CITA
¿Por qué importa todavía una corta y rápida guerra que ocurrió en Medio Oriente hace 40 años? Porque árabes e israelíes, y el resto del mundo, todavía viven con las consecuencias.
La Guerra de los Seis Días, en junio de 1967, fue una victoria extraordinaria para Israel y una derrota humillante para los árabes.
El Estado judío, creado menos de dos décadas antes, destruyó las fuerzas armadas de Egipto, Siria y Jordania en sólo seis días. O en las palabras de un escritor árabe, la destrucción fue "más rápida que lo que toma encender un fósforo".
Israel demostró su destreza militar y, de un golpe, aumentó significativamente el territorio bajo su control, capturando el desierto del Sinaí, la Franja de Gaza, las Alturas del Golán, Cisjordania y, en un acto de enorme importancia simbólica, Jerusalén Oriental, unificando su ciudad santa.
La Guerra de los Seis Días, en junio de 1967, fue una victoria extraordinaria para Israel y una derrota humillante para los árabes.
El Estado judío, creado menos de dos décadas antes, destruyó las fuerzas armadas de Egipto, Siria y Jordania en sólo seis días. O en las palabras de un escritor árabe, la destrucción fue "más rápida que lo que toma encender un fósforo".
Israel demostró su destreza militar y, de un golpe, aumentó significativamente el territorio bajo su control, capturando el desierto del Sinaí, la Franja de Gaza, las Alturas del Golán, Cisjordania y, en un acto de enorme importancia simbólica, Jerusalén Oriental, unificando su ciudad santa.
- LA GUERRA Y EL PANARABISMO:
La guerra cambió dramáticamente el paisaje de Medio Oriente, de una forma que sólo se hizo evidente gradualmente.
Primero, le dio un golpe fuerte, quizás mortal, al Arabismo: el sueño de un sólo Estado árabe unido, que se extendiera desde el Atlántico hasta el Golfo.
Pero también fue un golpe para su paladín, el carismático presidente egipcio Gamal Abdel-Nasser.
El Arabismo persistió como sentimiento, pero la guerra de junio lo redujo a su mínima expresión.
Muchos consideran que la derrota de los árabes marcó el principio del "renacimiento islámico" en la región, con los islamistas tomando la bandera de las manos de quienes consideraban como nacionalistas árabes desacreditados.
- ISRAEL Y ESTADOS UNIDOS:
Segundo, la guerra cambió la relación entre Israel y Estados Unidos.
Con el presidente Dwight D. Eisenhower en los '50, las relaciones de los estadounidenses con el joven Estado judío habían sido más bien frías. Su principal proveedor de armas era Francia, no EE.UU.
No obstante, tras la guerra de junio, con la decisión del presidente Lyndon B. Johnson de armar a los israelíes con aviones de combate F-4, la relación empezó a convertirse en la asociación estratégica que conocemos hoy en día.
- LA OCUPACION:
Tercero, la guerra tornó a Israel en una fuerza de ocupación, que gobierna a más de un millón de palestinos.
Con el tiempo, la opinión israelí se empezó a polarizar entre quienes pensaban que quedarse con los territorios era bueno o malo.
Quienes proponen la "profundidad estratégica" alegan que el Israel de antes de 1967 era más difícil de defender que un estado que tenía el Sinaí, Cisjordania y el Golán como espacio amortiguador.
La facción pacifista israelí, en contraste, argumenta que la presencia militar en los territorios, que contienen una población palestina furiosa y resentida, es tan corrosiva para los invasores como para los invadidos.
Señalan que entregar territorios tras una negociación beneficiaba tanto a los israelíes como a los árabes.
- LOS INTENTOS DE PAZ:
Cuarto, la guerra cambió fundamentalmente la naturaleza del conflicto árabe israelí y el carácter de las negociaciones de paz en la región.
Desde ese momento, la esencia de cualquier acuerdo pasaría por el intercambio de tierra por paz. Si Israel devolvía los territorios, los países árabes tendrían que aceptar vivir en paz con el Estado judío.
Esa idea fue plasmada en la resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU en 1967, que se convirtió en la base de los futuros esfuerzos por conseguir la paz.
