Primera parte: Sanctuary
Capitulo primero: De regreso al santuario.
Por Leonore Thompson
Advertencia: Burlas/parodias/homenajes/alusiones a algunos elementos de la cultura pop. Algo de Fuera De Personaje.
«Creo que debí haber elegido el cielo o los océanos», pensó Hades.
No le molestaba el hecho de que le pidieran favores, le fastidiaba que allá arriba hicieran las cosas y las decidieran, para después, simplemente, informárselas, cuando ya todo estaba decidido y no había nada que hacer al respecto. Debería estar acostumbrado a no ser tomado muy en cuenta por los dioses habitantes del Olimpo, por no pasar mucho tiempo conviviendo con ellos, pero aun le incomodaba que, en definitiva, el fuese el ultimo en enterarse de las cosas y que los demás dioses lo trataran de «infantil» o «amargado» cuando quería reclamar. Con Persefone no había tenido muchos problemas, de echo, el único problema le surgió cuando ella reclamo que había sido secuestrada por su tío, cuando en realidad ambos se habían puesto de acuerdo en la hora y lugar de «su desaparición».
Sin embargo, desde el surgimiento del feminismo, los derechos humanos, la libertad de culto y la educación para todos, los problemas se le acumulaban a el y sus jueces, y allá arriba argumentaban que el mundo cambiaba junto con el humano. No era lo mismo mandar a un griego de la antigüedad que un griego moderno, mucho mas educado.
Sin ir mas lejos, la semana pasada había llegado un griego ateo y, al recibir la condena, el había argumentado que era ateo y era ilógico ser juzgado en un infierno creado hace mas de dos mil años, donde matar a un hijo no era censurado. Ante sujetos como estos, Hades había habilitado una zona llamada «Campo de la nada», donde no había absolutamente nada y los ateos podían quejarse de estar rodeados por sujetos igualmente de deschavetados y nihilistas.
Aunque, por otra parte, los cambios lo habían beneficiado, en el aspecto de que ahora tenia un buffet de abogados que ya le gustaría poseer a al líder de alguna empresa internacional, monopolista y corrupta. Juristas de varias nacionalidades, para muertos del mundo entero. Incluso, esa ventaja lo había llevado hacer alianzas con otros infiernos, para dejar callados a los excesivamente inteligentes.
— Bien, señor Hades, ¿Qué les contestamos? —dijo Radamanthis, impaciente, interrumpiendo la meditación de Hades, quien, al ser rey del Aveno, tenia harto tiempo para pensar y maquinar cosas.
Hades le lanzó una mirada baga.
— Disculpa, ¿en que estábamos?
— Estábamos en la respuesta que dará a la carta enviada por su hermano esta mañana —contestó el hermano del ex soberano de Creta, tranquilamente.
— Ah… Di que no.
Radamanthis lo observó tranquilamente, para después reposar su mirada en el pergamino que tenia entre sus manos.
— Sin embargo, acá su hermano señala "no aceptare un no como respuesta, Hadi-Chan"— recalcó el juez, posando su dedo sobre una caligrafía que deseaba bastante que desea, y tratando de no reír por el diminutivo que el Rey de los cielos le había puesto a su hermano.
— Di que no —Hades mantuvo firme en su decisión, y fingió no haberse percatado de la sonrisa que Radamanthis reprimía— y argumenta que no entendiste muy bien el mensaje y, por lo tanto, me lo leíste mal, creyendo que la posdata decía "espero que tu decisión sea la correcta y respete el equilibrio natural de las cosas".
— Sin embargo, el usara a su favor que usted no es analfabetic —argumentó Radamanthis, quien había tenido, en más de una ocasión, que suavizar las cartas de reclamo de Hades hacia Zeus.
— Di que ya me he olvidado de leer griego antiguo.
— Pero señor —protestó el juez—, esta escrito en griego moderno. Y más encima adjunto una traducción en inglés.
