían unas cadenas, en el brazo derecho tenía una cadena que terminaba en una punta triangular y en la mano izquierda una cadena que terminaba en una punta circular. Le pregunté el objetivo de las cadenas y me explicó que la armadura de Andrómeda es la única armadura de todas las de bronce que cuenta con cadenas para utilizarlas en batalla.
Cuando terminó de explicarme, se puso una ropa parecida a la mía y también tenía cadenas en sus brazos. Salimos y una vez que dimos un par de pasos afuera de la casa, me empezó a lanzar golpes. Yo me sorprendí y traté de esquivarlos todos, pero poco a poco me fui cansando y llegué al punto en que me dio una patada y me lanzó al suelo. Lloré por el dolor que me causó esa patada, pero mi maestro se acercó a mí y me dijo firmemente que me levantara, le hice caso, pero las lágrimas seguían saliendo de mis ojos. Mi maestro se arrodilló y limpió mis lágrimas, me dijo que yo era igual a él cuando tenía mi edad, que le desagradaban los enfrentamientos y cada vez que alguien lo agredía su hermano lo protegía, pero cuando llegó a la isla de donde entrenó, tuvo que empezar a protegerse él sólo y que yo debería de hacer eso, porque mi destino es ser un caballero de Athena. Yo le pregunté el por qué decía que mi destino era ser un caballero y él me respondió que la Diosa Athena se le apareció en un sueño el día que yo nací y le dijo que debía encontrarme y entrenarme, ya que yo había nacido bajo la constelación de Andrómeda y yo estaba destinado a ser su sucesor como protector de la Diosa. Las palabras que me dijo me hicieron entrar en razón, dejé de llorar y le pedí que continuáramos con mi entrenamiento, a lo que él accedió y volvió a lanzarme golpes, los cuales seguí esquivando; esta vez, logré esquivarlos todos.
La primera noche que estuve en esa isla, el frío era igual de extremoso que el calor. La temperatura era demasiado baja y yo me estaba congelando. En un momento de la noche, llegué a pensar en rendirme, que no lograría convertirme en caballero y cuando estaba a punto en entrar en estado de hipotermia, sentí una energía muy cálida, creí que era la de mi maestro, pero no, era de alguien más, se sentía como un abrazo, el abrazo de una madre. Esa energía logró calmarme y pude al fin conciliar el sueño.
Al pasar lo meses, mi maestro siguió enseñándome a combatir cuerpo a cuerpo y en una ocasión, me llevó a una roca enorme y me dijo que la destruyera con mi puño. Yo le dije que eso era imposible para mí y me dijo que para los caballeros nada es imposible, que ellos son capaces de partir el cielo con sus puños y destruir la tierra de una patada. Le pregunté que cómo era eso posible y me dijo que me iba a explicar lo que era la cosmoenergía. Me dijo que el universo fue creado por el big-bang, y todo estaba formado por átomos, incluyéndonos a nosotros y que dentro de estos átomos existía la energía de la creación y que el lograr utilizar esa energía era la base de la cosmoenergía: utilizar el poder del cosmos de tu interior. Intenté romper la roca en más de una ocasión y mi puño siempre fue el que estaba a punto de romperse. Hasta que en una ocasión, logré elevar mi cosmoenergía y pude destruirla. Pasaron más de 2 años para que mis habilidades físicas se hubieran incrementado. Una vez que mi maestro vio que lo había logrado, decidió pasar a la siguiente fase de mi entrenamiento: utilizar las cadenas.
Al principio, cuando me dio la noticia, pensé que me iba a enseñar a pelear utilizando las cadenas, pero no, llegó con un libro de física (de muchísimas páginas, por cierto) y me lo dio. Me dijo que el pelear con las cadenas no consistía en simplemente lanzar las cadenas y ya, sino que uno debe de medir su fuerza, ya que lanzarla de una manera errónea puede volverse mortal. Y vaya que es cierto, una vez que leí el libro por completo, me mostró como lanzar la cadena. Cuando intenté lanzarla, al llegar a su longitud máxima, la fuerza con la que la había lanzado fue muy fuerte y se regresó contra mí, clavándoseme en una pierna. Mi maestro me curó las heridas y me dijo que lo siguiera intentando. Poco a poco lo fui logrando, hasta que logré destruir rocas con la cadena. Una vez que logré destruir rocas con la cadena, me dijo que estaba listo para comenzar a aprender las técnicas de las cadenas de Andrómeda.