- LA SITUACIÓN HOY:
40 años más tarde, Israel ha entregado dos de los territorios que conquistó en 1967: el desierto del Sinaí, que le devolvió a Egipto como parte de los acuerdos de Camp David de 1978; y la Franja de Gaza, que pasó a manos de la Autoridad Nacional Palestina después del retiro unilateral de Israel en 2005.
Israel mantiene su presencia en Cisjordania y las Alturas del Golán y se refiere a Jerusalén como su "capital indivisible y eterna".
Ha pagado un costo político por hacerlo. Dos intifadas o levantamientos palestinos, a finales de los '80 y en 2000, demuestran que el común de los palestinos está muy lejos de reconciliarse con la idea de una ocupación israelí de largo plazo. Y los reclamos de pertenencia de terrenos en disputa han contribuido a la erosión del apoyo internacional a Israel, por ejemplo en Europa.
Algunos israelíes también le temen a lo que ahora se conoce como la bomba de tiempo demográfica: la idea de que eventualmente habrá más árabes que judíos en los territorios que Israel controla.
Ese fue uno de los factores que llevó al primer ministro Ariel Sharon a tomar la polémica decisión de retirarse unilateralmente de Gaza en 2005.
Aunque escurridizo, el acuerdo tierra-por-paz sigue siendo la meta de la diplomacia en la región.
LA ONU: MUCHAS RESOLUCIONES, POCAS SOLUCIONES
Seis meses después de terminada la Guerra de los Seis Días en 1967, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas elaboró meticulosamente una resolución que serviría de guía a las partes en conflicto para llegar a un acuerdo.
Esa resolución, la 242*, ha sido parte central de las negociaciones, desde los acuerdos de Camp David, en 1978, hasta los de Oslo en 1993 y la Hoja de Ruta propuesta en 2003 por Estados Unidos.
La resolución 242, aceptada de forma unánime por el Consejo de Seguridad el 22 de noviembre de 1967, estableció principalmente el "retiro de las fuerzas armadas israelíes de territorios que ocuparon durante el reciente conflicto".
También llama a la "terminación de todas las situaciones de beligerancia o alegaciones de su existencia, y respeto y reconocimiento de la soberanía, integridad territorial e independencia política de todos los Estados de la zona y su derecho a vivir en paz dentro de fronteras seguras y reconocidas y libres de amenazas o actos de fuerza".
Desde su aprobación, no obstante, el verdadero alcance de este texto ha sido objeto constante de controversia dada la ambigüedad de su redacción.
Las diferencias semánticas en los textos de las versiones en inglés y francés no dejan claro si la resolución exige a Israel una retirada parcial de los territorios ocupados o si exige, por el contrario, un retiro total de todos los territorios ocupados en la guerra de 1967.
En 1976, Lord Caradon, entonces embajador del Reino Unido ante las Naciones Unidas y arquitecto de la resolución 242, le dijo al Jornal de Estudios Palestinos que "mucho se ha dicho respecto al hecho de que no hicimos mención a 'los' territorios o a 'todos los" territorios, pero esa omisión fue deliberada".
"Yo conocía perfectamente los límites fronterizos antes del '67 por lo que incluir en el texto 'los' territorios o 'todos los' territorios en esa resolución hubiese perpetuado esos límites y eso era algo que nosotros ciertamente no estábamos preparados para recomendar. Los límites antes de la guerra del '67 eran solo unos límites acordados bajo un cese al fuego".
"Lo que dejamos claro", añadió Caradon, "fue el principio de que ningún país puede hacerse de un territorio simplemente por el hecho de conquistarlo. Debe haber un retiro 'seguro y reconocido'. Solo puede haber seguridad si se es reconocido".
Las ambigüedades de la resolución 242 se hicieron evidentes en 1973 con la Guerra de Yom Kippur [también conocida como la Guerra de Octubre, o la de Ramadán] en la cual Egipto, Jordania, Siria e Irak pretendieron regresar a los límites previos a la Guerra de los Seis Días.