— Lindo e irrelevante detalle —contestó, frunciendo el ceño,
Por primera vez, en mas de mil años de servicio, Radamanthis estuvo a punto de ver el limite entre la paciencia del señor del Aveno y la más terrible zona de tortura del tártaro.
— Lo… Lo que usted diga —murmuró el juez, haciendo una reverencia, aún con la nota en su mano.
Se puso de pie y caminó hacia la salida del salón del trono, pero, ya cerca de esta, sintió la voz de hacer que lo llamaba.
— Radamanthis, deja la carta acá antes de marcharte.
El aludido regreso sobre sus pasos.
«Maldito sea… —pensó—. Que le hayan jodido el día, no quiere decir que todos estemos dispuestos a que nos lo arruinen a nosotros»
Obviamente, por su bien, disimuló bastante bien este pensamiento.
— Tenga, mi señor —dijo el, extendiéndole la carta, sin mostrar dignos de molestia o enfado.
Hades no se movió siquiera. De hecho, no hizo el más mínimo intento por tomar la carta. Se quedó mirando a Radamanthis desde su trono, ubicado en lo alto de una escalinata compuesta por cuatro escalones.
— ¿Que te hace pensar que me moveré? —le preguntó Hades, sin mostrar el más mínimo asomo de emoción.
El espectro de Wybern, por su parte, no hizo nada: bueno, casi nada, en realidad.
Subió la escalinata y le extendió la mano a Hades lo más respetuosamente posible que pudo.
Hades, con una irritable lentitud, tomó la carta con su mano derecha.
— No te muevas —dijo, abriendo la carta, fijándose en la caligrafía (y ortografía, todo hay que decirlo) de Zeus, primero, y después leyendo el mensaje enviado aquella mañana por el soberano del olimpo.
«Querido ermanito (1): Lamento mucho lo de tu derrota pero tanbién te quiero recordarte que no eres el único…»
— Las cartas, entre familiares, son una muestra de aprecio y cariño —dijo Hades, tranquilamente—. ¿Como es posible que mande una misiva con algo como «te quiero recordarte»? —preguntó, señalando con su dedo aquel GRAN error de redacción.
— No lo se, señor, su hermano no tiene la costumbre de escribir sus misiva —recordó el juez.
— Bueno, eso explica su caligrafía, su redacción y su ortografía –se quedo en silencio unos instantes–. ¿Tú crees que me quiera mucho?–añadió, frunciendo el ceño, en un gesto que pareció de intriga.
Radamanthis de Wybern miró a Hades unos instantes, sin saber que responder, y, recordando las palabras: «Las cartas son una muestra de aprecio y cariño», terció.
— Eh… Bueno… Quien le escribe las cartas normalmente es una musa o el mismo Hermes– contesto.
Hades volvió con su lectura, tratando de no mostrarse ofendido por la respuesta del juez.
— Es increíble que ese bueno para nada engendre hijos inteligentes–añadió Hades, tratando de parecer tranquilo.
Radamanthis se quedó en silencio unos instantes… Bueno, en realidad los dos se quedaron callados unos momentos.
— Si pensó que me convencería haciendo ese esfuerzo —murmuró Hades, de repente—, se ha equivocado. Aparte, si quiere obtener algo de mi no tendría que ofenderme de esa manera, recordándome la humillación que me dio mi sobrina.
— Siempre lo hace —recordó Radamanthis, con la espalda recta, y las manos detrás—, y creo que es una forma de apoyarlo.
Hades le lanzo una mirada penetrante. «¿Apoyarme? Trata de no hacerme reír, por favor», fue la forma en que el juez la tradujo.
Hades, por su parte, miró brevemente a Radamanthis antes de continuar con su lectura, como si nada hubiese salido de los labios del juez.
«…Aca Poseidón y Ares se quejan que Athena los bensio injustamente pero no me pondré a jusgar a mi niñita de los hojos. Con respecto a los santos quisiera que Athena volviese a tener su orden completa...»