La primera técnica que me iba a enseñar se llamaba “Nebula Chain”. Me explicó que las cadenas que yo traía en mis brazos eran parte de las cadenas de Andrómeda, lo que las hacía especiales, ya ellas poseían una energía propia. Entonces la técnica Nebula Chain consistía en utilizar la energía concentrada en la cadena triangular para lanzarla con una fuerza increíble, a la vez que al incrementar mi cosmoenergía al mismo tiempo que la energía de la cadena, ésta se multiplicaba para atacar a mis contrincantes. Cuando terminó de explicarme en qué consistía la técnica, me mostró el poder del ataque Nebula Chain. Al observar a mi maestro ejecutar esa técnica, quedé sorprendido de lo que los caballeros podían lograr, era sorprendente el ver como las cadenas se movía a una velocidad increíble, parecían haces de luz que salían de la mano de mi maestro. Comencé mi entrenamiento para dominar la Nebula Chain. Demoré 1 año en dominarla a la perfección. Tanto mi poder físico como mi cosmoenergía se habían incrementado considerablemente, fue cuando mi maestro me enseñó mi siguiente técnica.
Al principio, mi maestro me pidió que lo atacara con mi Nebula Chain, yo lo dudé por un segundo, ya que no tenía adoptada ninguna postura de combate. Como notó que dudé me dijo que no lo pensara mucho y que lo atacara, que iba a estar bien, así que lo hice. Al atacarlo, levantó su brazo izquierdo (donde tenía su cadena circular), gritó “Rolling Defense” y rápidamente la cadena circular formó una espiral alrededor de él, protegiéndolo de todos los ataques de mi Nebula Chain. Una vez que terminó de mostrarme esa técnica me explicó en qué consistía el Rolling Defense. Me dijo que al contrario de la cadena triangular, cuya energía está enfocada al ataque, la energía de la cadena circular está enfocada a la defensa, así que al unir mi cosmoenergía con la energía de la cadena circular, debo enfocarla para que me proteja y la cadena lo hará. Tenía mis dudas sobre si lo lograría, pero mi maestro tenía plena confianza en mí, así que intentaría hacerlo.
En mis primeros intentos, la cadena al girar se enredaba alrededor mío y me dejaba inmóvil, pero mi maestro con una sonrisa en el rostro siempre me desataba y me decía que lo volviera a intentar. Para lograr dominar esa técnica, demoré 1 año, y mi examen final de esa técnica consistió en que mi maestro me atacó con la técnica de Nebula Chain mientras yo ejecutaba el Rolling Defense. Al principio, mi técnica estaba deteniendo todos los ataques de mi maestro, pero poco a poco fueron incrementando de velocidad, así que incrementé mi cosmoenergía para lograr que la cadena girara con mayor velocidad. Llegué a un momento en que sentí que mi cosmoenergía estaba a punto de explotar, fue cuando mi maestro cesó en sus ataques y me felicitó por haber logrado aprender la técnica de defensa.