Los vetos de Estados Unidos
El resultado de esa guerra, además de que Israel logró conservar los territorios ocupados en el '67, fue la resolución 338* en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que llamó a un cese el fuego entre las partes y revalidó la resolución 242 como el camino para lograr la paz en el Medio Oriente.
A partir de la resolución 338, el Consejo de Seguridad no ha tomado ninguna medida significativa para solucionar el conflicto, lo cual ha sido principalmente gracias a la influencia que Estados Unidos -aliado cercano de Israel- ha tenido en el organismo decisorio.
Cuando otros miembros del Consejo han presentado resoluciones como respuesta a las diferentes crisis que se han presentado en la región, Estados Unidos ha utilizado siempre su poder de veto a favor de Israel.
Desde 1967, sólo lograron aprobarse de forma unánime tres resoluciones que hacen referencia a la retirada de Israel.
La segunda fue la 465* en 1980, que condenó como ilegal cualquier intento de Israel por alterar los territorios ocupados y declaró los asentamientos judíos en territorio árabe como una violación de la Convención de Ginebra.
En esa ocasión, el gobierno de Jimmy Carter descalificó luego su voto a favor de la resolución, explicando que se trató de un error de comunicación de su cuerpo diplomático; dejó claro que Estados Unidos se oponía al texto en su versión final.
Pero en 1990, la resolución 681* reafirmó los principios de la resolución 465, expresó su preocupación por las acciones del gobierno israelí en los territorios ocupados e instó a los países firmantes de la Convención a asegurarse que Israel respetara los principios de la misma.
Al carecer de elementos operativos, Washington no tuvo problema en apoyarla y así romper su patrón de oposición en el Consejo.
La Asamblea General, por su parte, ha tenido un rol más activo en el conflicto y anualmente expide resoluciones llamando al retiro de las tropas israelíes de los territorios ocupados.
Sin embargo, al no ser sus resoluciones vinculantes, su significado es ante todo simbólico. Israel, que ha rechazado todas las resoluciones de este organismo, acusa a la Asamblea General de ser pro árabe y no lo considera un foro justo -mucho menos apropiado- para buscar soluciones al conflicto.
Buscando nuevos caminos para lograr que Israel cumpla con las resoluciones, en 2003 la Asamblea General le solicitó a la Corte Internacional de Justicia en la Haya que evaluara la legalidad de la construcción de un muro divisorio en los territorios ocupados, algo que para muchos expertos de Naciones Unidas constituía una anexión de facto.
En 2004, la Corte Internacional declaró como ilegal la construcción del muro, fallo que no ha sido ni aceptado ni implementado hasta el día de hoy por el Consejo de Seguridad.
RESOLUCIONES
*RESOLUCIÓN 242 DEL CONSEJO DE SEGURIDAD(1967). Aprobado por unanimidad, el texto exigía el retiro de las fuerzas armadas israelíes de territorios que ocuparon durante el reciente conflicto, así como la terminación de todas las situaciones de beligerancia o alegaciones de su existencia, y respeto y reconocimiento de la soberanía, integridad territorial e independencia política de todos los Estados de la zona y su derecho a vivir en paz dentro de fronteras seguras y reconocidas y libres de amenazas o actos de fuerza.
*RESOLUCIÓN 338 DEL CONSEJO DE SEGURIDAD (1973) Aprobada 14-0, con abstención de China, llamo a la implementación inmediata de la resolución 242, llamó a un cese al fuego y la terminación de toda actividad militar en la zona.
*RESOLUCIÓN 465 DEL CONSEJO DE SEGURIDAD (1980). Aprobado por unanimidad, el texto destacaba que cualquier medida israelí por alterar los territorios árabes ocupados sería ilegal. Consideraba que los asentamientos de colonos israelíes en territorios ocupados violaban la Convención de Ginebra.
*RESOLUCIÓN 681 DEL CONSEJO DE SEGURIDAD (1990). Expresó la preocupación del Consejo por las acciones israelíes en territorios árabes ocupados y exhortó a los países signatarios de la Convención de Ginebra a asegurarse de que Israel respete los principios de la Convención. Los 15 miembros del Consejo votaron a favor del documento.