— Una cosa es apoyarme y otra es humillarme–dijo Hades, frunciendo ligeramente el ceño, dejando, por ahora, de lado los errores de Zeus–. Es indignante que me incluya en la lista de incompetentes. Yo, al menos, le cause muchos problemas a Athena. Eso me lo tendría que reconocer.
— Eso demuestra que no esta acostumbrado a negociar.
Hade sin siquiera lo miró.
— Ocurre que el se ha acostumbrado a hacer su voluntad. Obligar a las personas para que le den las cosas.
— E insistir hasta obtenerlas.
Hades se quedó en silencio y miró a Radamanthis.
— Explícate.
— Pienso que, más que darse por vencido, le enviara más notas como esa.
Hades miró la nota, despectivamente, alejándola un poco de él, como si fuese una bomba a punto de estallar.
«…eso incluye a cabayeros como Afrodita, Canon, Camus, Máscara Mortal, Saga y Shura»
— Es decir, que quiere toda la mierda de regreso al Santuario — dijo, involuntariamente, Radamanthis, despectivamente ante los últimos cuatro nombres señaladosmencionados. Sólo un idiota olvidaba la humillación que Canon le había hecho sentir, y el disgusto que esos cuatro les habían causado. Al menos, en esta oportunidad, tenian que reconocerle a Zeus la inteligencia para haber escrito los nombres de los caballeros en orden alfabético.
Hades lo miró en silencio unos instantes.
Finalmente, dejó la misiva sobre el faldón de su túnica y, sin previo aviso, golpeó al juez en el estomago, tan fuerte que este se alejó unos pasos de él, con la respiración entrecortada, encogido y abrazándose la cintura
— No quiero que te expreses nunca más así… Al menos en mi presencia —dijo, y tomó nuevamente la carta— . Si no supiera que Poseidón exigiría la resurrección de sus caballeros, accedería… —se quedó unos instantes en silencio— . Radamanthis —dijo, poniéndose de piel— , llama a Minos y dile que traiga lápiz y papel, para redactarle una carta a mi hermano. Mientras tanto, asegúrate que Eaco vaya a la superficie y compre un libro llamado «Gramática griega para idiotas» (2), o algo que se le parezca.
— ¿Algo mas, señor?
Hades se rasco detrás de la oreja con gesto distraído.
— Si, que tenga cuidado de quitarle el precio al libro. Es de mal gusto regalar algo y que el destinatario se entere de cuanto gastaste.
El bar «Caos» era grande y, curiosamente, discreto, lo suficientemente alejado de bulla como para que dos dioses tuvieran una conversación sin que nadie se inmiscuyese. A esas horas, pese a ser las doce del día, era increíble cuanta divinidad se podía juntar, y sin tomar en cuenta la diferencia cultural existente entre otro panteón y otro. Porque las diferencias culturales estaban reservadas para mortales, no para dioses.
Cerca del mesón, sentados cada uno en un taburete, había dos hombres. Eran hermanos y de eso no cabía la menor duda, pero, por alguna extraña razón, uno de ellos trataba de disimular ese detalle. Este era guapo, aunque no tanto como su hermano, y tenía en una mano un vaso con agua, el cual no se animaba a probar por ningún motivo.
— Anda, Hadi-Chan —dijo, por enésima vez, suplicante, Zeus—. Sólo necesito una palabra —
añadió, zamarreando un poco a su hermano, lo suficientemente fuerte como para que la mitad del contenido del vaso diera contra el rostro del dios japonés vecino.
— Jamás —contestó firmemente el señor del inframundo, al mismo tiempo que la divinidad oriental le lanzaba un (no tan cordial) saludo a Rea (3)
— Pero no puedes ser tan malo —añadió Zeus, con una media sonrisa.
Hades lo miró implacable, decidido a no cambiar de parecer.