Dejó que descansara un par de días después de haber logrado dominar al 100% la técnica de defensa para que pudiera comenzar a enseñarme la última técnica de las cadenas: el “Thunder Wave”. Me pidió que, mientras el me daba la espalda y con los ojos vendados, me escondiera en alguna parte de la isla y que no hiciera ningún ruido. Me preguntaba el objetivo de que me pidiera eso, pero como era una orden de mi maestro, la acaté sin cuestionarlo. Me dio solo 10 minutos para ocultarme, así que me fui a una cueva cerca del centro de la isla. Cuando terminó de transcurrir el tiempo, no pasaron ni 5 segundos cuando vi que la cadena triangular de mi maestro estaba en frente de mí. Quedé sorprendido, así que salí de la cueva y observé la trayectoria de la cadena, parecía un relámpago, la cadena estaba en forma de zig-zag. Fui con mi maestro y le pedí que me explicara como utilizar la técnica. Me explicó que la técnica de Thunder Wave consiste en unir mi cosmoenergía con la energía de la cadena triangular, pero en vez de enfocarla en un ataque directo, debo expandir mi cosmoenergía para sentir el poder de mi oponente, por más lejos que esté, ya que la cadena triangular posee esa habilidad: de buscar al oponente no importa que tan lejos esté. Debo decir que esta técnica fue la más difícil de las 3 que aprendí, ya que demoré 2 años en dominarla, en especial porque el sentir la presencia de tu oponente a pesar de la distancia es muy difícil, ya que uno debe expandir su cosmoenergía. Al final, mi maestro se ocultó lo mas lejos que pudo, pero logré encontrarlo utilizando el Thunder Wave.
6 años después de haber llegado, mi maestro me dijo había aprendido las técnicas del caballero de las cadenas y solo restaba pasar una prueba más: el sacrificio. Le pregunté en qué consistía la prueba y me dijo que el aspirante a la armadura de Andrómeda debe estar atado con cadenas a una roca y lograr liberarse antes de que la marea lo ahogue. Cuando me explicó en qué consistía la prueba, le pregunté el por qué de ésta y me contó la historia de la princesa Andrómeda: “La hija de Cefeo, rey de Etiopía y de Casiopea, la reina de los hermosos cabellos, se llamaba Andrómeda y fue atada en las costas de Etiopía para ser comida por el monstruo marino a fin de poder expiar así unas palabras imprudentes y vanidosas que había proferido su madre. Pues ella se había vanagloriado en varias ocasiones de ser más hermosa que todas las Nereidas, y éstas, celosas, le pidieron a Poseidón que las vengara de tal insulto. El dios, para complacerlas, envió un monstruo que asolaba todas estas tierras de Etiopía. El monstruo devoraría a la princesa Andrómeda, ya que el oráculo de Amón predijo que sólo su sangre podía apaciguar al monstruo… Esa es la razón por la que tú, como aspirante a la armadura de Andrómeda, deberás estar atado con cadenas, de la misma forma que la princesa estuvo atada”. Cuando me contó la historia, sentí temor, un temor que no sentía desde la primera vez que estuve en esa isla, pero de nuevo, esa energía cálida que sentía cada vez que dudaba, me envolvió y me dijo que todo saldría bien.
Al día siguiente, por la tarde, mi maestro y yo fuimos a una playa donde había unas piedras que tenían incrustadas unas cadenas. Mi maestro comenzó a atarme de pies y manos a las piedras y cuando terminó, me miró a los ojos y observé esa mirada dulce que inspiraba paz y tranquilidad y me deseó buena suerte. Se alejó y desde la playa me observaba y veía como la marea subía poco a poco. Las horas pasaban y yo trataba de liberarme, pero mientras lo intentaba con más fuerza, las cadenas se tensaban más. Estuve en ese forcejeo durante varias horas, hasta que la marea me llegaba al cuello. Poco a poco la marea me estaba cubriendo por completo y llegué a un punto en el que sentí que jamás me libraría, fue ahí cuando el cosmos cálido que siempre sentí me habló y me dijo: “Seiryuu, yo soy la Diosa Athena, te he estado observando y protegiendo todos estos años, no te rindas ahora que estás tan cerca, eleva tu cosmos como lo has hecho antes”. Cuando dijo eso, me sentí con ánimos nuevamente y elevé mi cosmos, al hacerlo, sentí como las cadenas se iban aflojando poco a poco, así que lo elevé cada vez más. Estaba perdiendo el aliento, no podía respirar porque el agua me había cubierto por completo, así que con mi cosmos, creé una corriente en forma de espiral, así, mientras me estaba liberando de las cadenas, alejaba el agua de mí para poder respirar. Seguí elevando mi cosmos y la corriente de aire giraba cada vez más rápido. Cuando llegué al límite, las cadenas que me sujetaban se rompieron y yo salí volando por los aires debido a la corriente de aire que creé. Caí cerca de mi maestro, quien corrió hacia mí, me levantó y me llevó sobre sus hombros a donde estaba la armadura de Andrómeda. Ésta estaba en una cueva rodeada de cadenas que impedían la entrada a cualquiera. Cuando llegamos ahí, mi maestro me felicitó por haber pasado la prueba y haber adquirido la última técnica del caballero de Andrómeda que él me podía enseñar: la “Nebula Storm”. Me puse de pié y caminé hacia la armadura, al irme acercando, las cadenas se fueron quitando de mi camino y cuando llegué a la caja donde estaba guardada la armadura, la abrí y la armadura se fue colocando en mi.