— Querías una palabra y te la he dicho. No, y punto final. Nunca he resucitado a un muerto, y no comenzare ahora.
Zeus llamo a la bar man, decido a inclinar la balanza de la fortuna a su favor.
— Bastet, tráeme una botella de vodka y dos vasos.
— Mejor trae tres —dijo una voz a la derecha de Hades, quien la identifico como la de su equivalente Egipcio.
— ¿Tu hermano bebe también? —le preguntó Anubis a Zeus, sin prestarle mucha atención a la presencia de Hades.
Como respuesta, el menor de los hijos de Rea y Cronos se encogió de hombros.
— No sabia que te habías vuelto el representante divino de los alcohólicos anónimos —añadió, mostrándole a Hades sus colmillos en una mueca, ignorando la ambigua respuesta de Zeus—. ¿O es que acaso la derrota contra Athena te empujo al vicio? —se rió en cara del dios griego del Aveno—. Por lo que puedo obserbar, Una mujer te ha empujado al trago y no has tenido la cortesía de agradecerlo…
Zeus hizo una mueca de dolor. Un comentario así era capaz de enervar hasta al más tranquilo, y Hades podia serlo en exceso, pero eso no queria decirlo que premature que lo ofendieran así como así.
Hades se alejó un poco de Anubis, ya que su aliento, sinceramente, apestaba.
— Aleja tu hocico de mi, perro —le dijo en voz queda.
Anubis dejó de reírse y emitió un gruñido.
— Chacal y la boca te queda donde mismo, perdedor —contestó el dios egipcio.
Hades se quedó en silencio, mirando a Anubis.
— ¿Revivirás a esos sujetos si o no? —preguntó Zeus, aprovechando que la atención de su hermano mayor estaba fijada en “otro asunto”
— Si, si, lo que tu digas–contestó Hades.
— Es un trato–dijo Zeus, sonriendo, malignamente complacido—, y recuerda que empeñaste tu palabra en un bar repleto de divinidades.
Se puso de pie y se retiró.
Hades iba a contestarle el insulto a Anubis con uno mucho peor, pero se detuvo al caer en la cuenta de lo que había echo.
— … Mierda…—murmuró.
— ¿Te invito un «terremoto»? —le preguntó Anubis, olvidándose de la discusión, preocupado por la, ahora si excesiva, palidez de Hades.
— N-No… —que le saliera voz, parecía casi un milagro.
— Si no fuera porque eres un dios, diría que desearías morirte… —observó Anubis, cuya preocupación inicial se había desvanecido para dar paso a una sonrisa sardónica y cruel.
Hades le echó una mirada vaga, perdida, desamparada… Lo suficientemente afectada como para provocarle a Anubis algo parecido a un complejo de culpa, pero a menor escala.
Anubis se sentó junto a Hades y le pasó un brazo tras el cuello, y extendió el otro para tomar la botella de vodka del cuello, la cual Bastet había dejado hace unos instantes sin decir nada.
— Ya… Hadi-Chan —dijo Anubis, tratando de emitir un tono de voz dulce y gentil (que terminó sonando cinico), virtiendo vodka en un baso pequeño y de boca ancha—. No es malo salir de vez en cuando de la rutina… —añadió, dejando de lado la botella y extendiéndole el vasito a Hades, quien, en lugar de recibirlo, tomo la botella y comenzó a ingerir su contenido a sorbos, deteniéndose solo para hablar.
— Mi vida es un infierno…
Anubis, perplejo, extendió el vasito hacia Hades.
— Salud, entonces.
Y ambos hicieron un brindis.
Al momento de abrir los ojos, lo primero que Saga pensó fue que Hades había decidido mandarlo a otro infierno, esta vez muy parecido a Atenas. Tal vez, para torturarlo mostrándole lo que había dejado tirado por haber desafiado a los dioses.
Cuando se percato que tenía a su hermano a su lado, pensó que, efectivamente, estaba en alguna zona del infierno de la que nunca le habían hablado, una peor que el tártaro. Sin embargo, cuando comenzó a reparar en Shion, en Milo y los demás caballeros…
Pensó que, sencillamente, se había terminado de volver loco y estaba delirando. Pero recordó que los muertos no deliraban, solo sufrían en el otro mundo para comprender que eran condenados como medio de expiación por sus actos… Y claro, el sufrimiento eterno era una consecuencia involuntaria, inevitable y muy necesaria para que un castigo fuese efectivo. Ahora, había sujetos que no aprendían nunca y, por lo tanto, eran mandados a reencarnarse para sufrir en la tierra lo que no tardarían sufrir en el otro mundo.
Solo esperaba que el no fuese considerado uno de esos deficientes mentales, aunque el que conservara la edad al morir…
— Mierda… —murmuró.
No tenia la costumbre de decir disparates (de echo, era la primera vez en muchos años que decía uno), pero la situación lo ameritaba.
— Nosotros… —prosiguió, sin mucho animo de completar la frase.
Shion asintió sombriamente.
— Estamos más vivos que muertos —contestó, seriamente, sin el ánimo de parecer gracioso o sarcástico… Bueno, tal vez un poco ofensivo, pero, de todas maneras, estaba sin animo de hacer de payaso.
Milo, por lo visto, no se dio cuenta de este detalle, ya que se río.
— Bien dicho.
Sin embargo, se dejo de reír cuando todos, sin excepción, lo miraron serios como para asistir a un funeral.
— Oh… Parece que perdieron el sentido del humor —comentó Milo, en tono casual, frunciendo el ceño. Desvió la mirada y se quedó contemplando a Aioria y Aioros, abrazados después de tanto tiempo sin verse.
— Mira como has crecido, Aioria —escuchó que Aioros le decía al santo de Leo.
A Milo se le ocurrió una idea. Sonriendo, se acercó al par, demasiado emocionados para darse cuenta de que Milo estaba dispuesto a clavarles su aguijón lleno de veneno.
— Los felicito —dijo en un tono falsa y peligrosamente amable—. ¿Cuántos años han estado separados? ¿Dieciocho años, no?
— Efectivamente —dijo Aioros.
— Comprendo —dijo Milo, dando un paso más hacia el par—. Eso quiere decir que la brecha de edad se ha agrandado, ¿no?
— Explícate, Escorpio —dijo Aioria, frunciendo el entrecejo, preparado para defenderse de cualquier tipo de ataque por parte de Milo.
Sin embargo, no estaba preparado para recibir la —en opinión de Aioria— primera muestra de inteligencia y movimiento neuronal por parte de Milo.
— Aioros —comenzó, respirando profundamente— murió a los dieciocho años (4). Tú, Aioria, pasaste a mejor vida a los veinticuatro años, lo que quiere decir que ahora los papeles se han invertido, ¿o me equivoco?
—Te equivocas/Tienes razón —contestaron al unísono Aioros y Aioria, respectivamente—. ¿Qué dijiste? —se interrogaron, mirándose con el ceño fruncido.
Habían caído en la trampa del escorpión, pero el caballero de oro cayó al suelo, semiinconsciente, por el repentino (pero temible) megapuño de Saga.
— Ustedes dos, compórtense y dejen de darle importancia a las palabras de Milo.
Sobre el grupo de sirvientes de Athena, cayó un manto de prolongado e incomodo silencio, de esos que, de animarte a hablar, si no te dejan como genio te dejan como un verdadero (y gran) deficiente mental.
Así lo percibió Shion, quien decidió romperlo, corriendo el riesgo de ser considerado de lo uno o de lo otro.
— Bueno, marchémonos rumbo a Athena —dijo, dándole la espalda al grupo.