Una vez con la armadura puesta, se acercó mi maestro y me dio un abrazo. Se sentía como el abrazo de un padre, ya que él lo fue para mí durante 6 largos años. Él siempre estuvo a mi lado, entrenándome y dándome ánimos para seguir. Llegué a amarlo, sí, a amarlo tal como un hijo ama a su padre.
Cuando terminó de abrazarme, se apareció ante nosotros una mujer que resplandecía con una luz cegadora, a la vez que emanaba una energía llena de amor. Vi que mi maestro se arrodilló ante ella, así que hice lo mismo. Se reveló ante nosotros como la Diosa Athena y que había llegado hasta la isla de Andrómeda para aceptarme como su guerrero. Dicho esto, tocó mi hombro, alcé la mirada y vi su rostro, me estaba sonriendo. Al verla, no pude contener las lágrimas de felicidad por estar a su servicio, así que ella me dijo que no llorara, que todo estaba bien y ya debía regresar al santuario. Una vez que dijo esto, desapareció tal y como llegó, quedé sorprendido y admirado por la belleza de la Diosa a la que ahora estaba protegiendo.
Pasaron 2 días desde que obtuve mi armadura y, estando mi maestro y yo en la playa, me preguntó que qué era lo que deseaba hacer. En mi mente pasó la idea de regresar a mi tierra, a Veracruz, pero fue entonces cuando mi maestro me dijo estas palabras sabias:
“¿Cómo retomas el hilo de una vieja vida? ¿Cómo es que sigues, sabiendo que tu corazón ahora está en otro lugar? Hay heridas que el tiempo no sana, pero uno debe de seguir adelante”
Cuando dijo esto, estuvimos unos minutos en silencio, admirando el mar de Etiopía. Después de 6 años, le pregunté el nombre de la isla en la que él había entrenado, él me dijo que había entrenado en la isla de Andrómeda. Le recordé que me había dicho que la isla donde entrenó había sido destruida y que como era posible que esta isla se llamara igual. El me respondió que cuando se enteró que la isla había sido destruida, le hizo una promesa a una amiga suya de reconstruir la isla y que con ayuda de la Diosa Athena, lo logró.
Al día siguiente, yo debía partir de esa isla a la que había aprendido a querer y respetar. Mi maestro me acompañó a tomar el barco, pero antes de hacerlo, le pregunté su nombre, ya que en estos 6 años nunca me lo había dicho. El me respondió: “mi nombre es Shun, antiguo caballero de Andrómeda. Mi labor como caballero terminó hace muchos años, pero la Diosa Athena me encomendó buscar a mi sucesor en la armadura de Andrómeda”. Terminó de decir eso y nos abrazamos y despedimos, tomé mi barco y partí sin rumbo fijo.
1 año ha pasado desde que terminó mi entrenamiento y he viajado por todo el mundo, continúo entrenando para volverme más fuerte y ser un digno protector de la Diosa Athena. Sigo esperando su llamado a combatir por ella, pero mientras tanto, continuaré con mi viaje…