Un automóvil —un mercedes Benz, negro, tan espectacular que seria la envidia de cualquier mortal— paso delante de el, seguido de casi diez patrullas policiales.
— No sé porque algo me dice que nos han revivido y mandado a algún punto de Grecia —comentó Mascara Mortal, con las mismas ganas de Shion para quedar como gracioso.
— Eso si nos han mandado a Grecia —comentó Camus.
— ¿Por qué usan plural cuando le deben agradecer a Hades la segunda oportunidad que se les ha otorgado?–se escucho una voz a espaldas de todos.
Se giraron y, sentado en el borde superior de un muro, vieron al viejo amigo Radamanthys, mirándolos despectivamente.
— ¿Qué haces acá, bro?—le preguntó Canon, adelantándose.
El juez ni siquiera la miró, puesto se su mirada estaba fija en Shion.
— Hades les ha otorgado una nueva vida… —comenzó el juez─. Y no soy tu hermano.
─ Afortunadamente. Porque de lo contrario, tendríamos que soportarnos obligatoriamente los tres ─dijo Saga, seriamente─. Y eso es algo que no estoy dispuesto a soportar.
— Eso ya lo dijiste —lo interrumpió Shaka, ignorando la faseta "humorista" de Saga.
Radamanthis sonrió apenas.
— Tu ingratitud no tiene definición posible.
— Al igual que tu escasez de vocabulario —observó Camus, fríamente.
Radamanthis se bajo del muro, cayendo limpiamente y sin la necesidad de flectar las rodillas para amortiguar el impacto de sus pies contra el duro suelo de asfalto, y no causarse una lesión.
— Ingrato mortal, solo las ordenes de mi señor me prohíben matarte aquí mismo.
— Eso sin mencionar la desventaja en la que te encuentras —añadió Aioria, cerrando sus manos en unos puños que a ninguno, en esta oportunidad, le gustaría recibir en su rostro.
Radamanthis sonrió y le iba a contestar algo a Aioria, pero se escucho la voz de Shion, potente como un rayo.
— Creo que el estaba hablando conmigo —todos lo miraron, pero el no se dejó intimidar por el pánico escénico—. Por lo tanto, no hay motivo por el cual ustedes deban interferir.
Se abrió paso entre los caballeros de oro y plata, quedando frente al Juez.
— En el pasado fuimos enemigos —comenzó el ex santo de Aries–, por lo tanto no estamos en posición de ser amables contigo, de la misma forma en que tu no lo estas con nosotros. Aun tomando esto en cuenta, no permitiré que nadie te ataque. Di lo que has venido a decir y lárgate, que tampoco estoy de ánimos para retener por mucho tiempo a los santos de Athena.
Radamanthis se rió, le dio la espalda a Shion y, de un salto, limpiamente, cayó sobre el borde del muro.
— Ya me olvide de lo que os venia a decir, lo cual significa que no era muy importante.
Y, desapareció.
— Bien —dijo Shion, girando sobre sus tobillos—, ya es hora de regresar al Santuario. Sin embargo, divídanse en grupos que no superen los cinco integrantes —y, percatándose de la expresión de duda en el rostro de todos, añadió—. Un grupo muy numeroso llama mucho la atención. Lo mejor es ser discretos, al menos hasta nuestro arribo al Santuario. ¿Han entendido?
Notas:
(1) Sorry, pero encontré original que un dios tenga falta de ortografía y redacción.
(2) Eso lo saque de un libro llamado "mithology for dummers" (o "Mitología para idiotas")"… Y si, sólo le modifique sólo el titulo.
(3) Rea, en la mitología griega, es la madre de Zeus, Poseidón, Hades, Hera, Hestia y Demeter. (En pocas palabras, Hades fue tratado de hijoputa)
(4) Sí, sé que murió a los catorce, pero como no le creo ni un pelo a Kurumada cuando dice que Saori/Athena tiene trece, le he modificado la edad a todos los caballeros.